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El Camino.

maguen

Estimados Amigos,

En este nuevo aporte de nuestro estimado y querido Haim,  podemos leer y sentir su corazón latir, su vida, su viaje, el cual siempre fue claro, anda por el camino con el tintineo de la luz de su mano, siempre tratando de iluminarse y tratando de entender, golpes y más golpes en la oscuridad le han guiado, pero al final descubrió que la luz de su mano siempre está alimentada por su alma, que es la que entiende y sabe en este viaje, solo ella le hace entender a un nivel mas allá del intelecto, con la simpleza inmensa del corazón.

Aquí una parte más de su camino, que H¨S te Guíe e Ilumine, estimado.

Asociación Masada Bnei Anusim.


Árvoles pecan, ramos yoran. Refrán sefaradí.

“Absténganse intermediarios”. Si hay algo evidentemente natural es que todos somos hijos de D”S. Si has nacido de vientre judío, eres judío; si te has convertido al judaísmo, también, pues se te esperaba. Los demás son gentiles. Todos hijos de D”s, y los hay que se comportan como tales y otros que no. Unos, los judíos, serán buenos hijos si cumplen expresamente los mandamientos de la Torá (613) y los añadidos rabínicos. Los gentiles lo serán si cumplen con su parte de estos mandamientos Los que no son buenos hijos pueden estar también arrebujados en una nación u otra, tener unos mandamientos u otros según su origen-todos válidos ante Él-, pero sus obligaciones son inalienables. El cumplimiento es consustancial a la relación filial y no les está permitido a los deficitarios en amor mirar hacia otro lado.


De lo que poco a poco voy aprendiendo sobre judaísmo súrgeme una enseñanza importante, fundamental: en él no hay atajos, ni ge-pe-eses ni temblorosas brújulas. Desde donde yo vengo, la dirección hacia D”s es recta, sin curvas ni recovecos y, como más arriba indico, parafraseando a los anuncios por palabras, sobran las falsas deidades locales y los intermediarios; más bien entorpecen. En este solitario caminar van apareciendo las festividades, como árboles frondosos a un lado y a otro de la calzada, uno tras otro, sin que por un instante puedas acceder a su sombra. Y es precisamente en estos momentos festivos cuando más consciente eres de la propia invalidez, de la orfandad en que estás sumido. El caminante, con la meta aún lejana, aunque visible, ha de contemplar la fiesta desde la calzada, regocijándose íntimamente a falta de participación: Cada Shabat, Rosh HaShaná, Yom Kipur, Sucot…


Los que pretendemos participar, retornar, ingresar en la Gran Tribu de D”s, somos conscientes -debemos ser conscientes- de que esa Gran Tribu a la que anhelamos pertenecer, tiene la enorme responsabilidad de ser la depositaria de la Ley, de actuar y conducirse según mandata, manifestándose como ejemplo para el resto de la Humanidad. “No has de cambiar estos preceptos para aumentarlos o disminuirlos, pues caerás en paganismo” (Pentateuco). Según pienso, mientras camino, estos preceptos no se asumen, se practican como ejemplo identificativo. No debe bastar con la asunción del conjunto de normas y airearlas como diploma, sino de practicarlas, puesto que en la práctica se hace comunidad. Entretanto, la sensación de precariedad y de abandono no debe ser óbice para que el candidato oponga a la lógica asimilación sufrida un permanente esfuerzo de recordación de los elementos que le llevaron a la autoidentificación emocional, a elegir participar en el resto de su vida como judío.


Identificarse, decía antes, como judío, aun en proceso, es comenzar a encontrarle sentido a aquellas vivencias, emociones, mensajes y, sobre todo, valores, que de algún modo le han sido transmitidos y que ha ido captando a lo largo del camino. Identificarse como judío, repito, es sentir que se forma parte de esa tradición, pero tomando cuerpo y consolidándose mediante la conversión. Tal como el mortero da solidez al edificio, uniendo la obra nueva a las adarajas de los recuerdos.


Haim.



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