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Jerusalem.


En nuestros viajes a Jerusalem, solemos ir mi estimada Esposa Jana y yo, a comer a un lugar llamado Rimon, es un restaurante céntrico en la calle Ben Yehuda, esta al final de esa calle, a mano izquierda, dicho esto, para deleite del propietario y posibles clientes, les explicare lo que me aconteció un día sentados en su terraza, en la cual se puede observar pasar a toda la humanidad, con sus diferentes tipos de habitantes, nos recuerda mucho nuestra ciudad de origen, con la salvedad de que ahí, es el centro del mundo, existen multitud de anécdotas que contar acontecidas en su magnífica terraza, comiendo y observando el planeta, una de las más significativas es esta:

Era un mediodía de verano, sentados en el Rimon, comíamos un delicioso plato Israelí, algo ciertamente difícil, para un paladar acostumbrado a los platos de la cocina española de categoría y sus caldos (vinos) todo ello regado con una fría e inquietante cerveza israelí, que se debatía entre las sombras para conservar su frio, era deliciosa, con nuestra hambre saciada y refrescada, mi querida Esposa y yo, entrabamos en ese estado de relajación post deleite, comentábamos la jugada con un café corto europeo, dato este importante, para nuestro paladar, mientras hablábamos, los comensales que estaban a nuestro lado, se recostaban mas y mas hacia nuestro lado, eran un matrimonio mayor, sonreían cada vez que hablábamos, se miraban y cerraban los ojos, en ese instante de nuestra conversación se dieron la mano, el beso la mano de ella y sonrieron con deleite, en ese instante nuestro vecino de mesa, nos saludo, en un castellano adornado por un acento de Brooklyn, era un saludo de otro tiempo, iniciada la conversación, él y su Esposa, nos contaron su historia e inmediatamente comprendimos su sonrisa y sus ojos cerrados cuando oían nuestras palabras en castellano.

El fue un joven soldado norteamericano, judío, que fue a la segunda guerra mundial, a luchar en Europa, desembarco en Francia, cuando me dijo esto vino a mi mente la película de Spielberg, los combates, la sangre el sudor, el padecimiento, pero él no recordaba eso en ese instante, solo recordaba lo positivo, él solo me recordaba que había aprendido Español, para invadir España y liberarla de la garra fascista y ayudar a todos los judíos de Europa, eso creía él.

La historia fue otra, el era muy joven e idealista, termino en Berlín y por esas cosa de la vida al regresar conoció a su Estimada Esposa, la cual era una joven hermosa judía que había escapado de Europa, en un barco que zarpo de Barcelona, España, casualidad! y su recuerdo cuando partía, era ese idioma, el castellano, que cuando lo escuchaba, se repetía en su cabeza como música y baile celestial, de ahí sus ojos cerrados, escuchando música, música en el Rimon, en Jerusalem, agarrados de la mano , bailando como dos jóvenes, girando y girando, con los ojos cerrados…

Que tarde aquella en el Rimon, en Jerusalem, viendo pasar el mundo, escuchando música celestial, bailando y mirando a mi estimada Esposa.

Iaacov



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