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Pasamanería.

zap_kaffiyah

“Tanto bien se quieren fista que se quitan los ojos”. Refrán sefaradí.

Yihadista, ayatolá, talibán, pastún, palestino, Hamás, y otras de diversa quincallería son palabras que siguen apareciendo profusamente en la prensa. Desde hace años y a diario leemos cómo en desparramadas latitudes, todas bajo el yugo coránico, los actos de terror, los enfrentamientos bélicos cuasi parricidas por un quítame allá esa paja de una esperpéntica profanación de algún lugarcito de inventada santidad, son el pan diario de esas gentes. Las razias y masacres argumentadas como represalias por supuestos y puntuales contactos con elementos occidentales (enemigo) nos llevan a considerar que de épocas perdidas en el piélago de la pre-Historia hablamos.


No seré yo quien muestre excesivo escepticismo sobre los movimientos de Barak Husein Obama en relación con estos campos del mundo. En política internacional, escasos amagos aliñados de variada oratoria que paralizan a todos y no tranquilizan a nadie, es el bagaje que puede ofrecer, aunque tampoco la vena optimista está como para regalar nada. Envenenados los frentes iraquí y afgano, el americano ha de enfrentar el gambito iraní con la perspectiva de un rebrote de intifada mora en Jerusalén, por aquello de que no dejan cerrar la herida precisamente para que sangre. Aceptando por bueno lo dicho, Obama ha movido el alfil de rey, enviando al Presidente Rodríguez Zapatero a la zona. Y esa ha sido la ocasión que Fatah (sí, Fatah) y Hamás han aprovechado para convocar a sus fieles a celebrar una romería musulmana en los alrededores de la piedra donde, según afirman, Muamad fue lanzado al espacio. El terror necesita voceros y Occidente se los ofrece gratis e interesados: Rodríguez Zapatero, Moratinos y el funcionario de más graduación de Presidencia. Al respecto, dicen algunos gacetilleros que el caché del Presidente español ha ganado enteros en Israel. A mí no me lo parece, pero yo no soy gacetillero. Si sus argumentos se basan en que este hombre no lleva colocado el coqueto pañuelo palestino, se les puede oponer que sus declaraciones distan mucho de ser, no pro-israelíes, sino tan siquiera ecuánimes. Además, con su visita en calidad de enviado especial de la Casa Blanca no solo airó al Hamás, sino que ha propiciado que Mahmud Abbas se desdiga de la posición inicial mantenida respecto del Informe Goldstone.


Es de general consenso que la política española, desde que la pilota el señor Rodríguez Zapatero, ha sido ostensiblemente anti-israelí. Por mimetismo con una llamada “izquierda”, indocumentada y zascandil, instalada en la España democrática gracias a que aún en los años noventa prometía el “reparto” como solución pronta y permanente para los males ibéricos; por mimetismo, ha mantenido una actitud beligerante contra el Estado de Israel, y aun anti judía. Maximalista e infantil en determinadas decisiones, siempre en postura para las fotos, su figura ha resultado un tanto grotesca visitando en Israel lugares especialmente sensibles para los judíos. Pero, aunque es sabido que todo su periplo por todo este Oriente inmediato no es más que una parte de su campaña de imagen -tan deteriorada-, a nadie engaña. Sus opciones ideológicas siguen siendo evidentes. Su mentor, que lo exhibe y pasea como liebre entre galgos, tiene su propio prestigio que pulir.


Como decía antes, creo que los conflictos en el mundo andan de la mano, de país musulmán en país musulmán. En Afganistán, por ejemplo, el problema se sintetiza en un solo dato inicial: el idioma nacional es el “pashtu” y el idioma comercial es el persa. Si a esto añadimos que de los partidos políticos activos, once son islamistas y están sostenidos económica e ideológicamente por Irán o Pakistán y que no existen sindicatos ni agrupaciones gremiales, el panorama se presenta, cuando menos, insondable y, de por sí, demostrativo de la absurdidad de la actual guerra. Los afganos, como los iraquíes, no luchan contra los EEUU y la UE como potencias invasoras, sino entre ellos mismos, unas facciones contra otras, acusándose mutuamente de colaborar con un Satán Occidental sin nacionalidad específica. La guerra afgana es fratricida, idéntica a la que mantiene el abejorro contra el cristal de la ventana. El gran error de Bush, repetido inconscientemente por Obama, fue ignorar que penetraba con unas tropas del siglo XXI en el Islam del siglo XI.


Y Ahmadinejad sigue enrocado.

Haim.



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