Asociación Massada BneiAnusim

Sólo vuelve a la Eternidad quien en la Tierra busca la Eternidad.

Archive for the 'El Rincón de la Halajá' Category

Shabat.

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Mira a tu alrededor, el mundo es un lugar oscuro. La gente está deambulando por él, errantes en busca de algún significado. Prueban una que otra filosofía, tal o cual religión. ¿Dónde están las respuestas? ¿Dónde esta la luz?

La luz fue creada en el primer día, y la Torá dice, “Y fue bueno”.

Es una mitzvá para la mujer encender las velas de Shabat. Es el privilegio de una mujer traer lo “bueno” al mundo a través de la luz. ¿Cómo pueden esas dos pequeñas y titilantes velas en mi mesa, iluminar al gran y oscuro mundo?

Las velas nos escoltan hacia el sagrado día de Shabat. De esta forma, esas dos pequeñas luces de vela nos dirigen a una luz muchísimo más grande, la luz del Shabat.

Shabat es una Gran Luz

La luz al final del túnel es brillante - rompe con la oscuridad. Shabat también rompe la oscuridad, no es solamente un día en el cual paramos de trabajar. Shabat es el Día de las Velas, el Día de la Luz, el día en que vemos claramente nuestro propósito en este mundo. Shabat es el día en el cual vemos que tenemos un alma.

El alma misma es llamada una vela - la vela de Dios. Es la luz del mundo, que infunde espiritualidad al cuerpo y a todo lo material. Sin espiritualidad, el mundo estaría en un estado de oscuridad. Es el alma la que conecta a los seres humanos con Dios. De forma similar, Shabat es el alma de la semana, y sin Shabat, el mundo es un cuerpo sin alma. Cuando las mujeres encendemos las velas, le damos la bienvenida al mundo a esa luz adicional.

Shabat también nos entrega un alma adicional. Durante el resto de la semana, un alma tiene suficiente potencia para recibir la santidad que esta disponible. Pero necesitamos dos almas para ocuparnos de la santidad adicional que entra al mundo en Shabat.

Es muy fácil ignorar esta alma y espiritualidad adicionales que están disponibles cada Shabat, y pasarnos el día comiendo y durmiendo. Necesitamos preguntarnos, “¿Es este el uso más eficiente que puedo darle a un alma adicional?”.

Escuché una vez que es más fácil superar conflictos internos en Shabat que durante otro día de la semana. Esto es porque durante la semana, las probabilidades están en nuestra contra - es un cuerpo versus un alma. Pero en Shabat, es dos contra uno - dos almas versus un cuerpo. En Shabat tenemos una posibilidad real de tener mayor control.

Enciende el Alma

Solemos encender velas en las cenas románticas. ¿Qué hace que una habitación sutilmente iluminada sea romántica? Son las velas - ellas atraen a las personas a nivel del alma. Esto va mas allá de compartir una cena juntos - eso es mundano, físico. Más bien, se trata de dos humanos conectándose en un nivel profundo y espiritual. Eso es emocionante, romántico y se produce gracias a las velas.

Esto también es Shabat. Las velas nos acercan unos a otros, y nos acercan también a Dios. Nuestra alma es atraída hacia El y viceversa, Shabat es una canción de amor, es romance, es una cita entre nosotros y Dios. (Recuerda, en Shabat no te concentres en la comida - ¡concéntrate en la cita!).

Nosotras las mujeres somos las que encendemos este romance con Dios. De esto se trata el encendido de las velas.

Reflexionemos sobre nuestra mitzvá y pongámosla en su dimensión espiritual adecuada. ¿Sientes la luz en Shabat? ¿Sientes como tu alma se enciende?

Nuestra tradición nos proporciona una pauta para experimentar la dimensión espiritual del encendido de las velas. Compra unos candelabros bellos; asegúrate que ellos y la bandeja en que descansan estén brillantes para enfatizar la importancia de esta mitzvá. Encender con aceite de oliva es muy recomendado porque produce una luz muy intensa. Procura estar vestida con lindas ropas al momento de encender las velas y, por supuesto, de estar a tiempo (18 minutos antes de la puesta de sol del viernes por la tarde). Prepárate, piensa y concéntrate en esta gran experiencia.

Conexión del Alma

Nuestra tradición nos enseña otra cosa extraordinaria. Para ayudar a los niños a alcanzar su potencial, una mujer debe sentir una enorme felicidad cuando enciende sus velas de Shabat. ¿Qué no harían los padres para tener buenos hijos? Pagan cuotas altísimas para que asistan a las mejores escuelas; los inscriben en actividades extracurriculares, pasatiempos, vacaciones para estimular sus mentes y reforzar sus cuerpos; los alimentan bien, con comidas sanas; les compran ropas finas. Sin embargo, las fuentes judías nos dicen que una de las cosas más importantes que podemos hacer por nuestros hijos, es ser cuidadosos y estar felices al momento de encender las velas de Shabat. Esa es nuestra inversión para merecer hijos judíos buenos, sabios y espiritualmente satisfechos.

Las velas de Shabat también crean un ambiente de paz en el hogar. ¿Cómo? La gente disfruta más de la comida de Shabat con luz adicional. Y hay algo aún más profundo, las velas conectan a las personas en un nivel espiritual. Las almas no pelean, los cuerpos pelean; la luz de las velas evoca una conexión del alma entre las personas, creando una paz verdadera en el hogar.

Shabat nos recuerda que hubo una creación y un Creador. Así como Shabat llega luego de seis días de trabajo, nuestra conexión fundamental con Dios viene en el mundo venidero - ¡luego de años y años de trabajo!

Los seres humanos se preguntan, “¿Para qué estamos viviendo?” La luz de Shabat responde “Para una eternidad de luz, calidez, y cercanía a nuestro Creador”.

Shabat es la meta de la semana, no es simplemente una parada de descanso para prepararnos para la semana siguiente. En realidad, trabajamos durante toda la semana para este día de placer. Existe incluso una tradición de contar los días anticipando la llegada de Shabat. “Ya estamos llegando…Casi estamos ahí… ¡Llegamos!” Es como una novia contando los días que faltan para su boda - no porque la boda marca el fin de sus preparativos, sino porque es la meta.

Shabat es nuestra meta, nuestro destino. En Shabat todas las dificultades de la semana que pasó se transforman en una nueva realidad. En Shabat todos los dolores se transforman en bellos y nuevos desafíos.

Que encendamos las velas con alegría, cuidadosamente y felices, hasta que el mundo esté completamente iluminado por las velas del Shabat.

Originalmente publicado en “Jewish Woman Speak About Jewish Matters”

Desenmascarando lo Divino en Purim.

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Hace diecinueve años, durante mi primer mes viviendo en Israel, yo estaba en un bus pasando por la principal vía de transito de Jerusalem, la calle Yaffo. El bus paró en una luz roja, y me asomé por la ventana. Vi a una anciana con sobrepeso caminando con dificultad, subiendo la colina mientras arrastraba varias bolsas. Un limosnero estaba sentado en el pavimento, con su mano estirada. La anciana se detuvo, bajo sus bolsas, una a una en la vereda, hurgó en su cartera, sacó su billetera, y le dio una moneda al hombre. En ese minuto, la luz cambió y mi bus se alejó.

La semana pasada, salí de mi casa tarde para una reunión. Cargada de bolsas de botellas vacías para reciclar en el supermercado después de mi cita, caminé tan rápido como pude hacia mi auto, en el estacionamiento del Cuarto Judío en la Ciudad Vieja de Jerusalem, a cinco minutos caminando de mi casa. Cuando iba llegando al estacionamiento, pasé cerca de una mujer pidiendo limosna con la mano estirada. Yo le había dado a esta mujer en particular hace una semana, pero ahora estaba apurada y mis brazos me dolían por el peso de las botellas. Mientras pasaba corriendo a su lado, le dije, “Esta vez no puedo. Lo siento”.

Estaba a cinco o seis metros cuando recordé a aquella anciana en la calle Yaffo hace 19 años. Ella era más vieja, y estaba más sobrecargada que yo, y así y todo había parado para darle al limosnero una moneda. Si ella lo hizo, yo también podía. Me di vuelta, caminé varios metros hacia la mujer, bajé todas mis bolsas con un sonido estridente, hurgué en mi cartera buscando mi billetera y le di a la mujer una moneda de un shekel. Ella sonrió y me dio varias bendiciones.

Acciones en 3 Dimensiones

Cada acción que realiza el ser humano afecta en tres dimensiones. Afecta a quien ejecuta la acción, como un punto en una página. Afecta a la otra persona o a las personas involucradas, como cuando un punto se extiende en líneas y forma un cuadrado. Y afecta a quienes atestiguan la acción (de hecho a toda la sociedad), como cuando un cuadrado se expande y se transforma en un cubo.

Por ejemplo, si A le roba dinero a B, A se afecta a si mismo; su propio nivel de honestidad e integridad disminuye. También afecta a B, no sólo porque ahora B tiene menos dinero, sino que también su nivel de confianza disminuye. Además, afecta a quien es testigo o escucha acerca del robo, ya que robar es añadido a su lista de “comportamiento humano posible”. Mientras más robos vea o escuche, lo “posible” se hace cada vez más “normal”.

Este tercer efecto en realidad abarca no sólo a aquellos individuos que son testigos o escuchan acerca de un robo, sino que a la sociedad como un todo. Yo crecí en América en las décadas de 1950 y 1960, nunca vi una tienda con detectores antirrobo en la salida. Las etiquetas plásticas adheridas a cada prenda en cada tienda de ropa no existían en ese entonces. La gente podía pagar sus compras con un cheque sin tener que entregar tres diferentes pruebas de identidad. ¿Qué pasó?

Los individuos comenzaron a robar. Cada uno de los ladrones fue bajando los estándares de honestidad de la sociedad americana. Lo que alguna vez fue idiosincrásico, se transformó en la norma. De esta misma manera, cada acción que realiza individuo, sutil pero tangiblemente, afecta el todo.

El judaísmo tiene dos palabras para describir este concepto. “Kidush Hashem”. Aquellas acciones que revelan la presencia de Dios en el mundo. Por el contrario, “Jilul Hashem”, son aquellas acciones que esconden la presencia de Dios.

Aunque el Kidush Hashem es generalmente utilizado para describir grandezas, acciones heroicas, se aplica igualmente a toda acción que revela a Dios en este mundo.

