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EL QUE SE ACOMPANIA DE SAVIOS GANA CONOSCENCIAS, EL COMPANIERO DE INIORANTES ASPERA PIÉDRITAS. Refrán sefaradí.
¡Oh, D-s , haz que mis palabras sean altas y claras, pero también dulces y tiernas, porque mañana puede que me las tenga que tragar!
En verdad, no creo que la acción de apresamiento de la germanoturcahispanopalestina flotilla con la que nos despedimos del mes de mayo haya sido uno más de los muchos errores que el Ministerio de Defensa tiene acostumbrados a los israelíes. Más bien creo que la estampita que teníamos en Europa de Israel nos la han cambiado. Israel falla en su conjunto, quizás excesivamente presionado interior y exteriormente. Ni las fuerzas armadas son lo gloriosas que eran antaño, ni los servicios secretos son los que otrora recibían admirativos comentarios hasta de los enemigos, ni la Diplomacia se mueve en las turbias aguas de los estanques amigos, no ya como un pez, sino como una rana en un lodazal.
A mi entender, los soldados han hecho lo que han podido y con las armas que les han facilitado. Tengamos en cuenta que éste ha sido el primer acto de la primera “Intifada marítima”. Fue anunciado a bombo y platillo hace meses. Se conocían los nombres de sus integrantes y sus nacionalidades. ¿Qué se hizo? Aparentemente nada, nada positivo. Esos barcos no habrían llegado hasta allí si se hubiese puesto en marcha una contra-campaña, de tal manera que esa opinión pública a la que tanto se le teme hubiese estado informada desde el inicio de las actividades e intenciones de los provocadores. Con lo ocurrido y como ha ocurrido se le ha puesto la carnaza en las fauces de las hienas.
Si todo lo dicho se intentó, si los gobiernos de los países de origen de estos marineritos fueron severa y públicamente advertidos, sólo queda airear las pruebas, exigir las responsabilidades correspondientes y aguantar el chaparrón, recoger sedal de la caña turca y esperar que la crema que se unte desde las embajadas y la diáspora vaya suavizando las pieles achicharradas de los cebados “activistas” y sus desparramados hagiógrafos. Pero no está de más repasar lo acontecido, siquiera sea para adornar un poco el ya ingente libro de los errores.
Las imágenes y declaraciones anteriores y posteriores a la captura han evidenciado el escaso cariz humanitario de la excursión marítima. De ahí que se negaran a descargar en el puerto de Ashod, con las garantías correspondientes. Cosa lógica en todo caso, porque el peso de los pasajeros y su herramental bélico era superior al de la supuesta carga humanitaria. Iban preparados para el enfrentamiento, lo provocaron y lo encontraron. Las televisiones y la prensa se encargarían de la claque y la publicidad. Todo muy sabido, muy previsible. Tanto como la sensación de que Israel no sabe manejar este tipo de situaciones de inestabilidad mediática. Ni fuera, porque nos coge con el culo al aire, ni dentro, porque ni a las moscas ni a los mosquitos se les ha dado el debido tratamiento.
Aún siendo así como se está diciendo, las veladas críticas al mando del operativo por no haber abortado o suspendido el abordaje desde el helicóptero, al tener constancia de la celada tendida por la gente terrorista, me parecen injustas, tanto en cuanto el resultado de la supuesta retirada, con dos o más soldados inevitablemente bajo los hierros y machetes del enemigo, hubiera sido desde cualquier punto de vista catastrófico. Tanto como dejar a esos soldados apaleados en manos de la canalla, como rehenes. Da escalofrío siquiera pensarlo. De igual modo, me parece también injusto acusar a Israel, como desde las propias filas se ha hecho, de aparecer siempre como el matón del barrio. Y es que ese es el eterno papel de este pueblo: protagonista. Para Israel no hay términos medios. No le dan otra opción. De ser un pueblo errante y perseguido, diseminado, sin patria, ha pasado a ser un mastín en medio de una jauría.
Pero caigamos en la cuenta que esta mala gente marinera, pese a que le acompañase algún que otro intelectual en busca de la notoriedad que su obra no le da, está modelada en la misma masa que los terroristas suicidas y les puede el fanatismo. Aunque el golpe recibido ha sido más contundente de lo que esperaban y aún andan (los españoles por las Ramblas) limpiándose las partes pudendas, volverán a intentarlo, sencillamente porque quienes les enviaron y financiaron han conseguido arrancar unos aplausos de los anti-judíos de siempre. Volverán cuando les financien otra flotilla, cuando los gobiernos occidentales vuelvan a engrosar las cuentas corrientes de sus ONGs con los euros suficientes que les permitirán seguir disfrutando de sus regaladas vidas, esperando encontrar a Israel otra vez en Babia, meditando sobre la posibilidad de un acuerdo de paz. Volverán con sus kufiyyas y banderas nuevas, si Israel no retoma la senda de la anticipación: golpear duramente antes de ser golpeados. Porque si algo me ha quedado claro es que los nueve o diez terroristas muertos no encontrarán billete de vuelta.
¿Cómo afectará lo ocurrido al proceso de paz?, le han preguntado, ya en Europa, a Henning Mankell, novelista sueco excursionista en la flotilla, autor de varias novelas del género negro. No sé, ha respondido, pero no volverá para verlo. Sus obras son consideradas pornográficas y sacrílegas por los vigilantes de la moral de Hamás, y no venderá siquiera ni diez gramos de papel en Gaza mientras la sharía impere en aquellas costas. No obstante, como a tanto y tanto intelectual infectado, la movida le cae bien, siempre y cuando sea anti-judía.
He oído que, ya fuera de micro, le preguntaron si el incidente afectaría negativamente a la venta de sus libros en Israel. No le afectará, parece que respondió, porque después de las algaradas siempre aparecen los servicios de limpieza.
Haim.
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