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La España terrorista

FATCHA DE HOMBRE, FATCHA DE LEÓN. Refrán sefaradí.

Tiene quejas George Chaya *de Gema Martín, paladina de la Alianza de Civilizaciones y de Casa Árabe, autora de frases que no quedarán inscritas en el libro de las celebradas citas, de las gozosas referencias para beneficio y feliz aprovechamiento de estudiosos y estudiantes, pero sí impregnadas de cicuta o curare de mal husmo, sólo útiles para herir mortalmente. Clama este hombre por las disertaciones de la funcionaria de Alianza de Civilizaciones y Casa Árabe, en este caso en Beirut, con motivo de un seminario celebrado para dar a conocer ambos proyectos del gobierno del PSOE, asombrado, pasmado por las falacias vertidas durante su desarrollo. Puede considerarse afortunado el amigo Chaya por no haber tenido la oportunidad de oír o leer las que ha ido desgranando esa señora con anterioridad a lo largo y ancho de nuestro País.

Ha aprovechado ahora esta madrileña islamizada, ahíta de manjares, parabienes y abrazos de los miembros de Hizbollá, digo que ha aprovechado las brisas preñadas del perfume de abietáceas cédrides, de pólenes cuyo aroma encaprichó a Schlomo el Sabio, para desabrocharse el bozal y dar rienda suelta a frases como “la denominación de terrorismo islamista es algo no sólo falso, sino perverso”. Cruel oposición sustancial, suprema impotencia, terrorismo verbal. Esto lo dice una intelectual nacida en Madrid, que reside en Madrid, con familia conviviendo con el resto de madrileños que resultaron ilesos en el atentado islamista del 11-M, a los que les resulta difícil, muy difícil, distanciar conceptos como terrorismo e islamista. No es de extrañar, pues, que la intención del amigo Chaya sea decirle a esta señora que sus palabras son también una forma de terrorismo. Y que su acción es tan destructiva como los ataques a las Torres Gemelas, al metro de Madrid, en Yemen, Bali, Afganistán, Pakistán, Rusia, Marruecos, etcétera, todos perpetrados por sus amigos los islamistas, suicidas o no, en espacios públicos muy concurridos con el objeto de hacer el mayor daño posible, en un afán demoníaco de destruir al infiel.

“…no debe utilizarse tal denominación pues luego se derivan comprensiones generalistas que pueden hacer pensar que todo musulmán es sospechoso de caer en el terrorismo”, dice que añadió. Pero nadie había allí para sostenerle la mirada y golpearla con la feliz frase: Todos los musulmanes no son terroristas, pero todos los terroristas sí son musulmanes. Y es que quizás esta señora aún tenga los oídos taponados con el polvo y el hollín de las explosiones que se llevaron por delante a cientos de sus vecinos en Atocha, y ello le haya impedido enterarse de que eran o son musulmanes -da igual la etnia- los autores de tantas y tantas masacres. Ella y sus patronos van a otra cosa. Ya lo denunciaba yo en este mismo espacio, cuando esta profesora envenenaba el ambiente con palabras tales como “Sometemos a los musulmanes a un humillante escrutinio de su normalidad”, con ocasión de una encuesta cuyos datos ponían de relieve que una buena parte de los seguidores de Muhamhad en España se identificaba nítidamente con los terroristas, “con el discurso y las actitudes de los grupos integristas”.

Y es en estos momentos cuando hay que parar y tomar aliento. No podemos estar permanentemente relacionando los actos terroristas que se cometen en el mundo, ni tomando nota de cuántos son los intelectuales, profesores, poetas, escritores, políticos y periodistas, integrantes todos de la segunda división farandulera y esnob, que se agolpan al son de la foto fácil y el eslogan manido. Se hace necesario recapacitar sobre el daño que desde el Gobierno se está haciendo a la opinión pública, impidiéndosele discernir sobre quién es el enemigo y quién no lo es, porque se siguen subvencionando supuestas acciones humanitarias de grupos terroristas, a sabiendas de que se desvían hacia la formación de activistas cuyo único objetivo será la eliminación de Israel, como es el caso más reciente de los textos editados por el Gobierno Balear con destino a las “madrasas” de Gaza y Cisjordania, porque se están utilizando ingentes fondos de nuestros impuestos y del Programa de NNUU para el Desarrollo, direccionados por la Casa Árabe y la Alianza de Civilizaciones, para crear un falso ambiente de buenismo en relación al mundo musulmán, justificándose de forma taimada los ímpetus terroristas que en él se generan por la pobreza, incultura y miseria en que se asienta, señalándose esa pobreza y ese atraso como provocados por Occidente, el Sionismo, EEUU y su “alma máter”, Israel. He dicho.

Haim.



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