Cuando un ser humano realiza un acto de integridad, honestidad, generosidad, compasión, o auto sacrificio, está revelando divinidad en el mundo. “Kidush Hashem”, literalmente significa “santificación del Nombre Divino”. Aunque el término es generalmente utilizado para describir acciones heroicas, como cuando los judíos han tenido que escoger la muerte antes que abandonar su religión, se aplica también a cualquier acción que revele la presencia de Dios en el mundo.

La anciana de la calle Yaffo que se detuvo para darle una moneda al limosnero hizo un Kidush Hashem. Al revelar su capacidad de ser bondadosa a pesar de la situación complicada que enfrentaba, ella me hizo entender acerca de mi propia capacidad para escoger la bondad ante la conveniencia. Ella subió mi estándar de “¿Qué tanto estoy dispuesta a complicarme yo misma para ayudar a otro?”. Ya que la bondad es un atributo de Dios, mientras más gentileza haya en la sociedad, eso significa que más revelación de Dios va a haber en el mundo.

Por el contrario, cuando un ser humano realiza un acto de maldad, crueldad, avaricia, deshonestidad o egoísmo, está escondiendo la presencia de Dios en este mundo. “Jilul” proviene de “Jalal” que significa en hebreo “espacio vacío”; un Jilul Hashem genera que este mundo parezca vacío de Dios.

Cada acción es como una piedra tirada a hacia un charco de agua infinito; las ondas que causa van aumentando en círculos más grandes, infinitamente. Diecinueve años atrás, una anciana en la calle Yaffo bajó sus bolsas para darle una moneda a un limosnero. Ella no sabía que estaba siendo observada. Diecinueve años más tarde, inspirada por aquella mujer, yo caminé cinco metros y bajé mis bolsas para darle una moneda a una limosnera. No tengo idea si alguien me estaba observando a mí…

El Banquete del Rey

Revelar y esconder lo Divino es la esencia de la historia de Purim.

No solamente los mega-héroes juegan un papel crucial; los judíos comunes fueron los catalizadores de la historia de Purim.

Generalmente vemos la historia de Purim en términos de sus mega-héroes: Ester, Mordejai, Ajashverosh y Hamán. Sin embargo los sabios atribuyen el decreto de exterminio a los judíos comunes, quienes fueron culpables de Jilul Hashem.

El libro de Ester comienza describiendo un abundante banquete ofrecido por el Rey Ajashverosh para todos sus subordinados. De esta manera, así como cualquier subordinado, los ciudadanos judíos del reino también asistieron. Los sabios afirman que el decreto de genocidio en contra de los judíos que Hamán promulgó a continuación (con la aprobación del rey) fue resultado de la asistencia de los judíos al banquete.

Según el Talmud, el Rey Ajashverosh estaba celebrando la conclusión de 70 años desde el comienzo del exilio desde Judea. Ya que el profeta Jeremías había anunciado que el exilio babilónico duraría 70 años (contando desde la destrucción del Primer Templo, no desde la etapa inicial del exilio), Ajashverosh concluyó (erróneamente) que la victoria sobre los judíos podía ahora ser estimada como completa y final. Para su banquete de celebración, él usó vasijas sagradas del Templo y se vistió con las prendas del Sumo Sacerdote.

Los sabios son rápidos en apuntar que fue servida comida Casher para los ciudadanos judíos. Ninguna ley de la Torá fue transgredida en el banquete. Sin embargo, los sabios mantienen que el castigo por atender al festín fue un decreto de exterminio muy fuerte, del cual difícilmente podrían escapar. ¿Por qué?

Haber atendido al festín del Rey Ajashverosh fue un Jilul Hashem. Mientras que el Templo y sus vasijas cumplían la función de santificar los componentes mundanos del mundo físico, el banquete de Ajashverosh hizo precisamente lo contrario: Al utilizar las vasijas sagradas para propósitos mundanos, la fiesta degradó lo que era santo. Los judíos deberían haber respondido a este sacrilegio lamentándose y alejándose. En cambio, la tentación de ir al banquete en el palacio se sobrepuso. Su asistencia fue una aprobación a la forma de ver el mundo según Ajashverosh, un mundo en el cual Dios estaba notoriamente ausente.

Según el Talmud Jilul Hashem es el pecado más difícil de enmendar, ya que debido a su naturaleza, su efecto se extiende de tal manera que es virtualmente imposible deshacer el daño. Una vez que la piedra ha sido arrojada al charco, ¿cómo podríamos detener las olas?

Desenmascarando lo Divino

El libro de Ester es el único libro del Tanaj donde Dios no es mencionado. Los sabios explican que la época inmediatamente después de la destrucción del Primer Templo, marcó un cambio monumental en la forma en que Dios se relacionaba con Su mundo. El Templo en si mismo (y antes de eso el Tabernáculo) era un medio de revelación Divina. Cuando el Templo fue destruido (debido al pecado incontrolado), Hashem entró en una modalidad de ocultamiento. De hecho, la mano Divina va guiando toda la historia de Purim, pero se esconde en “coincidencias”, “suerte” y el aparente desarrollo natural de los eventos.

El “ocultamiento” es una característica esencial de Dios en este mundo. Incluso la palabra en hebreo para “mundo” - Olam - proviene de la raíz “oculto”. Desde el tiempo de la historia de Purim hasta el día de hoy, nuestro desafío es descubrir el ocultamiento Divino detrás de las apariencias de nuestro mundo.

El término para esto es Kidush Hashem. Cada vez que elegimos la generosidad, la verdad o la integridad, estamos revelando a Dios en este mundo. Estamos desenmascarando lo Divino.

En cada momento podemos revelar a Dios ya sea identificándolo o emulándolo.

Cada vez que elegimos la maldad, la avaricia o la deshonestidad, camuflamos a Dios y agregamos otra capa al disfraz Divino. Esto genera Jilul Hashem. Nosotros creamos un mundo en el cual Dios está ausente, para nosotros mismos y para todos los que nos rodean.

El clímax de la historia de Purim ocurre cuando la Reina Ester, arriesgando su vida, invita al Rey Ajashverosh y a su Virrey, el cortés y noble Hamán, a una cena privada en su morada. Ahí, la Reina Ester revela el complot de genocidio contra ella y su pueblo. El Rey indignado, demanda saber quien es el culpable detrás de tal conspiración. En uno de los sucesos más dramáticos de la historia, la Reina Ester apunta a Hamán y da a conocer su verdadera identidad: “¡Un vil hombre! ¡Un enemigo! ¡Este malvado Hamán!”.

Purim se trata de ocultamientos, identidades encubiertas y apariencias engañosas. Nos desafía a revelar la verdad, como lo hizo la Reina Ester, sin embargo, nosotros no nos enfocamos en el villano, sino que en lo Divino. “Aquí está Dios… detrás de lo que me pasó hoy”. “Aquí está Él nuevamente… detrás de la belleza de la naturaleza”. “Aquí está Él… detrás de los titulares de los periódicos”.

En cada momento, podemos revelar a Dios ya sea identificándolo o emulándolo. Nuestros modelos son la Reina Ester apuntando con su dedo, y la anciana bajando sus bolsas. No tenemos que ser un personaje ilustre para revelar a Dios en este mundo.

En memoria de Iosef Dov Ben Yejiel Mijal Aaron.

Milagros ocultos.

Milagros Ocultos

 

 

 

El Libro de Ester es el único libro de la Biblia que no menciona el nombre de Dios. Después de 3000 años de historia bíblica, en donde Dios le habla a un elenco de personajes desde Abraham hasta Job, aparece en sueños, realiza milagros maravillosos, se revela en el Monte Sinai y manda a sus profetas con mensajes específicos para el pueblo y para los reyes de Israel, repentinamente… una historia sin Dios.

¿O no?

El relato de Ester sucede seis décadas después de la destrucción del Primer Templo. Este evento catastrófico cambió la forma en que Dios se relacionaba con los seres humanos: mientras el Templo conllevaba una manifestación explícita de la Presencia Divina (se veían abiertamente 10 milagros que todos podían observar), con su destrucción, la Presencia Divina se replegó a un estado de ocultamiento.

Los sabios llamaron a este modo de funcionamiento operante “hester panim”, lo que significa “rostro oculto”. La raíz de la palabra es la misma que la de la palabra Ester. La Meguilat Ester, el Rollo de Ester puede también ser traducido como el “Rollo del Ocultamiento”.

Si alguien se está ocultando, eso quiere decir que está allí, pero no se puede ver. En todo caso, ciertos signos, como un bulto detrás de la cortina, pueden dar pistas de su paradero. El Libro de Ester está lleno de coincidencias, la persona correcta está “justo” en el lugar correcto “justo” en el momento indicado, y se produce un dramático cambio en el destino. Estos son los bultos detrás de la cortina que apuntan a la orquestación divina de los eventos. Un espectador puede escoger atribuir tales sucesos al azar, o a Dios.

Desde la destrucción del Primer Templo, nuestro desafío es encontrar a Dios detrás de la cortina de la historia, identificar la Mano Divina detrás de los eventos y reconocer la intención de Dios en las ocurrencias aparentemente fortuitas de nuestras vidas.

¿Coincidencias?

Para dar un ejemplo de un milagro oculto en mi propia familia: Mi primo Larry y su esposa Ruth estuvieron casados por varios años cuando se dieron cuenta que no podrían tener hijos. Anhelando una familia, adoptaron un bebé. Randi, una niña hermosa de pelo rubio y grandes ojos azules. Pronto se volvió evidente que sufría de un problema respiratorio crónico que requería un cuidado médico permanente, exámenes y rayos X periódicos. Los años pasaron. Mientras tanto, Larry y Ruth adoptaron un segundo niño. Entonces, para su gran sorpresa y deleite, Ruth descubrió que estaba embarazada. Este hermoso embarazo terminó con el nacimiento de Amy, una niña sana y robusta.

Ruth naturalmente llevaba consigo a Amy a todas partes. Cuando la niña tenía alrededor de un año, Ruth llevó a Randi a uno de sus exámenes regulares de rayos X. Cuando estaban esperando el turno de Randi, Ruth decidió que mientras estuvieran pasando todo este lío, también podía hacerle un estudio de rayos X a su bebé.

Los rayos X de Amy revelaron que tenía un cáncer raro y fatal.

Como lo detectaron tan temprano, incluso antes de que la bebé presentara síntomas, fueron capaces curarla totalmente. Casi tres décadas más tarde, Amy está casada y tiene su propio bebé.

