
BUEN ABOCADO, MALO VIZINO. Refrán sefaradí.
Desde que hace meses un preboste del régimen iraní pronosticó el resultado de un hipotético conflicto bélico entre Israel e Irán, 15.000.000 víctimas iraníes y 5.000.000 víctimas israelíes, surgen por doquier todo tipo de elucubraciones, acertijos y confidencias respecto de cuál podría ser el resultado real y final de ese encontronazo militar. Vuelan por el espacio cibernético sin orden ni concierto y a merced de los vientos. Casualmente, una de esas alocadas aves, lanzada al aire de los pronósticos por algún ocioso alquimista de lo imposible, se ha posado tranquilamente en el alféizar de mi imaginación. “Se aproxima una alianza chino-israelí”, es su mensaje.
Parece obvio que una buena amistad necesita un saludo como buen principio, y sucesivos amistosos saludos para mantener la empatía en el tiempo. Con ese espíritu el presidente israelí, Shimon Peres, dio la bienvenida a Hui Liangyu, viceprimer ministro chino, en su visita a Jerusalén, quien transmitió los saludos del presidente Hu Jiantao. Cortesías diplomáticas que vienen a refrendar las relaciones de cooperación y amistad que desde hace 18 años mantienen ambos países, y que han alcanzado importantes logros en todos los ámbitos, como en política, economía, cultura, ciencia y tecnología. En esta visita, remarca Hui Liangyu, afrontarán el incremento de la cooperación mutua en agricultura y ciencia más tecnología. Peres respondió en el mismo tono amistoso, diciendo que China se ha constituido en los últimos tiempos en una de las economías más pujantes, y que el gobierno chino tiene como empeño desarrollar una sociedad armoniosa, erradicar la pobreza y mejorar las condiciones de vida de su pueblo. Israel está dispuesto a ampliar la cooperación con China y seguir avanzando en las relaciones bilaterales, finalizó el presidente Peres.
Durante su estancia, Hui visitó varios proyectos agrícolas en un kibutz, asistió a la firma de importantes documentos de cooperación israelo-china y, pedida su opinión, se reafirmó en los principios y posiciones de su gobierno en cuestiones de Medio Oriente.
Hasta aquí la pura diplomacia, la necesidad del sustento diario y la sonrisa forzada aunque duela el callo. Pero no debe pasar desapercibido este acercamiento entre Jerusalén y Pekín, que ha sido paulatino desde 1981, aunque el establecimiento de relaciones diplomáticas se demorase hasta 1992, entre estridencias y desencuentros aparentemente irreconciliables. Aunque el de Jerusalén fue uno de los primeros gobiernos no comunistas en reconocer a China Popular en 1949, ésta, mediatizada por sus compromisos y simpatías hacia los países árabes, siempre fue renuente al trato amistoso con Israel. Indiscutiblemente, el desmantelamiento del bloque soviético, así como los resultados de la guerra en el Golfo Pérsico, conformaron un nuevo orden en el mundo, lo que propició el acercamiento del que hablamos y la obtención por parte de China de sustanciosos beneficios en el campo del turismo y en el de la industria. Como contrapartida, la potencia asiática se abstuvo en la votación que anuló la resolución de las NNUU que consideraba equiparable el Sionismo al racismo. Quedan en este cuadro por iluminar las zonas de sombras que el mercantilismo bélico chino crea con las ventas de equipos militares a determinados países de Oriente Medio (billones de dólares a Iraq, Irán, Arabia, Egipto, Libia y Siria). Estas ventas preocupan y mucho a la pequeña democracia, aunque la parte menos visible de esta cooperación china con los países musulmanes y árabes es la que mantiene sobre ascuas a las Autoridades jerosomilitanas: la nuclear.
Cabe preguntarse en este punto cuáles son o serán las consecuencias de este acercamiento. Desde que China se lanzó al mundo con el ánimo de conquistar cuantos más mercados, mejor, sus plazos y planes marcados se van cumpliendo inexorablemente. La simbiosis producida tras la Gran Muralla entre la praxis comunista y el mercado global van dando sus frutos. Su grado de influencia en el mundo aumenta día a día. No olvidemos que es miembro del Consejo de Seguridad de las NNUU y que la creciente vinculación entre la inmensa China y el minúsculo Israel, curiosamente, ha comenzado a crear tensión e malentendidos en las relaciones entre el Tío Sam y el sobrino judío.
