
OJOS ELLOS Y NO VEN. Del refranero sefaradí.
Se queja cierto autor español, aunque apátrida por convicción y autodefinición, de las dificultades que tuvo en mayo pasado en Siria a la hora de tramitar su visado de entrada, cuando un funcionario le preguntó si había visitado Israel. Según cuenta, este funcionario le aconsejó muy amablemente que para poder conseguir el permiso de entrada debería negar haber estado en “los territorios ocupados de palestina”, eufemismo utilizado en las teocracias, autarquías, dictaduras y repúblicas árabes y musulmanas para referirse a Israel. Aunque él, en el mismo tono amable, le explicó que había estado varias veces, hubo de hacer lo que el funcionario le pedía, aún a costa de incurrir en flagrante falsedad documental. La dulzura flotaba en el ambiente y los deseos de cumplir con las reglas locales, evidentes.
Cualquier persona, turista ocasional o habitual de las rutas medio-orientales, sabe que el sello israelí en el pasaporte propio es motivo inapelable para impedírsele la entrada en Irán, Siria, Líbano y otros países islámicos de la zona. Si consideramos que este autor español nacido en Barcelona es asiduo visitante de Siria y la república de los cedros, Marruecos y Túnez, y sobre todo, de Gaza y Cisjordania, es lógico pensar que estos trámites aduaneros se los conoce al dedillo y que por ignotos motivos se los puede saltar a la torera, por lo que las peripecias contadas al principio habrá que considerarlas como anécdotas de mentirijillas, mentira oficiosa que no viene a cuento o sencillamente relleno del mal narrador; una pequeña argucia para poder dejar escrito en las páginas de El País, nada más y nada menos, que es un advertido correcaminos de las polvorientas trochas mahometanas y que estos senderos y veredas le llevaron durante años, sabe D-s si transmitiendo noticias o mensajes, desde Beirut a Ramala, de Damasco a Teherán, Marraquech o Dar el Salam. Perro viejo de las medinas.
El mundo de las letras está por desgracia repleto de prestidigitadores del verbo, que tienen la habilidad de reflejar en sus páginas lo contrario de lo que sus ojos están contemplando, lo opuesto a lo que esté oyendo; tergiversar lo que ha leído. Este extendido mal de las letras se produce normalmente por motivos económicos, cuando se prostituye la pluma, aunque existe una variedad mutante de este enviciado, que es capaz tanto de revestirse del más puro mercantilismo como de transfigurarse en defensor de las más insospechadas causas, por crueles y sangrientas que estas puedan resultar. Sin embargo, cuando estos intelectuales, por valores propios o ajenos llegan a determinada posición social y cultural, se dirigen a sus lectores, que suelen tenerlos, y oyentes en sus conferencias, como frailecillos desde púlpitos. Ya no informan: dogmatizan; ya no recrean: advierten, anatematizan. El diario El País, desde hace mucho tiempo, gusta de elevar a sus alminares a estos elementos cuando los tienen a mano con algún artículo o redacción ensalzando las bondades del entorno musulmán, costumbres y buenos usos de las gentes de países islámicos, de lo mal que la naturaleza les ha tratado, no permitiéndoles desarrollar libremente su potencial y sus recursos, y de la parte de culpa, o toda, que Israel tiene de ello por el mero hecho de existir. Hasta de lo infame que suele resultar ser el régimen que los subyugue en cada momento.
Torpe hasta lo indecible en su mendacidad, este autor que referencio, amigo íntimo de Jean Genet pese a la diferencia de edad, aunque el amor todo lo puede y bien que lo sabía Abdallah, el funambulista íntimo de Yaser Arafat, suicida y gigoló por delante y por detrás de artistas desencantados, este autor que digo sirvió de enlace entre sus amigos parisinos y los terroristas de Al Fatah, que él denominaba “resistencia palestina”. Eran los años posteriores a la gran derrota de los ejércitos de Mahoma en la Guerra de los Seis Días. Infiltrado en los campamentos de Arafat en Jordania tuvo constancia de la íntima relación que existía entre los terroristas y Hafez el Asad, entonces ministro de la guerra de Siria a punto de dar el golpe de estado e instaurar la Dictadura hereditaria que se posesionó de Damasco. Subvencionados con rublos y alguna que otra moneda coronada, este y otros escritores trataban de lamer las heridas de guerra mahometanas con artículos, conferencias, entrevistas y apariciones públicas, en las que el Estado de Israel siempre resultaba ser la gran araña surgida a los pies del Sinaí. La pérdida de los Altos del Golán y, sobre todo, la restauración de la soberanía israelí sobre Jerusalén fueron durante años los principales golondrinos en los sobacos de estos plañideros del Islam.