O tomen el caso de un hombre que una noche repentinamente decidió una nueva ruta a casa. Mientras pasaba por un montón de zarzas, escuchó el sonido inconfundible de una lucha. Una mujer estaba siendo atacada.

El hombre, que no era valiente ni atlético, temió por su propia seguridad si se veía envuelto. Pero el escuchar que los gritos de la chica estaban debilitándose, resolvió tratar de ayudarla. Corrió detrás de las zarzas y tiró al asaltante lejos de la mujer y forcejeó con él hasta que el atacante saltó y se escapó.

Sólo entonces se dio cuenta que la niña era su propia hija.

El libro “Pequeños Milagros”, de Yitta Halberstam y Judith Leventhal, relata docenas de estos sucesos. A pesar de que el libro se subtitula “Extraordinarias Coincidencias de la Vida Cotidiana”, las autoras claramente creen que las coincidencias son mucho más que sólo casualidades o suerte. Como lo asegura Yitta Halberstam en su introducción: “Para nosotras, las coincidencias son… impactantes y sobrecogedores ejemplos de la Providencia Divina. Son actos de Dios”.

Estos actos de Dios camuflados también ocurren a nivel nacional.

La Guerra de los Seis Días

En Mayo de 1967, las tropas egipcias y sirias se amontonaron en las fronteras de Israel, Egipto cerró el Estrecho de Tirán a los barcos israelíes, y el presidente Gamel Abdal Nasser hizo llamados para lanzar a los judíos al mar. El estado de ánimo de Israel de 19 años de edad era deprimente. Enfrentando a 5 ejércitos árabes bien equipados y entrenados por los soviéticos, la derrota de Israel era inminente. La frase de humor negro que todos comentaban en ese momento era: “Que el último en salir no se olvide de apagar la luz”.

Todos saben que, en vez de una derrota, Israel alcanzó una victoria rotunda. El 5 de Junio a las 7:46 AM, los aviones israelíes destruyeron completamente la fuerza aérea egipcia en tierra. En seis días, Israel triplicó su territorio, ganando la Península de Sinai, las Alturas del Golán, la Ribera Occidental y - más precioso que todo el resto - la Ciudad Vieja de Jerusalem y el Monte del Templo.

La estrategia crucial de destruir la fuerza aérea egipcia cuando sus aviones estaban aún en tierra abrió el camino para la victoria israelí. El éxito de la maniobra se atribuye a que los aviones israelíes volaron bajo la altura de detección de los radares egipcios. Sin embargo, muchos otros factores contribuyeron al éxito del ataque aéreo y de las batallas subsiguientes. De hecho, las coincidencias y los sucesos improbables precisamente en el momento adecuado eran tan abundantes que, a medida que conocemos los detalles de la victoria, el bulto tras la cortina se nota claramente.

Por ejemplo, algunos días antes de la guerra, el Comandante en Jefe del ejército egipcio recibió órdenes de cambiar a los comandantes de la mayor parte de sus brigadas por otros oficiales que no conocían ni el terreno ni a sus fuerzas.

En la misma mañana del 5 de junio, tres horas antes del ataque aéreo israelí, la inteligencia egipcia efectivamente envió una alerta diciendo que “un ataque aéreo israelí comenzaría en minutos”. En ese momento, Egipto aún tenía tiempo para hacer despegar sus aviones y salvarlos. El mensaje llegó al búnker del Comandante en Jefe en El Cairo. Un ayudante recibió y firmó una copia, pero nadie se preocupó de buscar al Comandante en Jefe.

En la misma mañana del ataque, oficiales egipcios estacionados en la estación de monitoreo en el norte de Jordania captaron al avión bloqueador de señales israelí, y enviaron un mensaje de alerta roja al Cairo. El sargento en la sala de decodificación del comando supremo trató de descifrar el mensaje utilizando el código del día anterior y falló.

¿Y dónde estaba el Comandante en Jefe egipcio? La noche anterior, él y la mayor parte de sus oficiales de más alto rango asistieron a una fiesta en una base aérea en el norte de la zona del delta, en la que se presentaba una renombrada bailarina de vientre. Temprano a la mañana siguiente, partió al Sinai, donde había ordenado que todos se reunieran para encontrarse con una delegación iraquí de alto rango. Cuando sucedió el ataque israelí, no había un sólo oficial de alto rango en su puesto.

Milagros de Hoy

Las noticias diarias en Israel están repletas de milagros. Por ejemplo, el 8 de Febrero de 2001, un auto bomba cargado con 15 escalofriantes kilos de explosivos, estalló en una calle angosta en el barrio religioso densamente poblado de Mea-Shearim. De acuerdo con los testigos, esquirlas de la explosión volaron por los aires unos 150 metros. Aún así, no hubo ningún muerto, y sólo una persona resultó herida levemente.

Tres minutos antes que se activara el auto bomba, un camión lleno con gas propano pasó junto al auto estacionado. Diez minutos antes de la explosión, una verdulería directamente adyacente al auto bomba cerró sus puertas brevemente, para que su dueño pudiese asistir al rezo de la tarde. Normalmente, la mujer del dueño de la verdulería lo reemplaza en ese lapso, pero cuando telefoneó a su mujer para que viniera, ella estaba en un momento crítico de sus preparativos para Shabat. Cuando apagó la cocina y corrió para abrir la tienda, lo que encontró fue un hoyo en el piso.

Además, sólo 20 minutos después de que la bomba explotara, docenas de indigentes tenían que alinearse en una vereda adyacente para recibir su porción semanal de comida de beneficencia.

La magnitud de este milagro fue tan obvia para los residentes locales, que rompieron espontáneamente en cantos, bailes y alabanzas a Dios durante dos horas.

Al día siguiente, salieron a la calle y pusieron panfletos en los árboles y en los postes telefónicos llamando a la gente a recitar el Salmo 21 en agradecimiento por el milagro. Se celebró una cena de agradecimiento, como lo requiere la ley judía cuando se nos ha salvado la vida, en el mismo lugar de la calle en el que la bomba, que había sido instalada para matar y mutilar, estalló sin lograr su objetivo.

Respondiendo a un Milagro

Hace algunos años, leí un artículo de la Revista Gente sobre una mujer paracaidista. En uno de sus saltos, su paracaídas falló, ella tiró el cordón de su paracaídas de emergencia, pero éste también estaba defectuoso. Mientras caía libremente hacia el piso, estaba segura que moriría. Entonces cayó en un gran charco de agua, y salió ilesa.

El reportero le preguntó a qué atribuía su improbable supervivencia. Ella contestó convencida “¡Tuve suerte!”.

Los milagros ocultos operan con la misma mecánica que la lactancia. Mientras más se nutre el bebé de su madre, más leche produce la madre. Similarmente, mientras más respondemos apropiadamente a los milagros divinos ocultos, más milagros ocurren.

Lo contrario también es cierto.

La respuesta correcta ante un milagro no es decir: “¡Huau! ¡Que increíble!”, sino: “¡Huau! ¡Dios es increíble!

La victoria de la Guerra De Los Seis Días fue tan dramática e inesperada - especialmente al recuperar el Monte del Templo después de 2000 años ¬- que prácticamente todos en Israel lo consideraron un Milagro Divino.

Incluso el Jefe de Estado Moshe Dayán, secular comprometido, reconoció la Mano de Dios en el triunfo. Al llegar al Muro Occidental, al día siguiente de su liberación, Dayán, siguiendo la costumbre común, escribió un mensaje y lo insertó en un hueco entre las antiguas piedras del Muro. Tan pronto salió, naturalmente, los reporteros sacaron la nota y la leyeron. Contenía una línea de un Salmo:

De Dios fue esto. Fue maravilloso a nuestros ojos. (Salmos 118:23)

Pero encontrar a Dios en esta larga y obscura era de ocultamiento, requiere tanto que se reconozca su Mano, como que se recuerden los milagros históricos. Sólo seis meses después de la Guerra de los Seis Días, la gente le estaba dando crédito a la destreza militar del ejército israelí por la sorprendente victoria. Ésta actitud - que el brillante y poderoso ejército de Israel nos salvó - se mantuvo hasta que el ejército casi fue derrotado en la Guerra de Iom Kipur, con 2000 bajas y los tanques sirios rodando por la Galilea camino a Haifa.

Los milagros no sólo deben ser reconocidos, sino que también hay que responder a ellos de manera que cambien al beneficiario del milagro.

Gratitud Pública

El judaísmo, una religión que detesta la falta de claridad, nos instruye cómo responder a los milagros de forma concreta. Estas formas consisten tanto en alabar a Dios públicamente, como agradecerle con bondad: Así como Él ha sido magnánimo con nosotros, así nosotros debiésemos ser también magnánimos con sus hijos.

Así, una persona cuya vida ha sido salvada debiera recitar una bendición de agradecimiento conocida como Birkat Ha-Gomel en presencia de un minián. Cuando un auto bomba explotó en el centro de Netanya en el clímax de la hora de compras, y nadie murió, el alcalde secular de Netanya declaró: “Todos deberíamos recitar la bendición de agradecimiento Birkat Ha-Gomel”.

Se debe notar que Birkat Ha-Gomel debe ser recitada en público. El punto es publicitar lo que has experimentado. El velo del ocultamiento se disminuye cada vez que uno descubre una revelación de Dios.

Por eso la Menorá de Januca debe ser encendida donde otros puedan verla, ya sea afuera (como lo hacemos en Jerusalem), o en una ventana, o en una habitación frente a otros. Todo el punto de la mitzvá es “publicitar el milagro”.

Una persona que ha experimentado una salvación milagrosa, como la recuperación de una enfermedad que amenazaba su vida, también es instada a hacer una “comida de agradecimiento”. Esto provee una ocasión tanto para publicitar el milagro, como para expresar nuestra gratitud a Dios, y también una oportunidad para alimentar a otras personas, de la misma forma en que uno se ha visto alimentado por la inmensidad de la Bondad Divina. Otra respuesta apropiada a un milagro es dar beneficencia o mejorar nuestro servicio a Dios.

Ahora podemos entender las cuatro mitzvot de Purim. Reconocemos públicamente cómo Dios orquestó los eventos en esta era Post-Templo leyendo el Libro de Ester. También hacemos una cena, damos caridad al pobre y enviamos dos paquetes de comida a amigos. Dado que el reino del Rey Ajashverosh abarcaba casi la totalidad de los judíos de esa era, todo judío vivo hoy (exceptuando a los conversos) es descendiente de alguien que fue salvado por los milagros ocultos de Purim. La respuesta apropiada son estas cuatro mitzvot.

