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Preguntas y dilemas.

yom-kippur-03

AL ENTENDEDOR SECH MEZES DE TIEMPO. Refrán sefaradí.

“Al final del pasillo una ventana abierta de par en par dejaba entrar un viento cálido que movía las cortinas con suavidad, haciéndoles tomar formas caprichosas, inflándolas como burbujas y dejándolo ir con un leve latigazo. Al otro lado, a la izquierda y enfrente de donde Shamuca permanecía atento y expectante, recién terminado el primer tramo de escalera, una puerta oscura, de pintura agrietada y picaporte dorado, dominaba el corredor. Más allá y en la penumbra se iniciaba un nuevo tramo de la escalera. De las paredes colgaban algunos cuadros acristalados con paisajes en blanco y negro.

Hacía rato que Shamuca jugaba con su primo, escondiéndose y buscándolo por toda la casa, incluido el patio y el lavadero, yendo de sorpresa en sorpresa, puesto que era la primera vez que lo visitaba. En realidad, era la primera vez que los veía a todos, porque Papá nunca tuvo los suficientes cuartos para llevarle tan lejos de su ciudad, tan al sur. Sí había visto algunas fotografías, muchas deterioradas, de sus tíos, el hermano de Papá y su esposa, pero no así del primo. Nunca les habló de ellos detenidamente, salvo en escasas ocasiones, de forma sesgada y sin mucho entusiasmo. Papá era de pocas palabras, pocos amigos y poco dinero. Vivían en pleno centro urbano, casco antiguo de su ciudad, en un lateral de su taller de carpintería, entre virutas y tableros.

Papá conservaba algunos libros de pastas de piel bruñida que leía a menudo a la luz triste y pálida de una lámpara sin adornos, mientras él, Shamuca, dormía o simulaba dormir. Luego guardaba los libros en el fondo de un pesado cajón de madera gruesa, que apenas si conseguía arrastrar sobre el piso, junto a serruchos, tenazas y otras herramientas. Vivían solos desde que su madre, joven y guapa, falleció de tisis, siendo él aún lactante. Poco la recordaba. Desde entonces Papá era padre y madre.

Ahora era verano, había terminado el curso en el colegio y Papá lo había acompañado hasta la casa de sus tíos, viajando durante horas en un autobús viejo y chato, que conservaba en las chapas laterales unos agujeros de proyecti de la guerra. A partir de ahora vivirás con los tíos y con tu primo, le dijo poco antes de que el vehículo se detuviera en el arcén de la carretera, en medio de una infinita paramera. Yo me quedaré unos días, añadió.

La tarde iba cayendo. El primo hacía rato que no se oía. Sin embargo le pareció escuchar ruido de sillas y carraspeos tras la puerta del pasillo. Cautelosamente se acercó y puso la oreja para oír. Era la voz de su tío, tan grave:

“Baruj Atá Adonai Eloheinu Melej Aholam Asher kideshanu bemitzvotav Vetzivanu leadlik ner shel Shabat…”

La puerta cedió y dio con su cuerpo en los ladrillos de la estancia, quedando atónito y extendido cual largo era. En la habitación unas velas iluminaban la escena: su tío, con un libro en la mano, miraba a Shamuca por encima de las gafas; su padre, también con un libro, meneaba la cabeza con reprobación; la tía Sara, junto a la puerta, y su primo, que rompió a reír a carcajadas, al fondo de la estancia. La tía Sara, sonriendo, le preguntó:

-¿Dónde te habías metido? Anda, entra…

Más tarde, tras la cena, en tanto se preparaban ambos para acostarse, su padre le informó de que era Shabat y debería ir aprendiendo. Ya en la cama, mientras llegaba el sueño y el restregar insistente de los grillos se adueñaba de la noche, veía el resplandor titilante de las velas en el techo del pasillo.”

Estos recuerdos, que ya en alguna ocasión he expuesto sin recato, sustancian de alguna manera una realidad que ha existido por sí misma, pero soterrada en el aluvión de los acontecimientos, de la misma forma que los cuerpos, humanos o no, de los pompeyanos, quedaron fijados cada uno de ellos por el polvo y lava volcánicos en rictus para la eternidad. La vida ha seguido al margen de ellos, presos en sus inútiles amagos de continuar activos. De igual modo, las personas y sus hechos, los recuerdos, permanecen no inanes, pero sí fijados a tu existencia como policromados recortables, sin que puedas modificarles el gesto ni insuflarles el hálito necesario para que sean otra vez tus compañeros de viaje. Son, como digo, aquello que pese a todo pertenece a tu vida, que cambia constantemente sometida a la presión del mundo moderno, alejándote cada vez más de lo que nunca debiste dejar que se alejara ni siquiera un milímetro.

