
Preservando la herencia judía de Polonia
Por: Michael Freund
Hace 80 años, más de 10.000 judíos a lo largo de Polonia, se reunieron en Lublin para lo que sería uno de los últimos eventos judíos de gran envergadura, antes del holocausto.
Con representantes del gobierno polaco y la asistencia de las fuerzas armadas, así como de prominentes rabinos y rebes jasídicos, la Ieshivá de los Sabios de Lublin fue inaugurada el 24-25 de junio de 1930.
La masiva estructura de cinco pisos, la cual tenía su propia mikve, panadería y dormitorios, ocupaba tres acres de tierra y fue liderada por el renombrado Rab Meir Shapiro, el visionario que creó el programa de daf yomi, estudio diario del Talmud.
La Ieshivá de Lublin fue una de las grandes academias talmúdicas de la judería polaca. Atrajo estudiantes de lugares lejanos tales como Argentina y Palestina, y su muy demandante currícula estaba orientada a producir graduados del más elevado nivel intelectual, espiritual y moral.
Tan solo nueve años después, sin embargo, la invasión alemana forzó a que la Ieshivá cierre sus puertas, y los nazis la convirtieron en la oficina central de su policía militar. Luego de la Segunda Guerra Mundial, fue tomada por el estado polaco y usada como facultad de medicina, hasta ser devuelta a la comunidad judía en el año 2003.
VISITAR EL EDIFICIO, el cual fue recientemente restaurado, y hoy día acoge a las oficinas y a la sinagoga de Lublin, una pequeña pero vibrante comunidad judía, pero camino por sus salas con un poco de tristeza. Era fácil imaginar cómo los grandes y espaciosos pasillos fueron en algún momento llenados por estudiantes con sus tomos de Talmud en sus manos, o visualizar el ferviente balanceo de jóvenes rezando sus plegarias diarias.
Pero el ruido y el bullicio se han ido hace tiempo, remplazados por un inquietante y desestabilizador silencio.
La mayoría de los estudiantes de la Ieshivá fueron asesinados en el holocausto, dato escalofriante que es demostrado por una exposición fotográfica en el segundo piso del edificio. Una foto tomada en el momento en que la Ieshivá fue inaugurada muestra a masas de hombres que se juntan en la entrada, tomando parte en la extraordinaria ceremonia. Observando la imagen, es desconcertante darse cuenta que la mayor parte de las personas en dicha imagen hayan sido probablemente consumidas por las llamas hace menos de una década.
Sin embargo, a pesar del desgarrador pasado que el edificio evoca, el mismo continúa teniendo un rol vital en la educación de los jóvenes judíos. En mi visita, he visto un grupo de cerca de 57 muchachas de un secundario de Francia, visitando el lugar. Muchas se detuvieron para recitar salmos en frente del Arca Sagrada, mientras que otras oyeron atentamente la explicación del rabino acerca de la gloriosa historia de la judería polaca.
Si hubiese prestado más atención en mis clases de francés del secundario, hubiese podido entender mejor, pero era claro, de acuerdo a la atención que le prestaba el grupo, que la experiencia las estaba marcando.
Este corto encuentro me resumió el porqué es tan crucial que más cosas sean hechas para preservar sitios claves históricos a lo largo de Polonia, tanto para mantener vivo el legado del pasado como para educar e inspirar a las futuras generaciones de judíos y no judíos.
De acuerdo a Monica Krawczyk, gerente de la Fundación por la Preservación de la Herencia Judía en Polonia, la cual se encuentra situada en Varsovia (www.fodz.pl), el país hospeda a más de 1100 cementerios, 200 sinagogas antiguas y otros numerosos sitios.
Algunos de estos, han sido notablemente renovados, tales como la Ieshivá de Lublin y la famosa sinagoga barroca de Lancut, pero muchos más necesitan ser reparados.
En otros casos, muchas antiguas sinagogas e importantes sitios judíos, han sido tomados por las autoridades locales, las cuales han borrado todo pasado judío, sin siquiera colocar una placa o mención de la función que tuvo el lugar. Esto, por supuesto, ayuda a los jóvenes polacos a olvidar la historia de su país y el vital rol que tuvieron los judíos en su momento.
Esto no puede ser permitido. Le debemos esto a aquellos que fueron asesinados, debemos hacer los posible para preservar su memoria y la de las comunidades judías en las cuales vivieron.
En una visita a la ciudad de Przemysl, en el sureste de Polonia, el 22 de junio, participé en una conmovedora ceremonia la cual tenía precisamente esta meta. Una placa de recordación en polaco, inglés y hebreo fue colocada fuera del departamento que sirvió como sinagoga para los 20000 judíos de Przemysl, antes de la guerra, la cual señala la contribución de los mismos al crecimiento y desarrollo de la ciudad.
En la ceremonia, a la cual asistieron el nuevo embajador israelí en Polonia, Zvi Rav-Ner, así como el representante del consulado americano en Cracovia, un miembro del parlamento polaco el cual representa a Przemysl, le dijo al público que no sabía que había existido tan grande presencia judía en esa área, o que el edificio había sido una sinagoga.
Y a pesar de que los judíos constituían alrededor del 30% de la población de la ciudad antes de la guerra, esta modesta y pequeña placa constituye el primer recordatorio público tangible. Esperamos que más recordatorios le sigan.
Dado que alrededor del 60%-70% de la judería askenazí provienen de Polonia, este es un tema que concierne a gran parte de la judería de la diáspora y de la israelí.
Hay muchas cosas que pueden ser realizadas para corregir la situación, desde presionar a las autoridades polacas para recuperar la propiedad judía comunal, hasta ayudar a organizaciones tales como Krawczyk’s a reparar y restaurar varios sitios.
Cualquiera sea el camino que elija, es necesario realizar algo para que algunas de las injusticias realizadas a nuestro pueblo sean corregidas. Obviamente, no podemos cambiar el pasado. Pero podemos – y debemos – hacer justicia.
