
CHO, MO y PATARISH. Locución sefaradí que significa: Fulano, Mengano y Zutano.
Es inevitable, aunque no guste, mencionar a Hugo Chávez cuando de Hispanoamérica hablamos. Se ha erigido por méritos propios en el bufón latino por antonomasia, después de Berlusconi. Como tal, bufón, parlanchín, gesticulador y amante del esperpento. Nada serio. Pero peligroso. Y peligrosas sus amistades.
Escudado en una supuesta insuficiencia o degeneración de la Democracia por su falsa representatividad, lo que estaría viciando los cimientos de los tres poderes, ha hecho creer al pueblo venezolano que su voluntad soberana, representada en el voto, realmente la está obstaculizando. Sigue manteniendo el discurso de que a lo largo de todo el periodo democrático de Venezuela, y por extensión, de toda Latinoamérica, los sucesivos representantes elegidos aplicaron a los ingresos percibidos el criterio de que “el que parte y reparte se queda con la mejor parte”. Con tener ciertos visos de certeza tal aseveración, no se debe ni puede generalizar. Ha habido nobles y honestos dirigentes que han intentado sacar a su pueblo de la pobreza, de la incultura, del ostracismo, del malvivir más angustioso, y que precisamente por ello fueron eliminados del espacio político; casi todos cruentamente.
Pero Chávez ha pretendido y pretende hacer bueno su mensaje de que una sola persona, él, puede y por ende, debe constreñir la voluntad, el liderazgo de un pueblo que haya echado por la borda toda suerte de imperfecciones, deficiencias, carencias, tachas, fallos, taras, macas, vicios o lacras atribuidas al sistema democrático, unificando en su voz la voluntad popular. Evidente es el apoyo de buena parte del pueblo venezolano a su nuevo caudillo, que ha convocado a la Nación para una revolución sofocada. Y da repelús recordar tantos y tantos caudillos que en el mundo han sido, tantos y tantos sargentos y coroneles que sustituyeron los galones por la banderola presidencial, tantas voces discrepantes marginadas, cuando no sepultadas, tantas y tantas revoluciones convertidas en saraos de nuevas aristocracias, tantas masas lanzadas por esos caudillos a la caza de minorías falsamente culpadas del caos, la corrupción y la pobreza que aquéllos provocaron. La elección de un caudillo crea en el país una nueva realidad, no una nueva legalidad. En las democracias, los pueblos pueden ser escamoteados por un número indeterminado de sujetos que en cualquier caso pueden ser removidos, pero en el caudillismo este mismo pueblo no sólo es escamoteado, sino que debe cargar con otros peligros añadidos en caso de queja o visible descontento. El caso extremo de caudillo elevado a las alturas por el engañado voto popular lo tuvimos en la vieja y sabia Europa. La erección de Adolfo Hitler como caudillo de la Alemania nazi fue contemplada con satisfacción por el pueblo alemán, su autor. La elección del judío como culpable de todos los males y sentenciado al exterminio también fue observado por el resto del mundo no con satisfacción, pero sí con el frío distanciamiento del “No es mi problema”.
Desde una mayoría filigranera y mal contada, Chávez está tapando la podredumbre con los exabruptos y aspavientos propios del déspota. Él no, porque es un indocumentado, pero sus adláteres y acólitos osan comparar la situación actual de Venezuela con determinados acontecimientos históricos ocurridos en Europa, y al afirmar que Chávez, al igual que De Gaulle en Francia, ha dejado a sus pies el cadáver del socialismo fracasado, lleva a su país hacia un futuro sin libreto y con mucho atrezo, sin más bagaje que la inconsistencia bolivariana, alejado de lo que ellos llaman “mercantilismo nordista”, del verdadero socialismo y de las democracias consolidadas. La demagogia, al igual que el humo, se desvanecerá no más que las brisas de la deuda externa, ya endémica, comiencen a soplar desde las potencias acreedoras. Ni Chávez, por supuesto, es Bolívar, ni Hispanoamérica es el amasijo de colonias hispanas que hace dos centurias vinieron a darse en repúblicas porque no encontraron reyes locales a quien coronar. Mientras tanto, Chávez, de la mano de Ahmadinejad, Daniel Ortega, Rafael Correa y Evo Morales, se esfuerza en deshacer poco a poco el bramante que une todavía a sus respectivos países con los Estados Unidos y la Comunidad Europea.