Reiteradamente he leído que los judíos son muy vulnerables a la asimilación en el llamado mundo moderno, y que la mayoría de ellos son absolutamente indiferentes a las prácticas y pensamiento halájicos. El proceso, parece, ha sido paulatino y, en los últimos tiempos, acelerado. Hasta el punto de que, salvando alguna puntual festividad, muchas tradiciones han dejado de ser importantes para esa mayoría de judíos. Sin embargo, como dice el Rabino David Hartman, y a pesar de esa indiferencia, existe un fuerte lazo que une a los judíos entre sí, practicantes o no, que les hace sentirse como una familia, interesados por la continuidad y supervivencia de Israel, dando testimonio de definición como Pueblo. Esto no deja de ser sorprendente para los que llegamos con el hatillo al hombro. Por un lado son olvidadizos con las normas y por otro lado procuran mantener el mortero del edificio en buenas condiciones.

Por otro lado es duro comprobar el seísmo que provocó en Israel la decisión del Tribunal Supremo de aceptar las conversiones reformistas y conservadoras como probatorias para definir la nacionalidad judía. La Knesset ha sido un hervidero, un triste espectáculo, en palabras de este Rab, porque cuando llueve políticamente sobre Israel, caen chuzos de punta. El rechazo de la ortodoxia se ha recrudecido y ello ha afectado a la tensión parlamentaria, incrementando si cabe la inquietud tanto entre los que cumplen los “minián hamitzvot” y los que de momento han de seguir cumpliendo los siete “mitzvot de bneiNogi” y sus derivados. Las pruebas de colectiva solidaridad y compromiso de los judíos de fuera, tanto si son no ortodoxos como si están a medio cocer, no solo no consiguen disminuir la intransigencia ortodoxa, en un ciego rechazo a la sangrante realidad y a las verdaderas necesidades del pueblo judío, sino que aumentan su desprecio a cualquier tipo de acercamiento al Judaísmo que no lleve su sello.

Yo también considero primordial e imprescindible, razonable, que los líderes ortodoxos se esfuercen, conjuntamente con reformistas y conservadores, en diseñar un programa único de estudios para las conversiones, en lugar de aplicar todo los esfuerzos en mantener su estatus. Estos líderes ortodoxos, según se desprende de las noticias diarias que nos llegan, siguen utilizando los resortes parlamentarios con objetivos totalmente huérfanos de interés para la mayoría de los judíos, ya que los problemas de éstos no coinciden con los que obsesionan a estos líderes, que no son más que el afán de autoridad exclusivista sobre la interpretación de los textos halájicos. La tradición es común, y no es arrojándola al rostro de los que como única valija llegan con ilusión, con unos recuerdos más o menos definidos y con el sentimiento libérrimo de pertenencia a la Familia, como se inviste uno de autoridad y de argumentos válidos para diluir esa indiferencia mayoritaria sin que necesariamente parezca un revestimiento. Porque hablamos de memoria, tal y como la define Albiac: memoria, no historia. Son ambas, historia y memoria, entidades no ya distintas sino contrapuestas. La memoria es afectiva y cercana; la historia, glacial y ajena. En la memoria se construye nuestro universo sentimental, al cual en poco concierne la verdad de los hechos… ¿Cómo explicarse pues el desprecio a los movimientos reformistas y conservador, ignorándose sus esfuerzos por rescatar el interés de los judíos más indiferentes a sus propias tradiciones? ¿Cómo explicarlo, si contemplamos las javurás y casas de oración que surgen por doquier gracias a los guer que se arremolinan en el regazo de estos movimientos, en medio de tanta indiferencia ortodoxa, de tan despótico mirar a otro lado? Son lugares sin ataduras ni falsos dilemas, donde reza la gran mayoría de los judíos.

Está en juego la unidad del Judaísmo.

Haim.

http://haimfer.blogspot.com/



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