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El Alcahuete bienmandado.

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IR A PICHAR AL EYUB. Refrán sefaradí.

De siempre he tenido a Inocencio Arias como a un buen correveidile de las legaciones, consulados y agencias diplomáticas. Quizás, lo que en realidad haya sido es alcahuete bienmandado, un funcionario sin imaginación, de los que no aportan nada de su propia cosecha, limitándose a cumplir las órdenes del ministro correspondiente. Ha hecho casi de todo y a casi todos sus mediocres jefes ha caído bien. Pero ello no obsta para que la inteligencia, que no la astucia, no sea aditivo que pueda sumar a esas virtudes (¡qué se le va a hacer!); tampoco la originalidad en los asuntos que alumbra es flor de su ramo. Se ha embarcado en coautorías de varios libritos intrascendentes, de los que en las librerías no se cargan de añada, sino de polvo. De común, concede entrevistas a las agencias amigas. En una de ellas, recientemente, ha descubierto que las organizaciones judías de los Estados Unidos poseen considerable influencia. A no fallar. Tiro seguro. Bien, digo yo, ¿y qué? También manifiesta que estas organizaciones se muestran muy preocupadas por el “súbito y creciente” auge del antisemitismo en Europa y, a la cabeza del ranking, España. Menciona a tal efecto estudios efectuados por algunos centros especializados, los cuales han sido puestos a disposición de varios consulados.

Según parece y Arias manifiesta, mientras que en España el virus del anti-judaísmo se ha extendido bruscamente hacia los polos políticos más extremos, izquierda y derecha, en el resto de países europeos esta epidemia se habría circunscrito a una indefinible franja de individuos de pocos estudios, mayores (¿viejos?) y de ideología conservadora. Cualquier persona medianamente avisada, a buen seguro, cae en la cuenta de que el anti-judaísmo, a diferencia de otras fobias de diversa ralea, no está ni ha estado sujeto a vaivenes económicos, aunque sí religiosos, sociales y políticos. Por ello los judíos no pueden ser incluidos como dato a utilizar en los estudios sobre xenofobia y emigración. El judío europeo no ha sido, ni es, considerado competidor económico o laboral, porque es parte intrínseca del sistema. ¿A qué hablar de brusco y dramático sentimiento antisemita?

Puede darse el caso de ciudadanos que, ante la avalancha de informaciones sesgadas, trucadas y prefabricadas en relación a determinados acontecimientos ocurridos en el Medio Oriente, mantenga una actitud negativamente crítica con Israel, y que algunos de estos ciudadanos haga extensivo ese sentimiento, coyuntural en todo caso, a un genérico “judío”. Pero eso no es anti-judaísmo. De hecho, yo no he percibido ese sentimiento a nivel de calle, ni siquiera solapado. Otra cosa es lo que la prensa transmite, pero ésta no refleja el sentir callejero. Más bien sus promotores pretenden (siempre lo han hecho) influir en la conciencia colectiva y no recoger sus razones. Arias, al que considero uno de esos promotores, haciendo honor a su nombre y dando muestras de un sibilino candor, define la aparición de esas informaciones sesgadas y manipuladas como simple reacción “espontánea” a una determinada decisión del gobierno de Jerusalén (no Tel Aviv, señor Arias), y la exposición y quema de un monigote inidentificable por parte de grupos de jovenzuelos de cierta filiación, con la no familiarización del “lector” con la fisonomía de los dirigentes israelíes. En el mismo tenor, echa mano del manual-político-correcto y conecta el sentimiento anti-judío, que él generaliza, con las guerras libradas por Israel, entre las que incluye la lucha anti-terrorista, al parecer también injusta, y sentencia que este País perdió imagen y credibilidad por esos motivos. No se hace necesario, como se ve, responder a estas tonterías, ya que en su simplicidad, Arias concentra en pocos párrafos un esperpéntico esquema de anti-judaísmo primario: xenofobia provocada por la inmigración masiva (¿?), las guerras que Israel ha mantenido, así como la extraña simbiosis “lector”-iluminado izquierdista.

Este ex-funcionario del Ministerio de Exteriores español, al contrario que aquellos predecesores suyos, Justos entre las Naciones, Don Eduardo Propper de Callejón, Don Bernardo Rolland, Don Santiago Romero Radigales, Don José Ruiz Santaella, Don Julio Palencia y Don Ángel San Briz, que tan de cerca y dolorosamente vivieron el rancio anti-judaísmo, el de siempre, el que utiliza para sus malignos designios a los políticamente correctos, a los jóvenes huérfanos de principios, a los mercaderes de la información, a los clérigos de variopintos púlpitos, a los descuideros y raterillos de poca monta, roedores de basureros, este hombre, Arias, que tan poco aprendió en su oficio, hace caso omiso de los libros de Historia, siquiera de los publicados en España, y soslaya por ignorancia que las políticas anti-judías no son flor de un día y que ya el rey Recaredo, entre concilio y concilio, las practicaba mucho antes del año 595.

Haim.

http://haimfer.blogspot.com/



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