
SI NO SE AVIZINDA, NO SE CONOZE. Refrán sefaradí.
Una niña pregunta a su madre:
-Mamá, ¿cómo se creó la raza humana?
-D-s creó a la primera mujer, Eva, y al primer hombre, Adán. Ellos tuvieron muchos hijos y así se construyó la raza humana.- respondió la madre.
Un par de días después, la niña le hace la misma pregunta a su padre, el cual, muy convencido, le contesta:
-Hace muchos, muchos años, existieron unos monos que, con el tiempo fueron evolucionando, evolucionando, hasta convertirse en los seres humanos de hoy.
La pobre niña, muy confundida, corre junto a la madre y le dice:
-¿Cómo es posible que tú digas que la raza humana fue creada por D-s y Papá diga que somos monos evolucionados?
-Muy fácil, hija, –respondió la madre- es muy simple: Yo te hablo de mi familia y tu padre habla de la suya.
La verdad es que este chiste, a fin de aportar más luz sobre las conductas del hombre, habría tenido mejor lugar donde ubicarse en algún artículo o reseña sobre ateísmo o contra los evolucionistas de corta cuerda, pero se producen (se vienen produciendo desde hace siglos) determinadas actitudes en algunos grupos humanos, de seres humanos, que nos hieren la sensibilidad a los herederos de aquellos primeros poseedores del Edén, obligándonos a considerar y dejar constancia por escrito de la posibilidad de que alguna raza de monos en verdad evolucionasen en lo físico hasta llegar a parecerse a nosotros mismamente. En nuestro aspecto y, lo que es peor, muchas veces en la mímesis.
Pero hay humanos y seres. Humanos como el chico judío protagonista del corto que me enviaron ayer, en el que solo, absolutamente solo y ondeando al viento una bandera de Israel, se paseó arriba, abajo y entre unos encolerizados manifestantes antijudíos, cubiertos de kufiyas y banderas pro Hamás, y seres como esos mismos manifestantes, clones de los habidos en Turquía, Madrid, Bruselas, Francia o Barcelona, o como ese que se dice poeta argentino, que no parece judío pero que se inscribió en el registro civil de la mano de un judío y una judía, proclamado defensor de los que nada material tienen y, sin embargo, entregado en cuerpo y alma al poder; incluso a El País. Le dijeron que valía su peso en oro y le donaron el Premio Cervantes en 2008. Firma Juan Gelman. Si en verdad es judío, es uno más del auto odio y, por lo tanto, no vale su peso en calderilla. Aunque, en sus arrebatos, es capaz de parir:
“¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí la sed,
Hasta aquí el agua?
¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el aire,
Hasta aquí el fuego?
¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el amor,
Hasta aquí el odio?
¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el hombre,
Hasta aquí no?
Sólo la esperanza tiene las rodillas nítidas.
Sangran”,
y, tal vez seducido por el vil metal, tal vez por la trabazón ideológica del estalinismo, es capaz de arrojar toneladas de pus sobre la imagen de Israel, de lo judío; sobre la memoria de sus padres, de sus abuelos, de sus tradiciones, las mismas que no puede arrojar de su existencia por más que le pese. Su obsesión abraza la paranoia. O a lo mejor su afán de lucro, el que le llevó a idear y proclamar la teoría conspiratoria de que los servicios secretos americanos y el Mossad organizaron el 11 de septiembre, o estuvieron en ello. Aunque hay quien le otorga el título de “opinólogo de asuntos internacionales”, la verdad es que sus artículos, nacidos de la más recóndita de sus vísceras, son monotema: están relacionados con Israel por activa, por pasiva o directamente en contra.
Ahora, anteayer, El País ha vuelto a acogerlo maternalmente, para hacer una vulgar sinopsis de la aventurera experiencia del Mavi Mármara y los otros barquitos en las costas de Gaza, que son aguas en conflicto y las controla Israel, cosa que él no dice. Sus palabras rezuman choteo y las embadurna de una tosca pátina de guasa para poner en solfa las explicaciones e imágenes ofrecidas por el Gobierno de Jerusalén, que él, como buen seguidor estalinocastrista, sigue colocando en Tel Aviv. Para ello no duda en sacar a la luz alguna que otra supuesta frase de Jabotinsky de hace más de 80 años, como si el mismo Peres las hubiese pronunciado, y los sucesos de Sabra y Shatila, aunque respecto a éstos responsabiliza a determinadas milicias, telemandadas claro está. En lo referente a las responsabilidades sobre el apresamiento de los barcos terroristas fletados por Turquía, Gelman considera “cómplice” a EEUU y a cualquier otro país que no haya señalado, culpado y sentenciado a Israel.
Naturalmente, tras el vistazo, no más, dedicado al panfleto del laureado poeta, la curiosidad me ha obligado a sumergirme en páginas y páginas de su mala palabrería anti judía, asqueándome de tanta mierda escrita, llegando a la conclusión de que Juan Gelman, en su monotema, hace muchos años, cuando la Unión Soviética apoyaba incondicionalmente la creación del Estado de Israel, comenzó a escribir un interminable libelo, lo ha ido troceando en forma de entregas y nunca le pone el punto final. Así que con las nuevas tecnologías lo tiene fácil: cortar y pegar, punto y seguido. De tal guisa y como resulta que una de las esquirlas que tiene clavadas en su alma es Jerusalén, su carácter de capitalidad israelí y su universalidad judía, no conformándose con poner en duda este carácter judío, se atreve a afirmar que Jerusalén debe ser la capital del futuro Estado de la Autoridad Palestina, “porque su población y la historia así lo dictan”. Este discurso es completamente discordante con el espíritu de otras opiniones suyas mantenidas en diversos medios, lo que es proverbial cuando se escribe al dictado o movido por el afán de daño. Es sabido que nunca ha existido una Jerusalén Este y otra que no lo es, así como que su población ha sido siempre mayoritariamente judía. Esta apodíctica aseveración viene, incluso, corroborada por los propios documentos históricos aportados por los árabes en cuantas ocasiones han reclamado algún tipo de reconocimiento sobre la Ciudad Santa.
Gelman, que como ya digo es un aceptable poeta y un penoso prosista, tiene cargada su pluma con vitriolo. Se deja caer vaticinando malos vientos para Israel, como si con el vecindario que ha tenido le hubieran soplado alguna vez los buenos. En estos momentos bastante es que Egipto, Jordania y Arabia no se hayan alineado oficialmente con los acusadores. La ANP espera que esta noche haya maná para ellos y Turquía, como perro de jardín, ladra, ladra y ladra, mientras se frota las manos teniendo a Hamás con sus doctrinas lejos de Ankara, viendo como Israel le da leña al mono.
Haim.
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