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Aquella mañana en Nueva York.

miquelsegura

Por: Miquel Segura

La mañana neoyorquina era fría, el aire cortaba la cara como un cuchillo. Yo temía llegar tarde: siempre, a lo largo de toda mi vida, he sentido este temor. Y como me ocurre casi siempre, llegué demasiado pronto. Fue fácil acceder a la sinagoga donde un encargado me advirtió que el rab Mordejai Àngels estaba en el templo rezando el shajarit. Mi esposa, acompañante silenciosa y fiel en mi largo camino de Retorno, se sentó en la oficina del rab, pero yo me dirigí a la sinagoga, me puse el talit y me coloqué al lado de Michael Freund.

La ceremonia se celebraba en la menor de las dos sinagogas que la Congregation Seharit Israel posee en la calle 70, muy cerca del lado oeste del Central Park. Me había levantado muy pronto pero no sentía pesadez en los ojos ni tampoco emoción en el corazón. La noche anterior estuve preso de un cierto desasosiego que me acompañó también al levantarme y al desayunar en el pequeño comedor del hotel. Pero al pisar la sinagoga me sentí tranquilo. Observando a los asistentes a la ceremonia pronto identifiqué al rabino que iba a oficiar mi Retorno al seno del Pueblo Judío. El mismo confirmó mis percepciones al acercarse y saludarme con cortesía, incluso diría que con una cierta dulzura. Al final de los rezos el rab Àngel me presentó a la comunidad. “Viene de Mallorca, España, y va a retornar a la fe de sus ancestros”. Todos quisieron saludarme. Advertí un brillo acuoso en la mirada de alguno de los que se acercaron a darme la mano.

Me habían dicho que antes de sumergirme en la mikvé debería someterme a una entrevista personal con el rabino. Por lo que fuere, Àngels eludió ese prólogo limitándose a saludar a mi esposa y a mi ahijada -que vive en Nueva York y a la que yo había rogado que asistiese- en un tono alegre y campechano. Me presentaron a un judío mexicano que debía ejercer de intérprete, aunque en ningún momento fue necesario. Estaba también una periodista del Jewis Week que parecía fascinada por el hecho de cubrir aquella noticia. Todos juntos fuimos caminando hasta la mikvé, situada en unas instalaciones comunes a diversas congregaciones judías. A simple vista parecía una casa de baños. La limpieza y asepsia de las instalaciones eran extraordinarias. El rabino me condujo a un vestuario amplio y brillante y me indicó que me desnudase completamente. Me puse un batín de toalla y me dirigí a la mikvé. Desde una estancia cercana, los dos testigos preceptivos observaban la escena. No sentí ninguna emoción especial al desprenderme de la bata y sumergirme en aquella especie de piscina, que me pareció bastante profunda. El agua estaba cálida, de buena gana hubiese pasado un buen rato nadando en aquel espacio de purificación, pero no habían transcurrido ni dos minutos cuando me indicaron que saliese y pasase otra vez al vestuario.

A la salida me esperaban todos los presentes. Margalida, mi mujer, parecía especialmente emocionada. También Michael Freund tenía la mirada líquida. El rabino, sin ningún toque de especial solemnidad, me dijo que aquella inmersión me había purificado “de 500 años de cristianismo”, mientras leía el documento que había redactado en español y hebreo:

“La presente certifica que el día 30 de Kislev del 5770, el Sr. Miquel Segura, de Mallorca, España, ha retornado a la fe de sus ancestros. Luego de haber investigado el asunto meticulosamente, se ha establecido que el mismo es judío, miembro de la comunidad Chueta de Mallorca. Para santificar su Retorno a la fe de sus ancestros, se ha sumergido en la mikvé en 236 West calle 74 Manhattan, con la presencia de los testigos que firman a continuación. Este Retorno al judaísmo fue conducido por el rabino Mordejai Angel de la congregación Shearit Israel, la sinagoga española y portuguesa de la ciudad de Nueva York. El nombre hebreo de Miquel Segura será Mihal Bar Haim. Sea él bendecido con salud y felicidad, cumplimiento de mitzvot y orgullo de ser miembro del Pueblo Judío”.

El rab advirtió reiteradamente a todos los presentes que no habían asistido a una conversión, sino a un Retorno, puesto que mi condición judía -antes y después de la ceremonia- era indiscutible. Michael Freund quiso recordar aquella tarde en Barcelona, cuando le dije que me sentía abandonado por Shavei Israel y el me contestó que nunca jamás me abandonaría. “Como ves -dijo- he podido cumplir mi palabra, gracias sean dadas por ello a Hashem”. Yo hablé poco y en mi mal inglés. Quise dar las gracias a todo el mundo y especialmente a mi esposa, que siempre me animó en una lucha que muchos consideraban perdida de antemano.

Ahora, cuando veo las fotografías de aquella mañana en Nueva York, pienso que tal vez estaba mucho más emocionado de lo que realmente creía. Públicamente, este asunto dará mucho que hablar, ya que sienta un precedente histórico. Para mi es un hito personal, por completo ajeno a cualquier polémica o desacuerdo. Siempre fui judío, pero quería oficializar mi Retorno. Ahora tengo que escribir un tercer libro, ya que mis alas judías son ahora tangibles: puedo moverlas y volar. Con ellas he cruzado, mal que les pese a algunos, la puerta de Sion. No soy un legado de la historia, un legajo en un archivo para uso de estudiosos, sino un judío mallorquín vivo. Baruj Hashem.



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