Mi padre falleció en 1986. Él tenía 75 años, yo tenía 34. Decir que él era un hombre dulce, humilde y poco complicado sería algo evidente. Él no solamente personificaba esos términos, él los definía. Como oficio, el cortaba diamantes; como profesión, él amaba a su familia. Él tenía pocos amigos, menos pasatiempos, y detestaba el primer plano. Él era increíble, pero si te atrevías a decirle eso, la única...