
BOCA DE LEY, CORASÓN DE MAMZER. Refrán sefaradí.
Existe una evidente diferencia entre ser paciente y ser indeciso, entre la prudencia y la cobardía. Entrambas tesituras se encuentran los líderes de EEUU, Obama, e Israel, Netanyahu, después de su larguísima y oval entrevista. Obama tiembla de indecisión ante la opinión pública internacional, enviando mensajes de paciencia, y a Netanyahu se le oye castañear ante sus coaligados por el escaso equipaje de vuelta. Ni el uno ni el otro ha sido capaz de definir la reunión –salvando las lógicas reservas diplomáticas-, ni siquiera en los puntos donde hay coincidencias. Ni cisco ni carbón, sino todo lo contrario.
Aunque los dos se necesitan, los discursos son ideológicamente dispares. Obama quiere a su vera a Netanyahu, a fin de restañar las ya viejas heridas diplomáticas ante los árabes moderados, y el israelí precisa al afro-americano para deshacer el nudo gordiano de Irán nuclear; el primero no desea que EEUU vuelva a verse imposibilitado por los fangos medio orientales y para ello propugna el buenismo como solución, Bibi no quiere ser el mentor de un futuro estado palestino. Sin embargo, están obligados a entenderse, porque, hoy por hoy, no es comprensible un mundo sin el tándem EEUU-Israel. Y ello aunque exista un importante escollo para poder siquiera sentarse próximamente a la misma mesa: La negativa del nuevo regidor israelí a la creación de un estado para los palestinos. Que esta postura desdiga los acuerdos tomados hace ahora justamente seis años, significando “la creación del mapa de ruta que lleve a la solución del conflicto israelo-palestino, basado en dos Estados”, no implica que Netanyahu haya mostrado sus cartas respecto a los hechos resultantes en el caso de que esa teoría fuese llevada al terreno de la realidad.
Los equipos de trabajo están de acuerdo en que Irán es la amenaza, sólo difieren en la forma de afrontarla. En tanto que Obama pretende agotar todas las vías diplomáticas para ello, haciendo cada vez más denso el cerco al régimen fundamentalista, Netanyahu necesita solventar el problema urgentemente, dado que Israel es el primer objetivo reiteradamente señalado por los ayatolá. Mientras que Barack insiste en oxigenar el empantanado conflicto apoyando el plan de paz saudí –de doble hoja cortante-, Bibi le responde con un enigmático “dos procesos paralelos y a la vez simultáneos”, reiterando a su vez que la política de asentamientos permanecerá vigente. Muy encontradas están las posiciones, como se ve. Netanyahu a la hora de tomar decisiones debe recordar que Obama considera a Israel un elemento necesario, muy importante, pero no siente especial simpatía por sus moradores.
Haim.
