
MADRE QUE PARIÓ CULEVROS, SE APIADÓ DE ELLOS. Refrán sefaradí.
Duele horrores tener que leer de nuevo en la prensa carpetovetónica española sobre las gracias de las que unos supuestos miembros de “Breaking the Silence” (sólo uno ha dado la cara) han hecho gala ante las redacciones de esta prensa canallesca. Por supuesto que estas gracias se alardean gracias a la falta de profesionalidad de unos individuos que se dicen periodistas porque les regalaron el título. De otra manera no se explica la aceptación de anónimos, la repetición de textos con los mismos argumentos, pero sin testimonios, sin pruebas, sin ni siquiera caras ni nombres para identificar. Pero ellos se suman al aquelarre, a cualquier orgía, a cualquier sanfermín que le presenten. El caso es que haya sangre, carne donde hendir. Si es judía, mejor. Y si es servida por judíos, mucho mejor.
“El objetivo era llevar a cabo una operación con el mínimo de heridos posible para el Ejército, sin preguntarse siquiera cuál sería el precio para el otro lado”, dicen que dijo uno de los patriotas, añadiendo “No recibimos por instrucción disparar sobre todo lo que se movía, pero en general nos decían: si se sienten en peligro, disparen”. Estas palabras llevan tan mala intención como indicativas son del escaso nivel intelectual del dicente. ¿Qué dirían de los instructores este imbécil, sus papás y hermanos, si en vez de esos consejos le hubieran instruido: “El objetivo es llevar a cabo una operación con el máximo de heridos posible para el Ejército y preguntarse constantemente si los del otro lado se encuentran cómodos”, o “Si se sienten en peligro, no disparen, que podéis dañar a alguien”? El imparcial islamista Djallal Malti, tan pro-Hamás, tan amigo de fundamentalistas, y la inquisitiva (¿lo cogen?) prensa proclive a la moralina, de cualquier modo le sacarían su punta, colocando el consabido chiste en su viñeta y diciendo que los israelíes son tan malos que hasta las buenas obras les salen torcidas.
Pero el tema no es de chiste, sino verdaderamente grave. Se trata simple y llanamente de quintacolumnismo de usar y tirar, de las actividades antipatriotas de unos elementos israelíes hijos de israelíes, que, disfrutando de las extraordinarias ventajas de vivir con los suyos en el Israel que les acogió, se dedican –con verdades o con mentiras, da igual- a socavar la moral de sus conciudadanos, suministrándole carnaza a las ratas y demás alimañas de la oscuridad. Contra estos portadores de la peste está la hasbará, los judíos de la Diáspora, los amigos de Israel, que son más de los que algunos suponen. Pero las autoridades de Jerusalén deben ponerse manos a la obra y buscar los medios para que la Justicia señale con su firme dedo a estos traidores para que sean encarcelados o sencillamente trasladados a Gaza, para que allí busquen acomodo.
La cuestión, en definitiva, es no seguir dando explicaciones a quienes no están por la labor de creérselas, sobre todo mientras haya desde las filas propias, desde el auto odio, quienes se ofrezcan como falsos testigos impunemente.
Haim.
