
AL DESMICHADO NO LE CORRE EL CAVAYO. Refrán sefaradí.
En una emisora de radio local he llegado a oír a un político de indefinida responsabilidad, asiduo de las tertulias radiofónicas y alguna que otra televisiva, que la catástrofe ocurrida en Haití es responsabilidad atribuible a D”s. A esta expresión, con ser lugar común en las tertulias cada vez que ocurre algún suceso infausto, le acompaña otra, si no de mayor calado, sí de mayor sonoridad: “Es ridículo un dios que deja a su creación fuera de control, provocando el injusto asesinato de tanta gente mediante catástrofes naturales”. He de reconocer que ante este tipo de frases me siento perdido. No estaría yo a la altura de una correcta respuesta, de una atinada réplica. Sí pienso que es injusto y temerario olvidar que en medio de tanto sufrimiento, tanta maldad, hay placer, felicidad y bondad. Entiendo que este mundo se desdibujaría si sólo lo identificásemos como una sucursal del infierno, puesto que lo malo y lo bueno están entremezclados. No es cuestión de trivializar el sufrimiento de nuestros congéneres, sino de situarlo lo más exactamente posible en su verdadero contexto. ¿De qué nos sirve buscar un culpable sobrehumano a una catástrofe que nos sobrecoge por su incomprensión más que por su dimensión? Cuando nos topamos con el sufrimiento, ese que te deja sin ánimo, sin respiración, que te punza el corazón con una aguja helada, debemos buscar que el calor humano nos cobije, sin que un solo hálito de rencor se nos escape, porque añadiríamos la iniquidad a nuestro juicio, buscaríamos respuestas lógicas y consistentes en el regazo de la omnipotencia de D”s. Se puede entender que quien formulaba aquellas aseveraciones debe ser ateo, o cuando menos, agnóstico. En este caso concreto sí lo es, produciéndose el hecho paradójico que quien niega la existencia de D”s y, por ende, la existencia de bondad en Él, lo culpa, por un lado de tolerar las catástrofes, si se consideran como fenómenos naturales, propios de la fuerza ciega de la Naturaleza, y, por otro lado, de permitir o autorizar al Mal la comisión de estas catástrofes. No somos capaces de saber ni remotamente los propósitos de D”s. La distancia entre Él y nosotros es inconmensurable, por lo que entiendo ridícula la pretensión de estas personas de poco cultivados espíritus de querer tener “la perspectiva de D”s”. ¿Quién osaría preguntar si D”s tiene motivos para permitir las desgracias?
Aparentemente, D”s creó seres imperfectos en un mundo no perfecto. Uno de los portones que conducen a la fe es precisamente ese: asumir que sólo Su voluntad puede crear aparente imperfección en un seno de majestuosidad y grandeza. Al respecto, el Talmud nos cuenta que cuando un filósofo espetó a Rabán Gamaliel: “Tu D”s es un gran artista, pero encontró materiales que le ayudaron en su obra: el caos, el vacío, el abismo, el viento, el agua y la oscuridad”, apoyándose en que el Génesis dice que esos fueron los elementos que ya existían al principio. A lo que el Rabán asintió, pero matizando que tanto el caos como la oscuridad, que de vez en cuando se dejan caer por este mundo, también son obra de D”s. Habría que preguntarse, pues, por qué no creó un mundo sin catástrofes y sin dolor.
Desde mi pequeñez, he indagado con detenimiento sobre esta pregunta que, según veo, pende indefectiblemente de las entendederas de todo ser humano, y he llegado a la balsámica conclusión de que todas esas aparentes imperfecciones en la creación son parte del compromiso, del pacto del Creador con el hombre. Tiene por tanto un concreto propósito: la colaboración en el proceso de perfeccionamiento. ¿A qué, si no, la exigencia de adoración eterna, el compromiso de imitación permanente?
“Acércate tú, y escucha todo lo que dice el Eterno nuestro Elokim. Luego tú nos dirás todo lo que el Eterno nuestro Elokim te haya dicho, y nosotros lo escucharemos y lo pondremos por obra.’”(Devarim / Deuteronomio 5:24)
D”s creó al hombre a su imagen y semejanza.
Haim.
http://haimfer.blogspot.com/
