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Arbeit Macht Frei‏

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QUIEN SE ESCONDE DETRÁS DEL DEDO, SE LE VE EL PUERPO ENTERO. Refrán sefaradí.

A los pocos días de ser robado, extrañamente la policía polaca recuperó el cartel “ARBEIT MACHT FREI” colocado sobre la puerta de entrada al campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. También detuvo a los ladrones, que, según sus primeras declaraciones, actuaron por cuenta de extranjeros. La policía polaca se ha apresurado a desmentir que estos ladrones fuesen neo-nazis, afirmando que el personal del museo encargado de su custodia y cuidado quedó muy afectado por el robo, y satisfecho con la recuperación. Según parece, no se espera investigación alguna sobre la actuación profesional de este personal, aunque sí habrá felicitaciones por la operación de rescate.

Al hecho ya le han dado carpetazo los medios, como si del robo de una gallina se tratase. Calificando a los autores como ladrones comunes ya condenados por delitos anteriores, las autoridades polacas silencian que algunos de ellos son empresarios. Resulta altamente sospechoso que unos empresarios polacos, autónomos o no, aun en época de crisis, tengan historial delictivo por robo o atraco; más bien pudiera ser que sus problemas con la justicia estén relacionados con otro tipo de actividades más relacionadas con las ideologías. Esto hace sospechar que los verdaderos motivos del robo tienen un carácter que, además de político, va más allá de lo puramente crematístico. En la búsqueda de complicidades intelectuales y de incitaciones económicas, con toda claridad se pretende desviar la atención hacia el campo del simple coleccionismo, y en lo geográfico hacia Suecia. Pues, ¿qué tipo de personas pueden cometer un acto así? Tengo claro que ha sido organizado y que en él han intervenido más polacos de los mencionados. Unos, los vigilantes durmientes del museo, y otros, contemplativos, expectantes, cuyos nombres quedan disueltos en los diarios comentarios de corrillos, paradas de bus, y tertulias informáticas, y flotando en el ambiente de la conciencia colectiva, siempre, desde el inicio del negacionismo, a la espera de una inalcanzable redención.

No ha sido un hecho grotesco, como alguien ha referido, sino que ha sido un acto criminal, han querido ratificar el Holocausto. Grotesca resulta la inacción -cuando no colaboración- europea, de las autoridades europeas, nacionales y comunitarias, ante las manifestaciones organizadas y ataques mediáticos y físicos contra Israel, contra los judíos, sus cementerios y sus sinagogas. Grotescos son los pactos parlamentarios a nivel continental con partidos de ideología nazi, en los que hay que buscar, como en un basurero maloliente, el origen de esos actos anti-judíos. No es de recibo sacar a colación las relaciones entre judíos y católicos en general o entre los judíos polacos y católicos polacos en particular, pero si se hace, si se pretende justificar el anti-judaísmo reinante como actos aislados de aislados ultras en aisladas circunstancias al socaire de esas malas relaciones, habrá que decir rotundamente que sí, que también están relacionados, pero que no son aislados ni los actos, ni los ultras, ni las circunstancias.

No se trata de culpar a los polacos del robo del rótulo de Auschwitz, ni de que el propio campo de exterminio haya existido. Esa generalización está viciada y nadie en su sano juicio la haría suya. Pero es cierto que hubo una legislación muy agresiva contra los judíos en la Polonia no invadida aún por Alemania, instigada por el famoso monseñor Hlond. Tan cierto como que miles de judíos fueron entregados por organizaciones ultra-católicas a los nazis mediante delación; tanto como que fueron incontables los judíos que sufrieron el mismo destino a manos de las guerrillas católicas de extrema derecha que luchaban en las montañas y bosques polacos contra todo y contra todos, al mejor fin de eliminar al mayor número de judíos y de soldados soviéticos; tal como eran orquestadas por el clero polaco las algaradas anti-judías, con muertos incluidos, cuando cientos de éstos regresaban a sus hogares después de la guerra. Por tanto, no debe extrañar a las católicas autoridades europeas y polacas la alarma que ha cundido entre los judíos del mundo tras el robo del “ARBEIT MACHT FREI”. La Historia, por mucho que los manipuladores la quieran domesticar, es recurrente. Así que, si bien es cierto que el campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau era nazi, también lo es que lo construyeron en territorio polaco.

Jedwabne está demasiado cerca en la memoria.

Haim

http://haimfer.blogspotcom/



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