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El Mossad.

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QUIEN BUCHCA DE MATARTE, MADRUGA Y MÁTALO. Refrán sefaradí.Gracias por votar

No se puede afirmar que haya sido el Mossad, porque lo único evidente en la eliminación de Mahmud al Mabhouh, el terrorista de Hamás, es la falta de pruebas tangibles que señalen a nadie en particular, organización o país, como evidente es, por supuesto, el piadoso tránsito de ese terrorista al lugar de donde no debía haber venido: la nada. Puede haber sido cualquiera. Motivos había. Y gente dispuesta e interesada en ello, también. Hamás, sin ir más lejos. Irán podría haber sido, ya que al parecer el individuo había caído en desgracia y le acompañaba un pechero iraní. Cualquiera. Todo ello se sabrá cuando trasciendan las circunstancias y el proceso de la detención de los dos miembros de Azzedin al-Qassam en Jordania, que habrían sido los contactos. Las acusaciones del jefe de la policía de Dubai, Dhafi Khalnaf, no son más que las palabras de quien se sabe en la cuerda floja, no libre de sospechas; son producto del miedo.

Si la operación ha sido ejecutada por agentes israelíes, habrá que felicitarles, así como habrá que disculparse ante los gobiernos afectados para que laven su cara, aunque no haya habido falsificación de documentos ni ignotos servidores de telefonía. Habrá que dejarles claro, en todo caso, que la alimaña sacrificada era un traficante de armas y en ello estaba; era un terrorista y que la lucha contra el terror es mundial, sin excepciones, sin trincheras ni zonas francas. En esta ocasión ha sido eliminar un enemigo no sólo de Israel, sino del mundo civilizado. Así debe ser asumido por esos gobiernos, regodeándose del nerviosismo miedoso en las filas terroristas, de la histeria siria y dubaití, de la preocupación existente entre la clerecía iraní. Los “ayatolá” se saben vigilados, inspeccionados, examinados; se saben intimidados, apercibidos, advertidos, amenazados; miran de reojo las sotanas y los turbantes de los demás clérigos, susceptibles de esconder un revólver, un cuchillo, una jeringuilla o una hoja de afeitar. Han tomado conciencia de que con Israel no caben dilaciones como las habidas con los negociadores del OIEA, que su programa para dotarse del arma nuclear corre un peligro real si no de ser destruido, al menos, boicoteado seriamente. Aunque mantienen activa la guerra terrorista para desviar la vista de Israel, tienen miedo porque recuerdan al jeque Yassin, que en un pis-pas quedó invalidado para seguir maquinando canalladas de terror entre salata y salata, entre azora y azora; que en un instante, una décima de segundo, un chispazo, un fulgor, dejó de necesitar su carrito de ruedas.

En Israel no preocupa en exceso los pronunciamientos venidos desde la Unión Europea. No se cree, en verdad, que el revuelo ocasionado por la extirpación de Mahmud al Mabhouh, las acusaciones vertidas contra el Mossad, vayan a incrementar las maniobras anti-israelíes del ministro Moratinos, especialmente activo últimamente en sus intentos de conformar entre sus homólogos un coro vocinglero que presione a Jerusalén. Moratinos, a su pesar, tendrá que archivar los exabruptos televisivos del policía Khalnaf y las patéticas fotografías exhibidas. Así que no ha habido, ni habrá, revuelo en las filas israelíes. Esa muerte no va a suponer un antes y un después, sino un punto y seguido. En todo caso habrá sido un éxito que alguien ha apuntado en su palmarés con todo merecimiento.

Pero no por sabido habrá que dejar de hacer constar que si, como dicen algunos europeos, el asunto iraní es un objetivo no digerible para el Mossad, el problema de Irán evidentemente no es, sólo, asunto de los servicio secretos. Ni de los diplomáticos. A nadie de la fila de los buenos se le ha oído tal afirmación. Aunque la sociedad israelí actual no es aquélla que, conformada por duros e ilusionados sionistas, esculpieron su futuro en las rocas del Sinaí, sí ha dado pruebas desde la constitución del Estado de sus dotes organizativas en todos los frentes. Por ello, la amenaza iraní, si no cuantitativamente superior a la que enfrentó Israel en 1947, sí lo es cualitativamente considerada. Podría ser comparable a la vivida en los años de auge del nazismo, cuando aún no había tomado las riendas del poder absoluto en Alemania. La similitud, a mi entender, es grande. Por eso,ganar estas pequeñas batallas es psicológicamente importante para ganar la guerra.

Haim.

http://haimfer.blogspot.com/



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