La Divinidad se esconde para que nosotros la busquemos… y la encontremos.

Una vez, cuando era pequeña, estaba jugando a la escondida y se me ocurrió un escondite excelente. Esperé y esperé a que mis amigos me encontraran; mi ansiedad se convirtió en impaciencia y finalmente en desesperación. Cuando, después de lo que me pareció una eternidad, salí de mi escondite, me di cuenta que mis amigos se habían dado por vencidos y habían cambiado el juego.

Dios no se desespera por los seres humanos. Él está detrás de la cortina esperando… y espera… y espera…

Parashá Itró.

 

 

Itró (Éxodo 18-20)
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En la Parashá de esta semana, tres millones de judíos se reúnen a los pies del monte Sinai y presencian personalmente cuando Dios todopoderoso entrega la Torá. A pesar de lo que puedas recordar de tu escuela hebrea, ¡te puedo asegurar que la experiencia del monte Sinai es el evento central en la historia judía!

Es, por lo tanto, sorprendente que el nombre de nuestra Parashá sea “Itró”. ¿Quién es este hombre Itró?

La Parashá comienza:

“Itró, el sacerdote de Midián, el suegro de Moisés, escuchó todo lo que Dios hizo por Moisés e Israel…” (Éxodo 18:1)

Itró escuchó acerca de los impresionantes eventos del éxodo y vino a reunirse con los judíos. Rashi pregunta: “¿Qué fue específicamente lo que escuchó Itró que hizo que viniera? Él escuchó acerca de la apertura del Mar Rojo y acerca de la guerra con Amalek”.

¡Pero realmente el mundo entero escuchó acerca de la apertura del Mar Rojo y de la guerra con Amalek! ¿Entonces por qué la Torá menciona sólo a Itró?

La respuesta es que Itró era un verdadero buscador. Había viajado por todos lados, probando cada tipo de camino espiritual, y finalmente rechazó uno tras otro por su falsedad. Él era verdadero consigo mismo y estaba comprometido con la verdad. ¿Escucharon otras personas acerca del éxodo? ¡Por supuesto! Pero sólo Itró estaba abierto a escuchar el mensaje. Fue este acto de grandeza que hizo que Itró se convirtiera en parte del pueblo Judío - ¡y por ello la Parashá de los diez mandamientos lleva su nombre!

* * *

¿Conocimiento o Fe?

Ciertamente el relato de los diez mandamientos es la parte más famosa de la Torá. ¿Pero cuál es el primer mandamiento?

“Yo soy Dios”.

¿Qué clase de mandamiento es este? No es un mandamiento - ¡es una declaración!

Los sabios explican: Esta es la mitzvá de saber que hay un Dios.

¿Pero a quién esta dirigida esta mitzvá? Si es para la gente que ya cree en Dios, ellos no necesitan que les digan. Y si es para la gente que no cree en Dios, ¡a ellos no les interesa lo que la Torá diga de todas maneras!

La respuesta es la siguiente: la Torá no dice “CREE” en Dios. Tampoco dice pregúntate, siente, intuye, asume, presume, espera, o aspira a que haya un Dios. Sino que la Torá nos ordena “¡SABER!” que hay un Dios.

Típicamente la sociedad occidental asocia la religión con una “fe ciega”. Pero la Torá nos ordena utilizar la razón y la lógica para establecer la existencia de Dios. Este entendimiento intelectual es crucial; solamente sentir te puede engañar. En la plegaria de Aleinu, decimos “sabe hoy y ponlo en tu corazón”. El conocimiento racional viene primero; sólo después lo podemos conectar emocionalmente. “Saber que hay un Dios” es el primer mandamiento - la idea central del judaísmo.

¿Cómo se puede alcanzar este conocimiento? Una sola palabra: objetividad. El Talmud (Avot 1:8) nos dice “Sé un juez, no un abogado”. Un abogado podría imponer su posición sin considerar su veracidad o su validez. Un juez, por otro lado, mide cada lado cuidadosamente. Cuando consideramos una pregunta tan profunda como la existencia de Dios, debemos ser un jurado imparcial.

La Torá sugiere 3 herramientas para alcanzar este objetivo:

Herramienta #1: Escuchar lo que Otros Están Diciendo

Beit Hillel y Beit Shamai son dos famosos disputantes de la literatura talmúdica. Ellos discuten sobre casi todo y ven el mundo prácticamente desde perspectivas opuestas. (Por ejemplo, Beit Hillel dice que debemos prender una vela de Januca la primera noche y que debemos añadir una vela cada noche subsiguiente. Beit Shamai, por otro lado, dice que debemos prender 8 velas la primera noche y luego debemos ir sacando una vela cada noche).

La ley Judía, interesantemente sigue a Beit Hillel. Y el Talmud explica por qué: en cualquier desacuerdo, Beit Shamai siempre declara su propia opinión. Mientras que, Beit Hillel siempre declara la opinión de Beit Shamai primero y sólo después la suya propia. De esta manera, Beit Hillel demuestra que no sólo esta preocupado por tener la razón, sino que por buscar la verdad que se encuentra en algún lugar entre los dos. Es por eso que la ley judía se rige por Beit Hillel.

Vemos esta dinámica en nuestras relaciones también. Todos hemos conocido a alguien que testarudamente defiende una posición ridícula, para evitar admitir que esta equivocado. (La ironía es que es mucho más vergonzoso persistir testarudamente, que admitir la verdad).

Para eludir esta trampa, podemos entrenarnos a tomar las ideas de los demás más seriamente. La regla cardinal es: mantenerse enfocado y calmado. Comunicarse y discutir, antes que gritar y proclamar. Si la ansiedad y necesidad de tener la razón se convierte en la preocupación primordial, uno queda atrincherado en esa posición. Si te pones a la defensiva, interrumpes al otro y respondes impetuosamente, entonces perdiste la batalla. Hillel en cambio (y también Itró), estaba dispuesto a escuchar otra opinión, subyugar su ego y reconocer otra verdad.

Esto es particularmente importante en el matrimonio. Cada integrante aporta a la relación diferentes visiones y fuerzas. Las diferencias no son una amenaza; son nuestra oportunidad para crecer. Si Dios hubiera querido que seamos libres de la necesidad del otro, nos habría creado para separarnos como una ameba. El matrimonio es una unidad, y cuando nos enfocamos en nuestras metas comunes, empezamos a ver la vida en términos de “nosotros”, en vez del angosto “tú-y-yo”.

Esto es cierto también a nivel nacional. Hoy en día, existe un ancho golfo entre diferentes grupos judíos. A veces, la brecha parece infranqueable. Pero de hecho, existe un área de acuerdo más grande que lo que podríamos pensar. Todos concordamos con la necesidad de tolerancia, confianza mutua, respeto y entendimiento. Debemos encontrar esas áreas de acuerdo y usarlas como bases para construir nuestras relaciones.

Herramienta #2: Busca Amigos Que Te Desafíen

El Talmud cuenta la historia de Rab Yojanan, un gran intelectual que tenía como compañero de estudio a Reish Lakish. (Antes de convertirse en Rab, Reish Lakish era un bandido. Pero esa es otra historia…) Estos dos hombres estudiaron juntos por muchos años, hasta que un día Reish Lakish se enfermó y falleció. Rab Yojanan era visto en la calle completamente deprimido. Sus estudiantes le preguntaron “¿Qué ocurre?” y él respondió “Mi compañero de estudio murió y ahora no tengo nada”. Ellos le dijeron “No se preocupe Rab, nosotros nos haremos cargo”, entonces fueron y encontraron a un brillante joven para que estudiara con él.

Dos semanas después, Rab Yojanan fue visto en la calle nuevamente, totalmente deprimido. Ellos le preguntaron: “Rab, ¿qué ocurre? ¿Por qué está tan triste? Le mandamos al estudiante más brillante que había, ¿Cuál es el problema?”

Él les dijo: “Mi nuevo compañero es tan brillante que cada cosa que yo digo, él trae 24 pruebas para demostrar que es correcto. Pero cuando yo estudiaba con Reish Lakish, él traía 24 pruebas que demostraban que era incorrecto. Eso es lo que extraño. No quiero alguien que simplemente este de acuerdo conmigo; quiero un compañero que desafíe mi posición. De esa manera alcanzaremos la verdad juntos”.

Un buen desafío - ¿para eso son los amigos? ¡SI! Los sabios dicen: “Mejor la crítica de un amigo, que los besos de un enemigo”. Tu amigo te dirá cuando tienes espinaca entre tus dientes; ¡tu enemigo sonreirá y te dirá que te ves increíble! La Torá habla de Dikduk Javerim, que literalmente significa buena sintonía entre amigos. Con esta actitud, vemos a los demás no como adversarios, sino como un balance bienvenido para mi propia perspectiva. Cuando elijo a mis amigos, quiero una persona que me desafíe a ser mejor en la vida, no solamente en la cancha de tenis.

Herramienta #3: No Tengas Miedo de Preguntar.

Una historia más:

Hace unos 100 años atrás en Europa, había un hombre llamado Rab Eisel Jarif de Slonim. Su hija estaba en edad para casarse, así que el Rab Eisel buscó al mejor joven para ella. En esos tiempos, “el mejor joven” significaba el mejor estudiante de la Yeshivá. Entonces, el Rab Eisel viajó a la ciudad de Volozhin, la cual estaba bajo la tutela del famoso Rosh Yeshivá, el Netziv. (Se dice que en los años que él manejaba la Yeshivá, pasaron por ahí 10,000 estudiantes). Cuando el Rab Eisel llegó, entró a la sala de estudio, dio un golpe en la mesa y anunció: “Tengo una difícil pregunta acerca de un pasaje del Talmud. Quien la sepa responder correctamente se casará con mi hija”.

Un gran barullo comenzó en la sala. ¡La oportunidad para casarse con la hija de Rab Eisel! Pronto se formo una larga línea, y uno por uno los estudiantes tuvieron la oportunidad de responder la pregunta. Pero Rab Eisel rechazó las respuestas como incorrectas. Esto continúo durante días, algunos estudiantes incluso se pusieron 2, 3, 4 veces en la fila. Pero nadie tenía la respuesta correcta. Cuando todos los estudiantes ya habían agotado sus opciones, Rab Eisel empacó sus cosas y se marchó de la ciudad.

