
UNA ESPERANSA AGIORNADA AFLACA EL CORASÓN, MA CUANDO SE REALIZA DEVIENE ÁRVOLE DE VIDA. Refrán Sefaradí.
Han comenzado las disecciones del discurso de Obama en Egipto, que en realidad han sido dos discursos: uno en Egipto y otro en Francia. Ambos se han tomado como puntos de partida, como inicios de carrera, cuando en realidad, letra arriba, letra abajo, eran imaginados hace tiempo, desde antes de ser elegido 44º Presidente de los EEUU de América. Lo sospechábamos.
Hay una intencionalidad clara en Obama de desmarcarse de la política desarrollada por su antecesor, tanto en el interior como en lo externo, fundamentalmente Oriente Medio. Envía abrazos a los mismos que Bush consideraba reos de odio islámico, odio programado por la Yihad, capaces de acciones como las del 11-S. Mientras Bush consideraba que su papel en la Historia era liderar Occidente en el conflicto entre civilizaciones, Obama ha venido a decir que ninguna situación, por deteriorada que esté, es irreversible. Todo el mundo es bueno, ha insinuado, señalando a Irán, y, con ceño fruncido, “Norteamérica también es musulmana”, a Netanyahu. Lo peor de todo, pienso yo, es que lleva razón. Obama no olvida que el gran error de Napoleón en Rusia fue adentrarse en territorio enemigo desamparando su propia retaguardia. Sabe que los musulmanes norteamericanos se cuentan por millones, así como en Europa. En pocos años y si mantienen el ritmo de crecimiento demográfico -que lo mantendrán-, no les será necesaria acción violenta alguna para deshacerse del sistema operativo de la Civilización Occidental. Bastará con esperar a las elecciones. Votarán. Sus imanes y elegidos en las urnas aplicarán la Sharía, anulando cuantas constituciones hubiera, porque el Islam no puede existir sin territorios. Y puesto que tampoco puede existir sin Yihad, todos los ciudadanos no fieles, ya en minoría, nos convertiríamos automáticamente en ciudadanos de segunda.
Un caso palpable de inminente resolución y sobre el cual, Obama ya ha lanzado sus dardos: Turquía y su ingreso como miembro de pleno derecho en la UE. Setenta y dos millones de musulmanes con un ritmo de crecimiento varias veces superior al de la media de la población europea actual llamando a las puertas de una Europa engolfada en sus ridículas rencillas, en sus infantiles juegos de monopoly. Sarkozy, durante el discurso, ha gesticulado inquieto, nervioso como una damisela ante las requisitorias de su pretendiente, temerosa tanto de acceder como de rechazar de plano. Sarkozy sabe que ese no es un problema cualquiera, sino el problema del siglo.
Mientras tanto, sabiendo esto, podrán buscarse soluciones a los conflictos de Oriente Medio. Una vez conocidos los destinos de Hizbolá y Hamás se podrá abordar el dilema de si fue antes el huevo o la gallina. ¿O es que Obama espera que Israel acepte junto a su cama la existencia de un Estado musulmán en el que un grupo terrorista inculca a sus ciudadanos el odio a lo judío desde que ingresan en las guarderías infantiles?
Por primera vez en las relaciones entre EEUU e Israel, un presidente norteamericano ha hablado de “ocupación”, refiriéndose a los colonos, y de “lucha”, refiriéndose a las actividades palestinas. Ya lo dijimos en otro momento: Israel, para Obama, es un aliado firme contra enemigos definidos, pero no siente especial simpatía por los israelíes. Esto, por ser grave, debería bastar al Gobierno israelí para dar un golpe de timón a las empantanadas negociaciones, tomando la iniciativa. Llegar al mismo destino pero en diferente carro. Parece que Netanyahu tiene ya un plan y lo va a exponer en pocos días. Esperemos que actúe como un líder decidido y no se equivoque.
Haim.