Obviamente, no descubrimos nada al decir que, hasta 1992, la orientación política china hacia Oriente Medio se caracterizó por la condena sin paliativos del Sionismo, por el no reconocimiento del Estado de Israel y el apoyo a lo que ha venido en llamarse “causa palestina”. El cambio del rol chino en las esferas de poder político y económicos mundiales ha motivado el giro en esta orientación. La cuarta economía mundial, primer consumidor de carne, de carbón, de acero y de grano, y segundo consumidor de petróleo, ya no es enemigo de Israel. Pero, paradójicamente, el petróleo que consume este gigante procede de países musulmanes de Oriente Medio. Realidad difícil de disolver, salvo si la contrastamos con la otra evidencia, que nos expone un creciente recelo de los chinos hacia su otrora inamovible vinculación con los movimientos reivindicativos musulmanes respecto de cualquier territorio, allá donde algún imán tuvo la ocurrencia de señalarlo como santo y propiedad del Islam. Y ello motivado por sus domésticos problemas con los “”uigures”, allá en la región de Zingian. Las reclamaciones secesionistas de los musulmanes uigures y su inherente violencia no han encontrado eco ni en la Ciudad Prohibida ni en Bruselas, aunque las autoridades chinas locales imponen a los imanes y clérigos que hagan declaraciones públicas de sometimiento al PCCh, someten a las mezquitas y madrasas a estrecha vigilancia, y donde seleccionan a los enseñantes de la ley islámica para que no caigan en la censura política, lo que les acarrearía la pena de muerte.
El tradicional cinismo chino y la presión que sus inconmensurables dimensiones ejercen sobre el resto del mundo evitan que estas fístulas, y otras aún más violentas que el régimen sufre en sus carnes, sean motivo de críticas a tener en cuenta, manifestaciones y picaduras de oenegés que llevar a la prensa o denuncias en los foros internacionales que culminen siquiera en advertencia. La actitud oficial ha cambiado ostensiblemente. Las relaciones comerciales con los países árabes y musulmanes no han sufrido merma, pero sí los estrechos lazos amistosos. Existe ya un discurso chino muy lejos del apoyo a cualquier reivindicación musulmana y que apuesta decididamente por una paz diplomáticamente justa en Oriente Medio. Discurso que aplaude sin mencionarlo algo que es muy importante: no sólo el reconocimiento mutuo entre China (Pekín) y el Estado (Judío y Sionista) de Israel, sino también entre éste y los Estados de la zona de influencia pekinesa, Mongolia, Cambodia, Laos y Vietnam. En este sentido, cabe destacar que esta nueva relación está muy lejos aún de la complicidad y arraigado compromiso de Israel con los EEUU, y que los países musulmanes, a pesar de la dependencia china de su petróleo, no han conseguido atraer de manera definida a los herederos de Mao.
Bien que los numerosos sinsabores padecidos por ambas partes, los intereses americanos en la región siguen siendo el petróleo y, sobre todas las cosas, Israel. Este es un hecho por el cual los líderes musulmanes fruncen el ceño ante cualquier manifestación de amistad del Presidente Obama. Hasta ahora la incipiente amistad que venimos comentando, traducida a la creciente cooperación chino-israelí en materia militar Israel es el principal proveedor de armas de China) ha sido el verdadero y único motivo de encono yanqui en los últimos años, fundamentado en el temor a que se produzcan determinadas y peligrosas transferencias de tecnología armamentista. Al parecer, en Washington se sospecha que parte de esa tecnología pionera está ya en manos indebidas. Tal es el caso de algunos elementos de los F-10, de los misiles Patriot y algún tipo de radar.
Así están las cosas y estos son los actores. Irán sigue amenazando peligrosamente a Israel y al mundo democrático. No cabe duda que, ante las reticencias yanquis, las nuevas relaciones suponen para Israel un inestimable apoyo, más que presente, para el futuro inmediato, porque no es descartable de ninguna de las maneras el ataque preventivo de Israel al territorio iraní. Y digo “territorio iraní” y no “contra Irán” salvando las diferencias que hay entre una, o dos, o tres escaramuzas muy localizadas, y un ataque frontal contra la capital del Estado de Irán. Sólo una mano diplomáticamente firme, con intereses en ambos bandos, tradicionalmente hábil y perseverante, podrá conseguir y garantizar que la tecnología nuclear iraní no traspase los límites aún prudentes en los que está, acalle los tambores de guerra que están resonando y sea capaz de barajar las cartas marcadas de los “palestinos” con las que maneja Netanyau .
Haim.
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