“Estamos aquí para darte la bienvenida a ti, hermano Mahmud Ahmadinejad. Líder, hermano, compañero. Yo diría, incluso, gladiador de las luchas antiimperialistas (…) Cristo y Mahoma nos alumbran el camino para derrotar las amenazas del imperio (…)” Estas son las acarameladas palabras con las que recibió Hugo Chávez al dirigente iraní, a las que respondió el “líder y gladiador de las luchas antiimperialistas”, diciendo: “Damos gracias a los dioses por estar aquí con mi hermano valiente, que está resistiendo como una montaña ante las agresiones del imperialismo y el colonialismo. Mi hermano Chávez y yo estamos decididos a implementar nuestra hoja de ruta planteada y seguir nuestro camino hasta llegar a las cimas de honor y gloria”. Estos floreados discursos repletos de ecos mussolinianos han refrendado, tras las ya inevitables diatribas contra Israel, la reciente suscripción de la alianza estratégica entre Irán y Venezuela, en cuyo marco se desarrollarán los nuevos acuerdos de cooperación bilateral. Además del abrumador intercambio turístico irano-venezolano, de educación y de telecomunicaciones, tienen previsto incrementar considerablemente la inter-colaboración en campos sin importancia para el vecindario, tales como energético, petroquímico, industrial, transferencia tecnológica, desarrollo de los servicios espaciales, bio y nanotecnológico. Se han apresurado a desmentir lo que nadie había afirmado aún, que el recién creado Banco Internacional de Desarrollo no colabora ni lo hará en el futuro con las actividades nucleares de Irán. Mientras aviones venezolanos, con una media de edad de treinta y cinco años, duermen el sueño de los justos en los hangares-talleres occidentales, a la espera de la imprescindible liquidez del gobierno de Caracas para restañar sus heridas y reparar sus desperfectos, las compañías aéreas estatales Conviasa y Air Irán se apresuran a ordenar y coordinar el incesante flujo comercial entre Caracas (Venezuela), Damasco (Siria) y Teherán (Irán) al trepidante ritmo de un vuelo mensual. Tras los titulares de estos acuerdos se esconde el hecho de que, al igual que en Bolivia, Irán hace meses que explora en suelo venezolano la existencia de nuevos minerales. “Son sólo unas aerofotografías, que se están haciendo con la colaboración de Irán. Ni uranio ni ningún otro mineral raro”, se ha apresurado a decir el ministro del ramo. En un inmediato futuro la exploración trocará en explotación.
La mímesis del subteniente-sátrapa respecto a Mahmud Ahmadinejad le lleva al infantil seguimiento de los más rancios eslóganes iraníes contra Israel y contra los judíos. Precisamente ha sido esta comunidad en Venezuela la que con todo fundamento ha tachado de inadmisibles las oscuras relaciones entre ambos regímenes, ya que suscitan razonadas sospechas y temores. Así, se señala como altamente peligrosa la defensa que hace Hugo Chávez del programa nuclear iraní, sabiendo como sabe que éste se efectúa a espaldas de los controles internacionales y que sus fines declarados son la destrucción de Israel. Ya prometió en su momento que se declaraba dispuesto a apoyar a Irán en todo momento y bajo cualquier circunstancia. Junto a Evo Morales y fiel a esa promesa, rompió las relaciones diplomáticas con Jerusalén y mantiene en todo tiempo y lugar la negación del Holocausto. Preocupa especialmente a la Confederación de Asociaciones Israelitas de Venezuela la legitimación que del régimen ayatolá hacen los gobiernos de Bolivia, Nicaragua, Brasil y Venezuela con su complacencia y hermanamiento. Máxime cuando la legalidad de aquél está seriamente cuestionada tras los últimos comicios, habiendo nombrado ministro a uno de los participantes en el atentado de la AMIA. Es más, los judíos venezolanos temen que esta actitud gubernamental aliente a sus organizaciones afines a crear situaciones de violencia seudo-incontroladas contra los judíos y sus bienes, como la sufrida en la sinagoga Tiferet Israel de Caracas. Sea cual sea el devenir de los acontecimientos, habrá que estar muy atentos a las otras repúblicas de América del Sur, ya que el virus ha mutado y el populismo ya no tiene el rostro de Guevara.
Haim.
