UN TIEMPO PARÍA EL GAYO, AGORA NO PAREN NI LAS GAYINAS. Refrán sefaradí.
El “hiyab” no es un símbolo religioso, como así nos lo quieren hacer ver. Sí lo es el crucifijo, aunque el uso público que hacen de ambos pretende lo que consigue: sentar plaza, dominar un espacio visual, impregnar, crear, infiltrar, empapar pringando, untar un ambiente, marcar una frontera, al igual que con su orina hacen las bestias...