Justo había cruzado el Puente de la ciudad, cuando escuchó una voz gritando tras de él: “¡Rab Eisel, Rab Eisel!”, se dio vuelta y vio a un joven de la Yeshivá corriendo hacia él. El estudiante explicó: “Rab Eisel, yo sé que no fui capaz de responder la pregunta, pero sólo por mi propio bien, ¿me podría decir cual es la respuesta correcta?”.

“¡Ahá!”, gritó Rab Eisel. “¡Tú vas a ser mi Yerno!”

En nuestras vidas, la búsqueda de la verdad a veces puede truncarse sino tenemos el coraje de preguntar. Buscar la ayuda de otro es admitir que yo no tengo todas las respuestas. Y esto puede significar tener que preguntar algo incómodo. O admitir humildemente que no lo sé. O arriesgarse a parecer ignorante. Pero todo esto no tiene importancia comparado con una vida perpetuada en la falsedad. El estudiante de la Yeshivá demostró este coraje; es el máximo estándar de la honestidad intelectual.

* * *

La Experiencia en Sinai

Cuando los judíos estaban de pie en el monte Sinai, ellos aceptaron incondicionalmente las 613 mitzvot. Para los que recién comienzan, 613 suena como un número terrible… ¡incluso abrumador! ¿Por dónde comenzar? Si hubiera sólo una poderosa idea que pudiéramos captar. Algo que resumiera todo el resto.

Rabenu Bejaye explica que mientras que la Torá contiene 613 mitzvot, todo está contenido en el primer mandamiento, “Yo soy Dios”. Todo se resume en esa declaración. ¿Por qué? Porque es alrededor de este punto que gira todo lo demás. Una vez que “Sabemos que existe Dios”, el resto sale de ahí - porque lo reconocemos como un sistema unificado y holístico.

¿Cual fue exactamente el encuentro en el monte Sinai? El Talmud dice: cada judío experimentó la voz de Dios. Una voz tan poderosa que las personas no sólo la escucharon, sino que “vieron las ondas sonoras” emergiendo desde la boca de Dios. Este fenómeno psicológico se llama “sinestesia”, donde todos los sentidos están intensificados y fusionados.

La tradición judía nos cuenta que cada alma judía - pasada, presente y futura - estaba ese día en el monte Sinai. Cuando la voz atravesó los 7 cielos, la Torá fue grabada en las tablas de piedra… pero primero fue grabada en el corazón de cada judío. La voz habló y nosotros escuchamos.

En Shemá Israel, empezamos con la palabra Shemá - “escucha”. Con cuidado y con calma, escuchamos, justo como Itró escuchó.

El Sfat Emet dice que para recibir la Torá, uno tiene que desear la verdad. ¿Realmente queremos tener claridad en la vida? Sé un perseguidor de la verdad. Escucha cuidadosamente. Porque la mitzvá de “Saber que existe Dios” nos invita a redescubrir la verdad.

Shabat Shalom,
Rab Shraga Simmons

Parashat Beshalaj.

 

 

Beshalaj (Éxodo 13:17-17:16)
Salto al Mar

Moisés organiza un año completo de plagas que debilita considerablemente a la sociedad egipcia. Después de la décima y última plaga, la muerte de los primogénitos, el Faraón finalmente acepta dejar ir a los judíos de Egipto.

Pero, como cualquier buen megalómano, el Faraón cambia de parecer y los persigue. Cuando los judíos miran por sus espejos retrovisores y ven las estruendosas carrozas de los egipcios acercándose rápidamente, el pánico se apodera de ellos. Los judíos se sienten atrapados. No hay otra salida, sólo el mar - el Mar Rojo.

Los judíos comienzan a reprender a Moisés: “¿Por qué nos tuviste que traer hasta acá para morir en el desierto? ¡Nos deberías haber dejado solos trabajando para los egipcios!” (Éxodo 14:11-12)

¡Absurdo! ¡¿Como pueden los judíos, después de 210 años de intolerable sufrimiento en Egipto, quejarse ante Moisés por haberlos liberado?!

Más o menos 20 años atrás, ocurrió un incidente en Estocolmo donde terroristas capturaron rehenes. Ellos fueron abusados física y emocionalmente. En las conferencias de prensa que siguieron a su liberación, todos los rehenes hablaron bien y elogiaron a sus captores. Los psicólogos desde entonces lo identificaron como el “Síndrome Estocolmo”, donde los prisioneros desarrollan comodidad y satisfacción en cautiverio.

Para los judíos en Egipto, la vida era cómoda. En la esclavitud, las raciones de comida pueden ser escasas y las camas pueden ser hechas de paja, pero hay un lado positivo también: todas las necesidades de una persona están cubiertas, y no hay decisiones desafiantes que tomar. No hay que lavar la ropa, no hay que ir de compras, no hay contratos, no hay fechas de entrega. La palabra hebrea para Egipto, “Mitzrayim”, significa “lugar de reclusión”. A veces la caja más pequeña es la que nos hace sentir más seguros.

* * *

Un Gran Paso

Tres millones de judíos están de pie a orillas del Mar Rojo. Sus opciones son avanzar hacia el mar (con las aguas aún no separadas), o volver a Egipto. El mar esta frío, es extraño y peligroso. Egipto es calido, familiar y cómodo.

Los egipcios están tormentosamente cerca. Los judíos entran en pánico. Najshón, de la tribu de Yehudá, mete sus pies al mar. (El original “un pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para la humanidad”) Pero el mar todavía no se separa. Najshón continúa hasta que el agua le llega a los tobillos, luego hasta las rodillas. Todavía no se abre. Najshón se mete más profundo; hasta su cintura, su pecho. Todavía no se abre.

La mente de Najshón piensa rápidamente; tal vez debamos volver a Egipto. Luego se recuerda; La vida se trata de crecer… de dejar la esclavitud atrás… de avanzar hacia lo desconocido. Pero la alternativa es - quedarse en aquel pequeño espacio de calidez y comodidad, es elegir estancamiento, y finalmente, la muerte. Najshón lo sabía, Egipto no era ni siquiera una opción.

Para ese momento el agua le llegaba hasta el cuello. Najshón estaba siendo desafiado al límite. Pero continuaba en el mar. Cuando el agua le llegaba a las narices, en el último momento posible… el Mar Rojo se abrió. Y todos los judíos corrieron detrás de él. Finalmente, libertad.

* * *

Autoestima

A pesar que cada judío cruzó por tierra seca, a través del mar dividido en dos, la experiencia de Najshón fue cualitativamente diferente. Cuando Najshón pasó a través del mar, él estaba vivo y vigorizado. El futuro lo puso a prueba, y Najshón enfrentó el desafío de cabeza. La esclavitud era cosa del pasado. Estaba liberado, en cuerpo y alma.

Hay que contrastar esto con la experiencia del resto de los judíos. Los otros, que habían entrado sólo después de la apertura del mar, estaban en cierto sentido decepcionados consigo mismos por no haber tenido la valentía de Najshón. “Najshón entró al agua primero”. (Éxodo 14:22); los otros “entraron primero en tierra seca” (14:29).

El Gaón de Vilna (Europa, Siglo 18) ofrece un bello entendimiento: describiendo la experiencia de Najshón, la Torá dice “y el agua formó una pared” (Éxodo 14:22). Pero para el resto de las personas, la palabra hebrea para muro, “jomá”, esta deletreada peculiarmente - sin la letra vav. Esto se puede leer “jeimá”, que significa enojo. La Torá está reflejando la decepción de cada judío (y el “enojo” de Dios) porque no tuvieron el coraje para alcanzar su propio potencial. La oportunidad de crecimiento se había perdido para siempre.

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Liberación

Así mismo, el Mar Rojo aparece también en nuestras vidas. Al final, la historia de nuestras vidas se resume a unos pocos momentos clave de decisión. Esto marca la diferencia entre una vida de logros versus una de arrepentimientos. Generalmente nosotros postergamos estas decisiones hasta que la mejor opción ya no existe. La puerta esta cerrada y nos conformamos diciendo, “bueno, que puedo hacer, las cosas simplemente no se dieron”.

Este Shabat, mientras lees la parashá de Beshalaj, toma algunos minutos y pregúntate a ti mismo:

1) ¿Qué situación negativa estoy perpetuando simplemente por no estar haciendo el esfuerzo para cambiar?
2) ¿Por qué tengo miedo de cambiar?
3) ¿Qué es lo peor que podría pasar?
4) ¿Qué es lo que me detiene para alcanzar mi máximo potencial?
5) En diez años más, ¿De que decisión no tomada me voy a arrepentir?

A veces la respuesta es, “sólo hazlo”. Salta al mar.

Una vez le preguntaron al Rebe Najman de Breslov, el gran líder jasídico del siglo 18: “¿Que hacer si una persona se siente distante de Dios y de la Torá? ¿Como puede entrar al mundo de la espiritualidad que por un lado es tan atractivo, pero por otro es tan intimidante?” El Rebe Najman respondió: “Debe ir a una mesa de Shabat y cantar un nigún (melodía). Debe cantar con entusiasmo y brío, sintiendo desde lo profundo de su alma. Esa es la manera de entrar”

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El Crescendo de la Vida

Desafortunadamente, nuestras vidas no están equipadas con música de fondo que va in-crescendo para alertarnos cuando llega el “gran momento”. Nuestra única esperanza para escapar de los confines de Egipto es confrontar honestamente nuestros miedos y abrazar las oportunidades que Dios nos da para crecer.

Por supuesto, no siempre podemos saber que es lo que nos espera del otro lado del mar. Pero eso es parte de la belleza. Es nuestra oportunidad de vigorizarnos con la completitud de la vida.

La Torá nos dice: Najshón eligió la vida. Nosotros debemos hacer lo mismo. El sentimiento es liberador. Nuestra autoestima depende de ello. Y es nuestra única verdadera opción.

Shabat Shalom,
Rab Shraga Simmons

Parashat Bo.

 

 

Bo (Éxodo 10:1-13:16)
¿Quién es un Líder?

El tema del liderazgo nacional consiste en apoderarse de los titulares alrededor del mundo. Qué mejor momento para entender la perspectiva de la Torá acerca del liderazgo que la parashá de esta semana - que nos cuenta cómo el Faraón y Moisés lideraban a sus respectivas naciones.

