
ENSUZIANDO MIS VIZINAS QUE AL BANIO ME VO.
Refrán sefaradí.
Hubo un tiempo en que como reacción a la guerra Irak-Coalición de la Voluntad, en la busca de las armas de destrucción masiva que EEUU había facilitado a Sadam Hussein hacía años, los personajes y personajillos de la progresía que por entonces medraban y se esparcían por despachos, redacciones y partidos políticos de descafeinada izquierda, comenzaron una campaña boca a boca, cuartilla a cuartilla, fax a fax, en pro de una más profunda introducción y mejor acomodo del Islam en Europa. Esta campaña se hizo más evidente en los países que no apoyaron a la Coalición de la Voluntad en su aventura iraquí. En los que, como en España, esta progresía, la ya instalada y la que buscaba posicionamiento, lejos del poder teórico, se hizo fuerte en las redacciones de prensa, teuve, radio, oenegés y demás grupos organizados por artistas sin calidad, sin éxito o en paro, e inició la Gran Campaña de equiparación nacional de las dos religiones de afiliación masiva: cristianismo e islamismo. Comenzó así, digo, un efervescente afán de dotar a los musulmanes de los elementos necesarios para, no la integración, sino la construcción de una sociedad paralela y excluyente con miras a su futura consolidación e institucionalización. Al igual que el mayor regocijo para un cristiano viejo era dar una limosnita al pobre, al pobre oficial, en la puerta de la iglesia, descargando así su conciencia, esa progresía desaborida se refocilaba confundiendo al mundo musulmán, el Islam, con los empolvados campamentos saharauis o mauritanos o con los cañizos iraquíes destrozados por las bombas americanas. Identificando a Occidente, y sobre todo al Judaísmo, como culpables de estos y todos los males sufridos por los mahometanos del mundo, reactivaron el anti-judaísmo hasta límites no imaginables.
Con pretensiones reformistas, estos torquemadas inquisitoriales, políticamente correctos se autodefinen, idearon y mantienen el propósito de fundar un Islam occidental, Euroislam, a fin de ir introduciendo el mensaje coránico sin que se note la letra. Proclaman que un Islam sin partitura es conforme con los derechos humanos, con la igualdad de sexos y la separación entre el Estado y las religiones. Esta es la fórmula que el gobierno francés intentó aplicar sin éxito y aquí los intelectuales y artistas subvencionados, soslayando los motivos reales por los que la subrepticia no cuajó en el vecino país, quieren colar de rondón, al amparo de una etérea alianza de civilizaciones. Sostienen que en España es viable y oportuna la fórmula. Viable, si se destinan a la promoción de un islam español, con un corán descafeinado, una parte de la inmensa fortuna que la Iglesia Católica percibe del Estado Español, y oportuna, porque con un islam nacional, debidamente promocionado, subvencionado y consolidado, se evitarían casos como el del imán de Fuengirola. Se trataría de “publicar libros musulmanes en las lenguas peninsulares, formar imanes de mezquitas y profesores de religión musulmana para los alumnos que lo deseen, y levantar mezquitas y cementerios dignos, con los fondos públicos necesarios y sean menester”. Tal y como lo transcribo fue publicado en El País, que, sin protestas ni silbidos discordantes, tuvo la aprobación tácita de la clase política en general, puesto que recogía punto por punto lo pactado en 1992 por el entonces Presidente del Gobierno Felipe González con las “asociaciones musulmanas españolas “, y, según añade el mismo periódico, “en el espíritu de un islam reformista que, en nuestro caso, podría buscar raíces propias en la tolerancia de Al Andalus”. Políticamente correcto.
Estas son las medidas aconsejadas por este “groupe de force” para evitar que las mezquitas sean construidas con capital árabe saudí, donde se predican interpretaciones wahabistas del Islam por parte de imanes como el de Fuengirola, que publica libros aconsejando las formas de golpear a la(s) esposa(s) sin dejarles marcas. La idea es buena, según afirman, porque, sin apretar aún más al contribuyente, podría ponerse en marcha con una pequeña cantidad de lo que gastamos en la Iglesia Católica. El refranero sefaradí, como siempre, lo tiene muy claro: “No me enforques aquí, enfórcame ayí”.
Haim.
http://haimfer.blogspot.com/.
