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Euroislam.

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QUIEN DA PRIMERO, DA CON MIEDO; QUIEN DA SEGUNDO, DA CON GUSTO. Refrán sefaradí.

Cuanto más se repite, menos atención se le presta. Lúcidas y fértiles plumas se afanan por advertirnos sobre los peligros del Islam radical, ya doméstico en Europa. Este Islam que, como el río Guadiana en España, aparece y se esconde periódicamente, al son que marcan sus líderes mundiales, aposentados en suites de lujo en Beirut y Londres, o en roquedales asiáticos, se transmite y reproduce paralelamente al multiculturalismo. Los amigos de la pluma nos aperciben sobre la creciente radicalidad de la población musulmana en sus reivindicaciones religiosas en nuestra sociedad, instigadas por determinados vates de la progresía más inútil, amparadas por cegatas políticas de integración de una población sin ningún interés en integrarse, puesto que su objetivo final es subsumir el sistema en el que voluntaria e interesadamente aterrizaron y sálvese el que pueda, y se incrementa día a día en proporciones geométricas. Pronto, antes de lo que muchos piensan, estos pobladores musulmanes serán mayoría, y serán una mayoría importante, determinante a la hora de emitir su voto e inundar los colegios y escuelas con sus polladas; una mayoría con un objetivo común, organizada e ideológicamente depredadora. Y mientras esperan a conseguir esa mayoría, entre bureos y anecdóticos chispazos pro yihab o contra yihab, permanecen sin llamar la atención, incubando lo imposible, reproduciéndose, bien nutridos por la intendencia afín, bien cubiertos por las sanidades públicas de los occidentales, que tanto abominan.

No cabe diálogo cuando el interlocutor tiene como único objetivo, no destruirnos, sino anularnos; hacer desaparecer incluso nuestras huellas, el olor de nuestros cuerpos. No cabe diálogo, no debería haber diálogo con el huidizo interlocutor que, sin mirarnos a los ojos, busca borrarnos del libro de la memoria. Y todo ello utilizando nuestras propias convicciones, nuestro sistema de libertades, en el que tanto y tan a gusto nos peleamos tú y yo, nosotros, y en el que ellos, considerándolo nuestro verdadero Talón de Aquiles, hurgan, hurgan y hurgan. Pronto, si D-s no lo remedia, nos fagocitaremos en nuestra propia sociedad democrática para, tremenda paradoja, no ser engullidos por una cultura sin cultura, una mera acumulación de barbaridades que la gente progre y ociosa denomina “cultura musulmana”, una especie de descomunal mantis religiosa depredadora del aire limpio, de la mirada franca, de la amistad, de la controversia pacífica, de la imagen siempre felizmente renovada de una cabellera femenina en libertad, de la tolerancia. Toda una regresión en la civilización occidental que me hace recordar las palabras de uno de los gobernadores británicos de la India a una representación de dirigentes locales, que le transmitían determinadas protestas: “Ustedes dicen que es su costumbre quemar vivas a las viudas. Nosotros también tenemos la costumbre de colgar por el cuello al hombre que quema viva a una mujer. Construyan piras funerarias para las viudas y nosotros las transformaremos en patíbulos para ustedes. Sigan con sus costumbres y nosotros seguiremos con las nuestras”.

Naturalmente, hay voces que claman en Europa ante ese destino, por demás nítido en el horizonte. Se ha comenzado a poner coto a todo este descontrol, aunque tarde, torpe y de mala manera, porque el movimiento se ha iniciado desde las filas cristianas y vaticanistas. Sólo cuando la Iglesia católica siente que le remueven el sillón se despereza. Aún se sabe libre de medrar en sus propiedades, pero también sabe que el peligro le viene claramente desde las mezquitas. Unos y otros utilizan los poderes civiles, a la ciudadanía creyente o no, en su lucha por el poder mundial.

La progresía europea (no me atrevo a llamarla izquierda), en su extraño y espurio maridaje con el Islam, cree fortalecerse apoyándose o apoyando, cínica o ciegamente, cuantos movimientos se efectúan (de momento) en el tablero musulmán. Es igual que el fogonazo se produzca en Grozny, Melilla, El Aaiún, Madrid, Gaza, Jerusalén, París, Nimes, Copenhagen, Londres o Rabat. La progresía en general cerrará filas en favor de la más peregrina reivindicación, blandiendo inexcusablemente unos principios constitucionales y de libertades que sus protegidos niegan religiosa e ideológicamente para su modus vivendi. Últimamente están sobando sobremanera el artículo 10 de la Carta de Derechos Humanos Fundamentales de la Unión Europea.

Ciertamente, estos partidos que se dicen, por ejemplo, a la izquierda del UDF francés, FDP alemán, o UPyD español, no olvidan que en la UE residen 20 millones de musulmanes y, si sumamos los del resto de Europa, esta cifra supera los 50 millones. Cincuenta millones de ciudadanos paralelos de disputado voto. Pero se equivocan esos partidos si creen poder contar con él. Generalmente y salvo en elecciones municipales, el musulmán es renuente a votar partidos laicos. Haciéndose eco de las proclamas a nivel europeo de la Unión de las Organizaciones Islámicas de Francia y con miras a evitar la disgregación del voto propio y por la natural desconfianza mahometana, están creando partidos políticos islámicos e islamistas. Los jóvenes moros, lejos de lo que consideran actitudes pietistas y contemplativas de sus mayores, pretenden acelerar el proceso con esporádicos movimientos de violencia urbana. Todo hace sospechar que esta violencia pretende la reacción de los agentes del orden, y así llamarla represión, y extender los enfrentamientos a otras zonas, para así llamarla “intifada”. Todo muy prosaico, prisas muy alejadas de los planes supuestamente trazados desde Irlanda por un consejo europeo para la Fetua y la investigación, entremezclados con directrices debidamente aclimatadas, con la pretensión de ubicar en el rincón del olvido el “fiqh”, una serie de códigos de jurisprudencia islámica, que hasta ahora había estado vigente. Esta nueva táctica, o modelo educacional, que desde sus directivas y sin rubor alguno definen como Concepción normativa que es una forma primera de Euroislam, contrapone los criterios mantenidos hasta ahora por Ramadán, el suizo, que reivindica un (cito literalmente) Euroislam holístico, esto es, despojado de cualquier carácter ad hoc y más pendiente de la inclusión de la cosmovisión islámica en el orden cosmopolita en construcción. Como fácilmente podemos deducir, aunque ambas tesis aparentan colisionar, en realidad tienden a complementarse. En el ideario del yihadismo son consecutivas, pero no excluyentes.

Queda para otro día debatir sobre el rol del musulmán europeo.

Haim.

http://haimfer.blogspoty.com/



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