Concentrémonos primero en el Faraón. Dios manda una plaga tras de otra en contra de los egipcios, tratando de convencerlos de “dejar ir a mi gente en libertad”. Las reservas de agua están arruinadas (sangre), los animales mueren (pestilencia) y la cosecha esta destruida (granizo). Las mismas personas sufren con piojos, quemaduras, oscuridad - cualquier cosa que se te ocurra. Y mientras las plagas continúan por meses, los egipcios se convencen cada vez más que lo que más les conviene es ¡dejar a los judíos en libertad!

Todos están convencidos menos el Faraón. ¿Por qué? Porque para el Faraón esto no se trata simplemente de salvar a su gente. Esto se ha transformado en una batalla personal entre él y Dios. El Faraón ha pasado años creando su imagen como un dios inmortal; él no quiere ser remplazado por el Dios de “los esclavos judíos”.

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El Faraón en Pijama

El tema llega a su punto más alto en la parashá de esta semana, cuando Moisés le informa a los egipcios acerca de la próxima plaga “la muerte de los primogénitos” (Éxodo 11:4-8). El Midrash Yalkut Shimoni reporta que todos los primogénitos de Egipto suplicaron al Faraón para que concediera la libertad a los judíos. La respuesta del Faraón: “¡de ninguna manera!”

El ego del Faraón lo había atrapado y ahora estaba más allá de la racionalidad. Estaba dispuesto a destruir completamente a su país y a si mismo con tal de no admitir la derrota. Por lo tanto, a medida que el barco se hunde, el Faraón hace un llamado a la gente a hacer “un sacrificio nacional”.

Mientras tanto, el Faraón - que también era un primogénito - está negociando para salvar su propio pellejo. Él le ruega a Moisés que rece a Dios: “¡Bendíceme para que yo no muera junto con los otros primogénitos!” (Rashi, 12:32)

El Faraón está en pánico, acorralado, tratando de encontrar una salida. En un intento desesperado por salvarse, empieza a culpar a otras personas. El Midrash dice que luego de la plaga de los primogénitos, él culpa a sus sirvientes y consejeros por el fiasco y los manda a matar a todos. El Faraón esta al límite. Sin nada más que perder, intentará cualquier cosa.

En este momento el Faraón se da cuenta que tiene que liberar a los judíos. La Torá (Éxodo 12:31-32) describe al Faraón buscando a Moisés y Aarón en la mitad de la noche para contarles las noticias. Pero en una clásica representación de humor satírico judío, los judíos intencionalmente le dan al Faraón la dirección equivocada y ¡se pierde! Imagina la escena del Faraón corriendo frenéticamente en pijama en el medio de la noche rogándoles a los judíos que se vayan.

Finalmente el Faraón, el gran líder - el dios egipcio - es completamente humillado. El Talmud (Moed Katán 18a) describe metafóricamente al Faraón como un enano, de sólo un metro de estatura.

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La Torá del Rey

Una de las 613 mitzvot es que cada judío escriba su propio rollo de la Torá (o por lo menos que posea una copia impresa de los cinco libros de Moisés). Pero la Torá especifica una mitzvá inusual que se aplica solamente a un rey judío:

“Será cuando se siente en el trono de su reinado, que él deberá escribir para si mismo DOS copias de la Torá… ellas deben permanecer con él, y él debe leer de ellas todos los días de su vida, para que aprenda a tener admiración por el Todopoderoso, y observe todas las mitzvot de la Torá - para que su corazón no se torne arrogante ante sus compañeros…” (Deuteronomio 17:18-20)

Todo se trata del ego. Toda acción de un líder judío debe ser solamente por el bien de su pueblo. La Torá le dice a un líder judío: no caigas en la trampa. Mantén tu perspectiva. No olvides que eres un sirviente de tu pueblo, no al revés.

Esto determina la principal diferencia entre el Faraón y Moisés. La habilidad de una persona de ignorar la realidad (e incluso de destruir el mundo) es puesta a prueba más intensamente cuando su ego está en juego. Y mientras más poder, más peligroso. Imagina el conflicto interno de un líder mundial cuando tiene que admitir: “Estoy equivocado; existe una fuerza más grande que yo, que no puedo controlar”. El Faraón no puede entender la supremacía de Dios. Mientras que un verdadero líder judío esta por definición subyugado a la voluntad de Dios.

El Rey David escribe en los Salmos el secreto de la humildad: “Zivjei Elokim ruaj nishbara” - el sacrificio que el Todopoderoso quiere es un espíritu humilde. El Rey David nos esta diciendo que la batalla de la vida es reconocer a Dios y apreciar todo lo que Él hace por nosotros. Al final de cuentas las cosas no están en nuestras manos. Nosotros hacemos el esfuerzo, pero Dios firma los cheques.

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¿Arrogancia o Humildad?

En el mundo material, las personalidades más grandes - estrellas de cine, políticos, hombres de negocios - son generalmente los más arrogantes. De alguna manera la arrogancia es vista como una virtud, una señal de haber sobrepasado a los demás.

En contraste, mientras una persona es más espiritual se convierte en una persona más humilde. Mientras más nos acercamos a Dios, somos más realistas acerca de nuestras propias limitaciones, nuestra vulnerabilidad y mortalidad. Entendemos la realidad de que cada posición humana es tenue y que solo Dios es eterno. Moisés era llamado “el más humilde” porque cuando se paraba en frente de Dios él sabia cual era su lugar. Todo lo demás quita espacio para que Dios pueda entrar. Es por eso que el Talmud relaciona la arrogancia con la idolatría; ambas alejan la presencia de Dios.

Sólo observa a los grandes rabinos de la última generación y verás. La casa del Jafetz Jaim estaba amoblada sólo con una mesa y un banco. Otro gran rabino, cuando le llevaban leña a su casa para calentarse en el invierno, él personalmente la redistribuía entre las familias pobres de la ciudad. Los líderes judíos son sirvientes de las personas. Ellos soportan la carga de la nación.

* * *

Cualidades de Liderazgo

¿Cómo uno se convierte en líder? En el mundo secular, una persona voluntariamente se postula. Generalmente debido al deseo de poder.

Contrasta esto con el liderazgo de la Torá, donde no hay períodos, burocracias ni contratos. El Talmud incluso sugiere que un líder no debe aceptar dinero de la comunidad a la que sirve - así él no les pertenece. Su integridad no debe ser tentada por negociaciones de salario o por la junta de directores.

Uno se convierte en líder sólo porque la gente respeta su carácter y confía en su juicio. Él no va en busca del honor. Ellos se acercan a él y le piden que sea su líder.

De hecho, un líder de la Torá resiste el honor. Cuando por primera vez Moisés se acercó a Dios en la zarza ardiente él protesto: “¡¿quién soy yo para sacar a los judíos de Egipto?!” (Éxodo 3:11).

Un ejemplo moderno de liderazgo es el rabino Moshé Feinstein. En la introducción a “Iguerot Moshé”, su monumental compendio de responsas, el rabino Feinstein escribe: “Yo no me habría ofrecido voluntariamente para liderar al pueblo judío. Pero debido a que es el rol que Dios ha seleccionado para mi, no tengo más alternativa que aceptarlo”.

Maimónides enumera las cualidades de un líder judío: “Un líder judío debe ser un conocedor de la sabiduría de la Torá y también de la sabiduría secular, debe ser temeroso de Dios, no materialista (como un resguardo contra los sobornos), un buscador de la verdad, observante de las mitzvot (es decir, que practica lo que predica) y modesto”. (Ver Leyes de Sanedrín 2:7, derivadas de la descripción de Yitro en Éxodo 18:21)

¿No sería diferente el mundo hoy en día si a todos los líderes se les exigieran estas características?

La verdad es que la gente recibe el líder que merece. Si hubiera una revolución en contra del egoísmo y la corrupción, el cambio tendría que venir desde abajo.

Tal vez es tiempo de demandar integridad a nuestros líderes gobernantes, porque si lo dejamos pasar, todos caeremos con ellos.

Shabat Shalom,
Rab Shraga Simmons

Parashat Vaerá.

 

Vaerá (Éxodo 6:2-9:35)
¿Dios? ¿Quien es Dios?

La historia es bien conocida: Los judíos querían escapar de Egipto, entonces Dios manda 10 plagas feroces… pero la oposición del faraón es firme.

Pero, ¡¿cómo es posible que el faraón no haya reconocido los actos de Dios todopoderoso?!

El faraón personifica la negación de Dios. Esto es evidente en Éxodo 5:1, en la primera reunión entre Moisés y el faraón, donde Moisés pronuncia las inmortales palabras: “¡Deja ir a mi gente!” el faraón responde desconcertado: “¿Quién es Dios para que yo tenga que escucharlo? ¡Yo no conozco a este Dios!”

El propósito de las plagas, entonces, es anunciar que Dios maneja el mundo. De una vez por todas, fuerte y claro.

Las 10 plagas son ciertamente una progresión, un proceso para que el faraón reconozca a Dios. Considera lo siguiente:

La primera plaga transformó el río Nilo en sangre. ¿Por qué? Porque el faraón se había promocionado a si mismo como una deidad que creó el Nilo, como él dice: “yo soy el río y yo lo creé” (Ezequiel 29:3). El faraón va tan lejos para preservar su imagen divina que se escabulle y baja solo hasta el río para satisfacer sus necesidades. Por ende Dios le dice a Moisés; “llama al faraón en la mañana, cuando él sale hacia el agua…” (Éxodo 7:15).

Moisés transforma el agua del río en sangre, pero el faraón no se impresiona. Llaman a sus magos y ellos hacen lo mismo. Dios puede ser un bueno mago, piensa el faraón, ¡pero no está fuera de mi liga!

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Dios de la Naturaleza

Mientras las plagas continúan, el faraón pasa por un proceso creciente de reconocimiento de Dios. Cuando Moisés trae la plaga de los piojos, el faraón llama a sus magos para reproducir el fenómeno, pero ellos no lo logran. “Es el dedo de Dios, dijeron los magos al faraón”. (Éxodo 8:14)

¿Por qué fueron incapaces de recrear piojos? El Talmud (Sanedrín 67) dice que la magia no tiene poder sobre algo diminuto.

Así como la ciencia moderna hoy en día, los magos del faraón podían manipular energía existente, pero ellos no podían crear vida. No importa cuan chica sea la partícula descubierta, siempre hay una base de partículas mas pequeñas debajo.