Ahora que en la República Árabe Siria posiblemente no haya ni un solo ministro que recuerde el Golán propio, que serán escasos los habitantes de Damasco o Aleppo o Palmira que recuerden las matanzas de los Hermanos Musulmanes, que ni uno solo de sus bigotudos habitantes que beben té sobre cualquier caja de tablas en cualquier rincón del país sabe ni quiere saber nada de la Gran Siria, ese globo mugriento y desinflado, ni de aquella flatulencia llamada RAU, que abandonó a su merecida mala suerte a los terroristas de Arafat cuando el rey de Jordania los masacró y expulsó, ahora, digo, el Dictador Heredero sirio pretende poner condiciones a un hipotético acuerdo de paz, y esos sus plañideros le quieren vender la burra en Occidente. Y saben esos abarraganados y nutridos apologistas, ese réprobo barcelonés untador de mirra, que el conjunto de sus acciones hubiera sido la mejor carta de presentación de Hafez el Assad, sus sistemáticas eliminaciones de opositores, sus bombardeos de la localidad de Hama, con matanza de cincuenta mil seguidores de Hermanos Musulmanes, glorioso hecho que no trascendió en los medios occidentales; como saben que el heredero ha seguido fielmente los pasos de su padre, manteniendo a su pueblo en la mayor orfandad de libertades y derechos, y sus cárceles repletas de presos políticos, periodistas o quejosos del Régimen. La Mujabarat, terrible máquina represora, sigue funcionando a frenético ritmo de arrestos con allanamientos y torturas con nocturnidad.
Creo que entre los nostálgicos recuerdos damascenos del amigo íntimo de Jean Genet y la realidad actual del país existe la misma diferencia que hay entre el rebuzno de un pollino sirio y el trepidar insufrible de una ridícula motocicleta de fabricación iraní. Sus percepciones de disminución del sentimiento de opresión, incremento de las actividades culturales y artísticas en una fase de mayor apertura y libertad, no coinciden con las informaciones que nos llegan vía Bruselas o de la Human Rights Watch, ni con los informes de la Oposición Siria exiliada en Europa, que saben distinguir entre la realidad de la Siria actual y las patrañas que se publican. La realidad del partido único, de la escasa prensa amordazada, de la falta de hálito en la población, cada día más pobre (30,1% por debajo del debajo del umbral de la pobreza) por una economía estancada en el 1,7 por ciento, niveles de 2004, y un crecimiento demográfico del 2,7 por ciento, es la única carta de presentación de un Régimen al que defienden unos bobos con los ojos aún llenos de imágenes de ostentosos desfiles y variopintos uniformes de opereta.
Cada uno escoge a sus amigos y huye de sus enemigos. Es posible que, como dice en El País, incluyendo a Siria en el llamado eje del mal, Bush cometiera una chapucera y estrafalaria acción. Y así lo afirma este amigo de Jean Genet y de su novio terrorista, vecino de Marraquesh, este amigo de Arafat y su plana mayor. Pero no cabe duda de que Siria es un nido de terroristas, armador y protector de Hizbulá y Hamás, así como socio fiduciario del Irán de Ahmadineyad, con su mutua coincidencia en la negación de la Shoá y deseos de eliminación del pueblo judío. No, no va a depender de Bachar el Asad la futura estabilidad de Oriente Medio, ni el cambio de actitud de Turquía. Su curriculum no nos es válido, porque no exporta más que elementos para el terror. Sus valedores, como Goytisolo, no le mejoran la plana.
Haim.
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