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El Enemigo.

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SI TU ENEMIGO ES UNA FORMIGA, CÓNTALO COMO UN GAMEYO. Refrán sefaradí.

Si Barack Husein Obama creyó en algún momento que su influencia era tal que llegaría a reconducir o teledirigir la política israelí respecto al futuro e hipotético Estado palestino y al pertinaz proceso iraní de enriquecimiento de uranio, se equivocaba de pe a pa. Como debe ser. Obama parece tener un extraño interés en mantener envenenada la cuestión palestina, para que Israel parezca ser siempre el malo de la película, el alumno especialmente travieso del colegio. Para ello cuenta con la inestimable ayuda de los medios expertos en criminalizar lo judío, para los que incluso frases de Netanhayu como “sólo aceptarermos un Estado palestino desmilitarizado” o “Jerusalén es la capital del Estado de Israel y, por tanto, indivisible”, son consideradas como especialmente destructoras de las cuestiones clave del proceso de paz. La actitud, no conciliadora sino dubitativa y errática, del Presidente americano en relación al mundo islámico en general e Irán y Hamás particularmente, ha posibilitado que los Guardianes de la Revolución de Hamadineyad se envalentonen, con el consiguiente incremento y refinamiento en la represión de los opositores en el interior y un cambio de táctica en el ya mencionado proceso para la consecución del arma total exterminadora de judíos, y, al otro lado, la no desdeñable posibilidad de que la guarida de terroristas subvencionados que es Gaza se convierta en territorio extraño, provocador y cobijo de piratas, al margen de la ANP y sus proyectos.


Con Obama y la UE, el trato al problema del Irán atómico es idéntico al otorgado al calentamiento global. Todo el mundo habla de él, todo el mundo se alarma, todo el mundo reclama medidas, pero nadie da el primer paso para la solución del problema. La táctica usada por las NNUU y la UE contra Irán, confundiendo prisas con rapidez, efectismo con eficacia, ha sido clásica: oferta de ayuda técnica, sanciones inaplicables e inaplicadas y una tímida, vergonzosa y vergonzante amenaza militar, deviniendo en humillante fracaso. A su consideración de la Democracia como “régimen inválido”, los clérigos teócratas iraníes suman su percepción de que la falta de dinamismo militar occidental no es más que temor. Ya no hay tiempo material para que la diplomacia ponga remedio. Hamadineyad ha conseguido el primero de sus objetivos: que todo el mundo sea consciente de que la decisión está únicamente en manos de su portavoz divino a ras de tierra: Jamenei. Su luz celestial determinará el momento del exterminio. Y no será Israel el único objetivo, como muchos creen en el fondo de su corazón. En la UE deberían ir considerando que los misiles de los amigos de Alá pueden alcanzar cualquier punto de Israel…y muchos de Europa. Es posible que Israel mitigue con árnica sus dolores palestinos, pero para que el asunto iraní no se le convierta en enfermedad terminal deberá ir esterilizando el material para una más o menos inminente operación quirúrgica. Una biopsia en Arak y en Natanz parece la lección práctica más razonable. Y la más entendible.


Haim.



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