Cuando los magos del faraón dijeron “es el dedo de Dios”, ellos se refirieron a Dios a través del nombre Elokim, que representa el poder de Dios actuando a través de la naturaleza. (Elokim tiene valor numérico 86, igual que “haTeva”- la naturaleza). El faraón y sus hombres avanzaron un enorme paso. Ellos reconocieron a Dios como la fuerza controladora de la naturaleza. Pero esto no era suficiente. El faraón se negaba a dejar en libertad a los judíos. El quería seguir jugando duro con Dios.

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Un Paso más Cerca

El clímax de nuestra parashá es la plaga de granizo, donde los recursos de los egipcios son totalmente destruidos. Todos los árboles son aplastados, y mueren todos los hombres y animales que se encontraban en el exterior (Éxodo 9:25). Mientras el faraón está parado en medio de los escombros de una ciudad en ruinas, él declara, “yo estoy equivocado y Dios esta en lo correcto”. Esta vez él se refiere a Dios a través del nombre YKVK - el aspecto trascendente de Dios que no podemos comprender.

Fueron necesarios muchos golpes en la cabeza, pero finalmente el faraón madura en su reconocimiento de Dios.

Sin embargo, milagrosamente, todavía se negaba a dejar a los judíos en libertad. ¡Cuan grande es el ego humano y el poder de la racionalización!

* * *

El Imponente Mundo de Dios

En muchos aspectos, el proceso del faraón es también nuestro proceso. Cuando somos niños, pensamos que somos el centro del universo. Luego, a través de la experiencia, notamos que hay cada vez más cosas fuera de nuestro control. Sean terremotos, cáncer, la perdida y la adquisición de fortunas, incluso la vida y la muerte misma… todas estas sólo pueden ser atribuidas a un poder superior.

En resumen, la vida es una serie de reconocimientos. Pero algunas veces nos confundimos, nos olvidamos, y regresamos de vuelta a la rutina desapercibidamente.

¿Por qué? Porque con cada avance tecnológico, percibimos el potencial ilimitado del hombre. Una milla en 4 minutos. Un robot a Marte. Celulares e Internet. Respetamos y admiramos lo que es humanamente posible.

Pero ¡¿Donde esta nuestro respeto y admiración por las cosas que sólo Dios es capaz de hacer?! La fuerza de gravedad… la vista… un hormiguero…

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Lecciones Para el Día de Hoy

Los comentaristas dicen que las 10 plagas no fueron solamente por el bien del faraón, sino que también por el bien de los judíos. Para que vieran y entendieran quien es Dios. Ese entrenamiento era un prerrequisito para la siguiente revelación en el monte Sinai.

Todos tenemos que alcanzar ese reconocimiento. De una u otra forma el faraón tenía que reconocer a Dios y tenía que liberar a los judíos. La única pregunta es si el camino del faraón para llegar a ese objetivo sería en cooperación o en oposición a Dios.

El Talmud dice que “cada persona debe verse a si misma como si personalmente hubiera salido de Egipto”. Nuestras vidas están llenas de mensajes del Todopoderoso, diseñados especialmente para enseñarnos sus caminos y acercarnos a Él. Él tiene un plan, y nosotros tenemos una elección: incluirnos, o excluirnos. La elección es clara si solamente abrimos nuestros ojos.

Shabat Shalom,
Rab Shraga Simmons

Parashat Shemot.

 

Shemot (Éxodo 1:1-6:1)
El Proceso de Asimilación

Tres judíos se encuentran en el club discutiendo sobre sus orígenes étnicos. El primero dice, “Mi padre era del viejo continente. Su nombre era Goldsmith. El trabajaba con oro y le iba muy bien. Cuando yo heredé su trabajo cambie mi nombre a Gold (Oro en inglés)”.

El segundo dice, “Mi padre también era del viejo continente. Su nombre era silversmith. El trabajaba con plata y le iba muy bien. Cuando yo heredé su compañía, acorté mi nombre a Silver (Plata en inglés)”.

El tercer hombre dice, “Mi padre también era del viejo continente. Su nombre era Schneider. El era sastre y siempre tenía que luchar arduamente para ganar el sustento. Me enseñó el oficio y yo luché también. Un día me dirigí al cielo y recé: “Señor, ayúdame a tener éxito en los negocios y seremos socios”. ¡Y desde entonces mi negocio se ha convertido en un gran éxito!”

Los otros dos lo miraron y le dijeron, “¿De verdad esperas que creamos tu historia?”.

“Seguro”, dijo él, “¿nunca han escuchado de la prestigiosa marca de ropa “Lord & Taylor” (el Señor y el sastre en inglés)?”.

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Salvavidas a la Continuidad

Cuando dejamos a Jacob y a sus 12 hijos la semana pasada, ellos eran muy prósperos. A pesar de haber estado en medio de la corrupta sociedad egipcia, la comunidad judía florecía con escuelas, sinagogas y redes sociales. Con una infraestructura “judía” así de fuerte, la asimilación era virtualmente inexistente; de hecho, el Talmud reporta que durante todo ese tiempo, ¡hubo sólo un incidente de matrimonio mixto!

Hoy en día, con “la continuidad judía” como prioridad (como lo es en cada generación), nos preguntamos: ¿Cuál fue el secreto del éxito de la comunidad judía en Egipto?

La Torá nos proporciona dos perspectivas: Primero, en Génesis 46:28, cuando los judíos se mudaron a Egipto, Jacob mandó primero a Yehuda para hacer los arreglos necesarios. La palabra que la Torá utiliza para describir las preparaciones de Yehuda es - “le-horot” - que significa “enseñar”. El Midrash dice que antes que cualquier sinagoga, asilo de ancianos o centro comunitario judío, Yehuda estableció una escuela judía. Para asegurar la continuidad judía, la educación judía debe ser la prioridad número uno.

Segundo, el Midrash dice que cuando la familia de Jacob llegó a Egipto, ellos hicieron un pacto para prevenir la asimilación. Acordaron no cambiar sus nombres, estilos de ropa, o idioma. Con estos salvavidas, fueron capaces de mantener un nivel sano de identidad única.

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Intereses Dobles

Al principio de la parashá de esta semana, la Torá dice:

“Yosef murió, junto con todos sus hermanos y con toda esa generación. Los judíos aumentaron en número y se volvieron muy fuertes y la tierra se llenó de ellos”. (Éxodo 1:6-7)

La marea cambió. Inmediatamente después de que la vieja generación murió, los judíos se dispersaron por Egipto y la asimilación comenzó. Ellos abandonaron sus trajes judíos y se mezclaron con la sociedad secular.

Lo que pasó después te puede sorprender. Inmediatamente, el versículo 8 reporta el alza del antisemitismo en Egipto. Lo que hace que esto sea tan inusual es que, generalmente, el odio de un grupo hacia otro es debido a lo que los sociólogos llaman “el descontento con lo diferente”. Los extranjeros frecuentemente son discriminados por tener costumbres extrañas. Pero en este caso, los egipcios no molestaron a los judíos mientras ellos se mantuvieron fieles a sus costumbres. Solamente cuando comenzaron a parecer “egipcios regulares” empezó el antisemitismo.

Como está registrado en la Torá:

“(El Faraón) dijo a su gente: “He aquí, los judíos son más numerosos y fuertes que nosotros. Permítannos tomar precauciones por si llegase a ocurrir una guerra, para que ellos no se alíen con nuestros enemigos”. (Éxodo 1:9-10)

El tema del doble interés ha mostrado su horrible cabeza.

El antisemitismo se genera habitualmente con la percepción de que los judíos tienen poder e influencia. Un ejemplo famoso: “El protocolo de los sabios de Sión”. Una farsa que pretendía ser un compendio de las discusiones conspirativas de los sabios judíos para conquistar el mundo, fue - junto con la Biblia - el libro más vendido en el mundo durante los años 20. En los Estados Unidos, Henry Ford patrocinó su publicación. Desde entonces ha sido impreso en numerosos idiomas internacionalmente, y en la actualidad se distribuye ampliamente en Japón.

Hoy en día por ejemplo, en las calles de Norteamérica, se escuchan rumores: “Los judíos controlan Hollywood, los judíos controlan los medios de comunicación, Israel recibe demasiada ayuda externa, etcétera”.

Cada judío en la diáspora ha tenido que responder alguna vez a la siguiente pregunta: “Si Israel estuviera en guerra con tu país (cualquiera que sea), ¿en que lado pelearías?” es una buena pregunta para meditar…

* * *

Atrapados en la Trampa

Resultó ser que, los egipcios no esclavizaron a los judíos inmediatamente. El Faraón se aprovechó del deseo de los judíos de “ser aceptados”, y anunció el comienzo de una campaña de trabajos públicos masivos. Todos los “buenos” ciudadanos egipcios estaban invitados a participar en la construcción de las ciudades de Pitom y Ramses. Para dar el ejemplo, el mismísimo faraón llegó el primer día con herramientas en sus manos.

Como era de esperarse, los judíos se animaron a participar con mucho entusiasmo. Es más, incluso se esforzaron para demostrar ser leales ciudadanos egipcios: los judíos trabajaron muy duro, horas extras, superaron las cuotas de producción, etc.

En ese momento el faraón hizo su movida. Él anunció que para los judíos, el trabajo ya no era voluntario. Cada judío estaba ahora esclavizado, y se esperaba de él que produjera abundantemente. De hecho, los egipcios llevaban minuciosas cuentas y sabían exactamente cuanto podía producir cada judío - ¡trabajando horas extras! Esta se convirtió en la nueva cuota. En su esfuerzo por ser aceptados, los judíos sellaron su propio destino.

La Torá dice: “los egipcios esclavizaron a los judíos bi-perach” (Éxodo 1:14). “Perach” es usualmente traducido como “aplastante dureza”. Pero “perach” también puede significar “una suave boca” (pe-rach). Los judíos fueron engatusados con dulces palabras hacia la esclavitud.

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¿Donde Estamos Hoy en Día?

Hace un poco más de 100 años, un “iluminado” filósofo-poeta judío llamado Yehuda Leib Gordon aconsejó a sus seguidores con una frase que luego se convirtió en la frase clave para describir gran parte del comportamiento judío de la era: Yehudí be-bei-techa, Adam be-tzey-techa - “Sé un judío en tu casa, y una persona normal afuera”. En otras palabras, mantén tu judaísmo y sus prácticas como un asunto privado, y cuando interactúes con el resto del mundo, relega tu identidad judía al asiento trasero, o escóndela como puedas.

