nav-left cat-right
cat-right

Kurdistán.

kurdistan-map

EL HOMBRE YEVA MÁS QUE LA PIEDRA. Refrán sefaradí.

Para consumo interno y no pretender siquiera enmendar lo que tan sabiamente se dejó escrito, cambiaría el refrán de cabecera por este otro: El djudío yeva más que la piedra.

Desde hace décadas, en los medios estadounidenses y europeos se viene retratando a los pobladores de Iraq como energúmenos, o simplemente salvajes, que se matan y machacan compulsivamente. Viendo las escenas que a diario nos ofrecen los noticieros con ojos de común consumidor, tales definiciones no parecen muy alejadas de la realidad. No obstante, como casi todas las expresiones maximalistas, ésta es errónea. Y lo es tanto en cuento engloba en una simpleza lo que por sus variopintos matices merecería un estudio más completo, que nos llevaría a la comprensión de que la violencia que sufre ese país no es una tormenta de verano, ni el resultado de la reacción popular contra el invasor. Tampoco es violencia inter-étnica, sino inter-religiosa; una guerra civil islámica. El Islam, como es sabido, vive en una permanente guerra civil desde hace cientos de años, desde la muerte de Mahoma con el consiguiente dilema sucesorio. Las escolásticas diferencias suni-chiitas dieron paso a fanáticos y violentos enfrentamientos entre los componentes de ambas comunidades musulmanas que, ya en épocas recientes y con el disputado pugilato árabe iraní por el liderazgo en el mundo mahometano, se han recrudecido de forma evidente y peligrosa para la vecindad. Ya, incluso, se comienza a hablar en los círculos académicos de una partición de Irak, de que el gobierno actual y los inmediatamente sucesivos no serán más que gobiernos de transición hasta la definitiva constitución en dos Estados, uno suní y otro chií; lo que en definitiva ha sido la táctica musulmana utilizada allá donde se han ido introduciendo. Históricos ejemplos tenemos: Pakistán, Cáucaso, Balcanes…

En ninguno de los mapas previstos por una y otra parte, ni en los que circulan por las agencias, aparece un lugar libre donde colocar a los kurdos dentro de sus propias fronteras, lo que, ya antes de nacer, convierte a la paticorta partición en pan para hoy y hambre para mañana. Olvidar a los casi veintiocho millones de kurdos, repartidos pero no diseminados al norte de Irak y Siria, al Este de Irán, al S.O. de Turquía y al Sur de Armenia, sería un grave error, sería generar más conflictos y prolongar los actuales. Existen muchos intereses en juego: Étnicos y económicos. Pero también heridas que restañar y afrentas que limpiar. No se puede olvidar, por ejemplo, que en los territorios iraquíes, disputados por los kurdos como suyos, se encuentra más del cincuenta por ciento de las reservas de petróleo de la zona y la pequeña y poco aireada historia de las matanzas de armenios perpetradas por Turquía, soslayándose que gran parte de aquellos sacrificados eran judíos kurdos.

Al final habrá tres Irak, dicen por Kirkuk.

Tanto si los vaticinios se cumplen como si no, este inmenso territorio montañoso sigue siendo habitación de, al parecer, algunos cientos de judíos. Sumergidos y asimilados entre pequeñas comunidades de diferentes credos, constituyen el último vestigio de lo que fue gran comunidad judía del Kurdistán. De precaria economía e inexplicablemente mal considerados en aquella sociedad, los judíos kurdos desarrollaron una actividad cultural y literaria muy dinámica (TARGUM), fomentando relaciones culturales intensas con las demás comunidades de la diáspora. Toda esta cultura, estos tesoros literarios, fueron transmitidos oralmente y así llegaron a Israel, de la mano de los más de cincuenta mil judíos kurdos que emigraron en la década de los cincuenta del siglo pasado.

Ariel Sabar, periodista norteamericano, judío de ascendencia kurda, manifiesta que en un viaje realizado en 2005 a la zona de Zakho, cuna paterna, en el Kurdistán iraquí, sólo encontró a una o dos personas que recordaran el pasado. Incluso, comenta, cuando uno de nuestros anfitriones nos invitó a su casa y se le pidió a su esposa que nos preparara algún platillo judío, la mujer no tenía ni idea de qué se le estaba hablando. Ha de considerarse, pues, improbable que la supuesta ayuda prestada por Israel al pueblo sin estado kurdo fuese motivada por motivos fraternales y no de estrategia política. Es más, el traslado de los judíos kurdos a Israel fue, en realidad, una huida al corazón de Irak, primero, y posteriormente hasta Tel Aviv. No obstante, parece ser que Menahem Begin, mientras fue primer ministro en 1980, confirmó que Israel había enviado a los kurdos ayuda no solo humanitaria, sino también asesores militares y armas.

Como quiera que haya sido, con los judíos de origen kurdo perfectamente integrados en Israel, las relaciones con Turquía en estado de convalecencia, Irán en su loca carrera nuclear y de ayuda a los movimientos terroristas, e Irak hecha unos zorros, la posibilidad de que Israel esté operando en aquella zona para no perderle el pulso a cuantos acontecimientos se produzcan puede que no sea real, pero sí deseable y aconsejable. Para Israel, la búsqueda de alianzas estratégicas con países no árabes del Medio Oriente es vital. Y en este logro, convertirse y consolidarse como el más potente baluarte occidental en la región, primordial. Estados Unidos sabe que su salida del antiguo feudo de Sadam ha de ser tan rápida como digna, y es en esa posición donde las piezas israelíes toman su importancia estratégica. Con unas fuerzas kurdas bien adiestradas y amigas, el control sobre Siria e Irán sería determinante.

Si son estas supuestas actividades israelíes las que motivan el nerviosismo de Turquía, mucho le interesa al Presidente Obama tranquilizar a Erdogán. Los acuerdos sobre aguas y otros de colaboración industrial son de importancia estratégica, y así son considerados por los miembros de la Alianza. El reconocimiento y posterior fortalecimiento de Kurdistán no irían dirigidos contra Turquía. Basta echarle una inteligente ojeada al mapa para darse cuenta de que nada empieza y nada termina en Gaza.

Haim.



Comments are closed.