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El juego mas antiguo.

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MÁS VALE SOLO QUE MAL ACOMPANIADO. Refrán sefaradí.

Todos lo veníamos diciendo y aún así no deja de sorprendernos, quizás porque nos duela por tratarse de alguien (colectivo) que considerábamos nuestro vecino entrañable, nuestro amigo del alma. Los Estados Unidos de Norteamérica está dejando de ser referente para el israelí medio. EEUU es Obama y Obama es aquel Barack Husein Obama, El Candidato. No engaña a nadie. En ninguno de sus discursos de campaña se definió amigo (ni enemigo) de Israel. Puede que amagase cuando incluyó varios judíos en su equipo de gobierno, alborozándonos con el nuevo compañero de viaje. Pero, es verdad, nunca escondió sus intenciones de negociar hasta lo indecible con los curas nucleares a espaldas de los israelíes. Dice la canción que la distancia es el olvido. Y Obama, que se sabe a salvo, con las trincheras lejos de Manhattan, no está por la labor de seguir considerando la seguridad de Israel como premisa incuestionable, no ya ante una posible negociación con el enemigo declarado, sino simplemente para un simulacro de intercambio de saludos. Afortunadamente, la Clinton se mantiene fiel, pero no resulta suficiente, de tal manera que el régimen teocrático se fortalece y de ello hace ostentación.


Es de esperar que Israel no acepte nunca que la Administración norteamericana, ni cualquier otra, la coloque al mismo nivel que Irán en la cuestión nuclear. En primer lugar, los israelíes, se diga lo que se diga, nunca han probado un arma nuclear ni afirmado estar en posesión de ella, aceptan las directrices sobre control de exportaciones nucleares y, consecuentemente, jamás han amenazado a sus vecinos con borrarlos de la faz de la tierra. Esta ambigüedad atómica les ha permitido mantener a los perros ladrando, pero con bozal puesto. Esta es una realidad que tranquiliza a todo el mundo, pero que no agrada a la Administración americana, sencillamente porque no la controla. Su nueva estrategia en el mundo es desnudar a los aliados para imponerles su uniforme y su famoso paraguas, eliminar a los socios menores del Club Atómico para evitar chispazos incontrolados e incrementar la dependencia.


Podría ser que Shlomo Ben Ami lleve razón cuando dice: “La política oficial de Israel es la de un Oriente Próximo libre de armas de destrucción masiva. Al abandonar la ambigüedad y sacar su propia bomba del “sótano”, Israel podría afirmar su disuasión nuclear de manera más convincente y, más importante aún, profundizar un debate serio sobre la urgencia de una zona libre de armas nucleares en Oriente Medio”. Pero también podría no tener razón. Las palabras de Ben Ami siempre hay que tenerlas muy en cuenta, dada su experiencia. Aunque me permito recordar que Irán desarrolla su potencia nuclear tras firmar y comprometerse con el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares y que su único objetivo es la destrucción de Israel. Así que, a pesar de las sabias palabras, ¿quién garantiza que una declaración en ese sentido de las autoridades israelíes no surtiría el efecto contrario en las filas enemigas? ¿Cómo entender entonces las palabras de Robert Gates manifestando comprender los deseos iraníes de poseer bombas nucleares, teniendo en cuenta que Irán está rodeada de potencias nucleares como Israel y otros? De ser cierto, Israel estaría en posesión de equis número de bombas atómicas desde que surgieron los rumores, hace más de cincuenta años. Durante esas décadas ha sufrido un sinnúmero de ataques y amenazas musulmanas y, sin embargo, nunca ha amagado con contragolpear con armas de destrucción masiva, nunca ha insinuado que podría hacerlo, nunca ha amenazado a los ciudadanos de otro país. ¿Por qué, entonces, desde el entorno Obama se habla de doble moral israelí (Bruce Riedel)? Estos americanos deberían recordar, porque lo saben, que el debate no debe estar en bombas sí o bombas no, sino en seguridad para Israel, sí o sí.


¿Creen realmente Obama y su equipo en un consenso mundial para la no proliferación, la reducción o la eliminación de las armas nucleares? Si nos atenemos a los frutos obtenidos por los programas o iniciativas tales como Reducción de Coop. de Amenazas, Reducción de la Amenzaza Global, Seguridad en la Proliferación y sus Protocolos Adicionales en relación a las violaciones del Tratado de No Proliferación, las expectativas no pueden ser más deprimentes. No hay más que seguir el curso de las negociaciones con Corea del Norte e Irán. Si a ello se añade que los llamados a poner orden son los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, más Japón y Alemania, la realidad nos lleva al convencimiento de que ambos regímenes totalitarios no son simples piedras en el camino, escollos salvables con más o menos dificultades, sino verdaderos y aparentemente insolubles problemas. Especialmente Irán, porque el caso de Corea, al fin y al cabo, es una cuestión geriátrica con los días contados. Del mismo lado, el peligro no deviene de un país llamado Irán, sino del régimen islámico instalado en él, determinado por el iluminismo más doctrinario y sin más objetivo que la desaparición de Israel.


Es evidente que la Administración Obama intenta seguir pautas aconsejadas por grandes gurús de la alta política, de un marcado espíritu “buenista”, a las que ya empezamos a estar acostumbrados. Pero he de hacer notar que en el marco de esas recomendaciones globales, a Obama se le señala explícitamente que el logro de un mundo libre de armas nucleares requiere unas medidas realmente efectivas para impedir cualquier conducta que sea una amenaza potencial (no digamos real) a la seguridad de cualquier estado.


Haim.



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