Muchos siguieron el consejo de Gordon, y los signos y símbolos externos del judaísmo; Kipá (cobertura de la cabeza), Tzitzit (flequillos en la ropa), Tefilin (filacterias), Brajot (bendiciones) y Kashrut (leyes dietéticas) - por nombrar algunos - fueron abandonados en público, por procurar imitar y emular a sus vecinos gentiles.

Eventualmente esta negligente vida judía pública se extendió hasta el ámbito privado, y pronto el lema fue alterado: “No seas judío ni en tu casa ni afuera”.

Está pasando también hoy y las consecuencias son devastadoras. Los jóvenes judíos son apáticos y desinteresados. Pero si estás leyendo esto, tú estas dentro de los que les importa. Podemos romper el ciclo y dar media vuelta. ¿Como? Expresa tu identidad judía básica regularmente. Haz un compromiso con la educación judía y la observancia judía. Enciende velas de Shabat, o recita el Shemá. Escucha clases de Torá mientras viajas, o empieza un grupo de estudio en la hora de almuerzo de tu trabajo. Enséñales a tus hijos (o a los hijos de tus vecinos). Habla Hebreo y escucha música judía. O incluso realiza esa atrasada visita a Israel.

No lo dudes. El judaísmo no es todo o nada. Las opciones son infinitas. La experiencia es transformadora. La recompensa es eterna.

Shabat Shalom,
Rab Shraga Simmons

 

Parashat Vaieshev.

 

El hijo favorito de Iaacov era Iosef. Le hizo confeccionar una túnica de lana de muchos colores como signo de distinción y señorío. Esto despertó los celos de los hermanos de Iosef al punto que llegaron a odiarlo y a no poder siquiera hablarle en tono amable.


 

         Iosef tuvo dos sueños con el mismo mensaje obvio. El odio de sus hermanos se intensificó cuando conocieron el contenido de esos sueños. En el primero, los manojos de espigas de sus hermanos se inclinaban ante el suyo, que estaba en medio de ellos. En el segundo, el sol, la luna y once estrellas (representando el resto de la familia de Iosef) se inclinaban ante él. La deducción era que todos los miembros de la familia se subordinarían a él. Iaacov le reprochó haber despertado la enemistad de sus hermanos aunque él personalmente confiaba en que los sueños se harían realidad.
Cuando los hermanos de Iosef estaban vigilando los rebaños de su padre en Shejem, Iaacov lo envió a observar cómo iban las cosas.
Al verlo acercarse, los hermanos decidieron que ésa era su oportunidad de complotar para matarlo, arrojar su cuerpo a un pozo y luego encubrir su acto diciendo que había sido devorado por una bestia salvaje.
Reuven sabía que eso era un crimen. Quería salvar a Iosef pero comprendió que los demás hermanos no entenderían sus palabras. No obstante, logró convencerlos de que no lo mataran sino que lo arrojaran vivo en un pozo cercano. “Que no sean vuestras manos las que lo hieran directamente” arguyó Reuven. El se proponía regresar secretamente, más tarde, después de que sus hermanos se hubieran ido, para salvar a Iosef. Cuando éste llegó, sus hermanos lo despojaron de su túnica y lo arrojaron vivo al foso, como había sugerido Reuven.
En ese momento advirtieron que se acercaba una caravana de ishmaelitas que transportaban especias a Egipto, y a Iehudá se le ocurrió la idea de vender a Iosef como esclavo en lugar de causar directamente su muerte. Los demás hermanos aceptaron este nuevo plan y vendieron al joven a los viajeros ishmaelitas por veinte (piezas) de plata.
Reuven, que estaba lejos cuando esto ocurría, regresó al lugar y para su gran pesar no halló rastro alguno de Iosef. Los hermanos empaparon su prenda en sangre de cabra (que es parecida a la del ser humano) y la llevaron a Iaacov, quien se convenció de que Iosef había sido devorado por una bestia salvaje y lloró su pérdida por mucho tiempo.
Entretanto, Iosef había sido vendido y vuelto a vender muchas veces. Los ishmaelitas lo vendieron a comerciantes midianitas, y éstos a Potifar, un funcionario del Faraón, en Egipto.
Iehudá se había casado con la hija de Shúa un comerciante, y tuvieron tres hijos. El primero se casó con una mujer llamada Tamar, pero murió poco después del casamiento. El segundo hijo se casó entonces con ella, pues era costumbre que el hermano sobreviviente del esposo fallecido se casara con la viuda sin hijos (ibúm). Pero este segundo esposo también murió poco después. Iehudá temía que su tercer hijo muriera también si desposaba a Tamar, de modo que le pidió a ésta que aguardara en la casa de su padre hasta que su hijo menor tuviera edad para casarse con ella. Iehudá estaba sólo postergando el asunto, pues no tenía la intención de hacer que el matrimonio tuviera lugar alguna vez. Enterada a través de una profecía de que los reyes de Israel descenderían de Iehudá, Tamar se disfrazó y lo engañó para poder concebir un hijo suyo. Cuando su gravidez fue descubierta, UIehudá sin saber que era su propio hijo el que Tamar llevaba en su vientre la condenó a ser quemada. Pero su nuera pudo probar que el padre del niño que iba a nacer era el propio Iehudá. Cuando ella era llevada a la hoguera, le envió bienes personales, diciendo: “Estoy encinta por el poseedor de estos objetos”. Iehudá comprendió enseguida y reconoció que era su hijo. Admitió que ella tenía razón, pues él no le había permitido que se casara con su hijo menor, y le perdonó la vida.

Hashem protegía a Iosef y éste tuvo éxito en todo lo que emprendió. Al darse cuenta de esto, Potifar lo designó intendente de su casa. La esposa de Potifar trató de seducir a Iosef, pero él rechazaba sus diarios asedios. Finalmente, ella se sintió ofendida y reaccionó maliciosamente, acusándolo de molestarla, y logró que Iosef fuera enviado a prisión.
Incluso en la cárcel Hashem estuvo con Iosef, y éste encontró gracia en los ojos del guardián, quien lo puso a cargo de todos los prisioneros. Todo lo que ocurría en la prisión era controlado por Iosef.
Mientras permaneció allí se puso en contacto con dos funcionarios reales, el copero y el panadero. Ambos habían ofendido al Faraón y estaban en prisión aguardando la sentencia. Una noche, cada uno de ellos tuvo un sueño, que reveló a Iosef, y la interpretación que hizo éste fue que el copero sería perdonado, pero que el panadero sería ejecutado.
Todo ocurrió tal como Iosef había predicho. Pidió, entonces, al copero que intercediera ante el Faraón en su favor, pero el funcionario olvidó el pedido tan pronto como fue liberado de la prisión.

 

 

Parashat Vaishlaj.

 

En el viaje de regreso a su hogar, temiendo por la seguridad de su familia, Iaacov envió mensajeros a su hermano con una propuesta conciliatoria, pero ellos volvieron con la noticia de que Esav se estaba aproximando con cuatrocientos hombres armados.


 

         Iaacov temía ahora que Esav tratara de llevar a cabo su intención de matarlo. Preparándose para lo peor, dividió a la gente y sus bienes en dos campamentos. De esta forma, si un campamento era atacado, la gente del otro tendía oportunidad de escapar. laacov eligió ese momento de gran temor para rogarle a Hashem que lo salvara de las manos de su hermano.
También envió a Esav una cantidad de valiosos regalos, confiando en apaciguarlo.
Iaacov llevó a sus esposas e hijos y los ayudó a cruzar el vado de Iabok. Luego supervisó el paso de todas sus pertenencias.
Cuando se disponía a cruzar apareció un individuo que comenzó a luchar con él, y ambos estuvieron forcejeando basta la madrugada. Este individuo, que según explican nuestros sabios era, efectivamente, el ángel que representa a Esav y sus descendientes en el cielo, no pudo vencer a Iaacov, pero consiguió herirlo en un muslo. Iaacov logró sujetarlo y rehusó liberarlo hasta que no recibiera de él una bendición. Su deseo le fue concedido: el ángel lo bendijo y le aseguró que de allí en adelante sería conocido por el nombre de Israel.
Iaacov cojeaba al alejarse del lugar en que había tenido lugar la lucha. Es por esta razón que hasta hoy en día no comemos el guidh anashé (tendón del muslo) de ningún animal.
Cuando Iaacov vio a Esav aproximarse junto con sus seguidores, ubicó a cada hijo cerca de su respectiva madre.
Primero fueron Bilba, Zilpa y sus hijos.
Luego, Lea y sus niños, y finalmente, Rajel y Iosef. El propio Iaacov se acercó a Esav al frente de su familia, inclinándose siete veces durante el camino. Fue entonces cuando ocurrió un milagro.
Esav, al contemplar toda la escena y ver a Iaacov inclinándose, se sintió muy conmovido, corrió hacia su hermano y lo besó. Los dos comenzaron a llorar. La promesa de Di-s sobre la seguridad durante el viaje de regreso se había cumplido.
Iaacov se separó del hermano y llegó a Shejem. Alli compró tierras, alzó su tienda y construyó un altar en agradecimiento a Di-s.
El príncipe de Shejem secuestró a Dina y la obligó a vivir con él. Ninguno en Shejem protestó por esta conducta inhumana. Shimón y Leví fueron a la ciudad. Rescataron a su hermana y luego castigaron al culpable, a todos los cómplices y a los que habiendo podido ayudar a Dina, no lo hicieron.
Por mandato de Di-s, Iaacov regresó a Bet-EI, donde construyó un nuevo altar como expresión de gratitud al Señor, Quien se le apareció y le renovó Su promesa de darle la tierra a él y a sus descendientes.
Iaacov vertió luego vino y aceite sobre el altar que había erigido en su viaje a la casa de Lavan (ver parshat Vaieitze).
Cuando la familia hubo abandonado Bet-EI y estuvo cerca de Bet Lejem, murió Rajel al dar a luz a Biniamin. Fue sepultada allí y Iaacov erigió un monumento sobre su tumba. Finalmente, Iaacov llegó a Jevrón, donde se reunió con su padre.
Itzjak murió a la edad de ciento ochenta años y fue sepultado por sus hijos Esav y Iaacov.
Esav se había convertido en un hombre muy rico y no había suficiente tierra en Canaán para sus rebaños y los de Iaacov. En consecuencia, Esav se reasentó con su familia en el monte Seir, en Edom, una tierra que sus descendientes habitaron por muchos años

 

 

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