
EN CADA CASTIYO Y CASTIYÓN HAY SU DOLOR DE CORASÓN. Refrán sefaradí.
Los librepensadores organizados andan últimamente como almas en pena. De vez en cuando son invitados a eventos organizados en loor de su nueva religión, y a ellos acuden sus dirigentes con presurosa diligencia, prestos a fumarolas y fumaradas, a conjuros y aquelarres. Entre cita y cita, los neófitos más cultos y de más recorrido buscan oteros, cerrillos o lomas troncocónicas desde donde arengar a sus simpatizantes. Trastean entonces entre ellos como pollos sin cabeza, buscando asentimientos, complicidad, afinidades y muletas ideológicas para el torpe caminar. Como suele decirse: Los cría Dios y ellos se van juntando.
El pasado día diecisiete se celebraron las segundas jornadas sobre librepensamiento, organizadas por la FAI, en el transcurso de las cuales se vertieron conceptos estereotipados, manidos, sobre el por qué de las religiones y sobre lo que ellos denominan “aplicación terrenal de modelos celestiales”. Han dejado sentado que la situación histórica en que el mundo se debate hoy día viene propiciada por el sempiterno neoliberalismo y el poder abstracto del capital, con la inestimable ayuda del neo-cristianismo, que han provocado un corrimiento en las formas de autoritarismo, haciéndolas más infumables, menos evidentes que antaño. Sin profundizar en las diferencias entre este nuevo y el antiguo cristianismo, ni siquiera tipificarlas, sí ha señalado como evidente su ficticio enfrentamiento con el creciente fenómeno de islamización en los centros urbanos europeos y las sociedades periféricas de Asia y África, como origen de una supuesta lid entre civilizaciones. Han omitido aclarar, aún de pasada, que el cristianismo -nuevo o viejo, floreciente o caduco- y el islamismo nunca han estado en conflicto, porque, como se ha matizado en los discursos, ambas religiones se retroalimentan mutuamente. Salvo en los momentos en que ambas creencias religiosas han sido utilizadas por el poder reinante –civil o militar-, en base a su clara influencia sobre la población, entre el Islam y el Cristianismo las fricciones no han existido. Como se ha dicho en una de las intervenciones, el complejo religioso que crearon no buscaba la sana convivencia entre los individuos, sino el control, la sedación y el adoctrinamiento a través del proselitismo.
En otro momento de arrebato, se ha dicho en estas Jornadas que la religión es política, sin exclusiones. También se ha afirmado que es engaño masivo, ficción mitológica inspiradora de servidumbres voluntarias, aspirante a que se restaure un indefinido feudalismo ideológico, dominado por la censura y el miedo. Todo ello en una extraña sociedad-mercado caracterizada por la uniformidad en el consumo y de sus redes de distribución. Seguidamente, casi sin tomar aliento, el orador se pregunta:¿Damos quizá demasiada importancia al papel de las religiones y de sus corporaciones?, quizás impulsado por los síntomas de que la civilización occidental desembocará en un predominio de la Ética, pero olvidando que el ateísmo, hoy, sólo tiene dos caminos: afanarse en el pulimento permanente de una ética basada en el pensamiento crítico y el acercamiento, ya evidente, a una especie de laicismo republicano, estéril y a ras de tierra. Sus argumentos ateológicos, que han llevado al Ateísmo a transformarse en una religión civil, pretenden únicamente suplantar la influencia religiosa en la sociedad.
Todo el andamiaje dialéctico ha sido construido por estos librepensadores sobre las actividades del Islam y el Cristianismo, evidentemente. Se ha obviado el Judaísmo a fin de no caer en contradicciones. Sólo en los últimos párrafos se rechaza la Torah, pero, eso sí, como “libro único que no tolera a otros libros” y como objetivo de sus futuros mecanismos de ataque. Donde no hay argumentos, caben estupideces.
Haim.
