
BOCA DE LEY, CORASÓN DE MAMZER. Refrán sefaradí.
Con los musulmanes hay que tener siempre ojo avizor, mucho cuidado. En cada ocasión que se consigue un acercamiento, se inventan una excusa, por baladí que sea, para tirar los tiestos por la ventana. Soslayando los múltiples intentos de llegar a un acuerdo para mínimamente sentar unas bases de convivencia con los llamados palestinos, Israel no ceja en darse de golpes contra el portón egipcio, jordano y, no digamos, de Turquía. Siempre hay una carta marcada en la baraja. Las relaciones con estos tres países en concreto han estado marcadas más por el gélido saludo en la gélida temperatura ambiental que por una amistosa vecindad. En el transcurso de las conversaciones con ellos, a lo largo de los años y en cualquier circunstancia o campo de negociación, ha existido un ambiente extraño, una sensación de que detrás de los cortinajes unos fusileros estaban preparados por intervenir. Pero Israel ha hecho lo que ha tenido que hacer: intentarlo una y otra vez. Aunque, ya decimos, siempre le ocurre lo que a aquel judío que acude a su doctor de cabecera y le dice:
-Doctor, cada vez que tomo café se me encaja un dolor horrible en el ojo derecho.
Y el doctor, condescendiente, le responde:
-¿Ha probado quitar la cucharilla de la taza?
El ten con ten que Israel y Turquía han mantenido en los últimos tiempos ha tenido más que ver con la colaboración en el campo militar, con el tradicional pragmatismo de los militares en lo que a la práctica política se refiere, que a una relación civil “inter pares”. Y es que Turquía, con militares o sin militares en el poder, es un país mahometano. Precisamente por ello, el hecho de que durante décadas, Turquía e Israel mantuviesen las relaciones más duraderas de Oriente Medio, no merma su carácter anecdótico. A lo largo de este periodo, el poder militar y el poder ulema han mantenido un pulso tenso, a veces histérico, a fin de conseguir el control de una población cada vez más joven y dogmatizada. Al igual que en el resto de países islámicos -entre los que incluyo a Eurabia-, el islamismo crece y se endurece en el estrato juvenil e intelectual turco, contradiciendo en esta última apreciación a los izquierdistas de nuevo cuño, que señalan a la pobreza y a la marginalidad como justificantes de esta progresión. A pesar de la tensión, avanzadilla de la OTAN en la zona y con la perspectiva de una pronta integración en la UE, Turquía mantuvo interesadamente en vigor los acuerdos militares y de inteligencia con Israel. Hasta ahora.
En los últimos días Israel reconoció públicamente que se habían suspendido los ejercicios aéreos de la OTAN Anatolian Eagle, merced al veto de sus viejos aliados a la intervención de las fuerzas aéreas israelíes en ellos. Las prácticas fueron suspendidas por la retirada de EEUU e Italia. Esta ha sido la válvula que ha estallado, incapaz de mantener la presión la caldera turca. Ya había sufrido escapes con el rifirrafe entre Shimon Peres y Erdogán en el Foro Económico Mundial, que culminó con el abandono del mandatario turco, molesto por las palabras de Peres. Nada de esto es casual. Que la escora de Turquía hacia posiciones que hasta ahora habían sido exclusivas de irán o Siria se inició con la llegada de los islamistas del AKP a las posiciones de gobierno, es de común conocimiento. ¿Qué se ha hecho mal, pues? Nada. Desagradable, pero necesario. Como necesario es recuperar, al menos, una milésima parte de lo perdido. Y ello a pesar de los cientos de millones de dólares que Israel suministró a Turquía. Quizás y precisamente por ello y porque desde hace más de diez años que ambos países han compartido información de inteligencia, y porque, como ha dicho el ex comandante de la fuerza aérea israelí Eytan Ben-Eliyahu: “Turquía es muy importante para el entrenamiento de nuestra aviación en espacios abiertos, en especial por su ubicación estratégica, cerca de Irán y Siria”.
Puede que los gobernantes turcos estén utilizando el tema palestino y el informe Goldstone como socaliña, a fin de mantener las posiciones amistosas con Siria e Irán y para consumo interno. De cualquier modo, no estaría de más recordar lo ya dicho, que son musulmanes, y que, como tales, sería dudosa su sinceridad si afirmasen estar de acuerdo con una sola de las condiciones que el Primer Ministro Netanyahu ha establecido para concluir un acuerdo de paz con el bando palestino. Haciendo bueno el dicho, quien no se moja el culo, no pasa el río, Israel deberá tratar de aplicar pomada en la fístula turca, tragarse el sapo y no olvidar, como decía, que todo seguidor de Muhammar es intrínsecamente incapaz de considerar a Israel como Estado judío, considerando, como consideran, que el Judaísmo fue anulado por el cristianismo y este lo fue por la gloriosa llegada del Islam. Así, este personal mantiene que su alá retiró a los judíos su función de religión, su mensaje teológico, y su legitimidad para constituirse en Estado legítimo. Así, Israel como Estado judío no es reconocible, y su establecimiento sobre unas tierras santificadas y, desde Siria hasta Egipto, desde el mar hasta el río, destinadas para los palestinos en virtud de la conquista por el Kalif Omar, absolutamente ilegítima. Con estos principios, el manejo de cifras, la cita de fronteras en tal o cual año, separación de territorios, mayor o menor extensión de Eretz Israel, no son más que subterfugios y la martingala con que todos los islamistas, sean del país que sean, aplican en las relaciones, cercanas o lejanas, con el Estado judío.
Haim.
