Asociación Massada BneiAnusim

Sólo vuelve a la Eternidad quien en la Tierra busca la Eternidad.

Archive for Septiembre, 2007

Ya no me junto contigo….-

 

 

YA NO ME JUNTO CONTIGO 

Hablando de Gaza y refiriéndonos a sus habitantes, decíamos días pasados que mientras unos les llenaban las despensas, otros les llenaban los arsenales. Dicho así, entre judíos, puede sonar a  complicidad, a cartas sabidas, pero leer algo parecido en la prensa diaria española es para aplaudir calurosamente.  Coincidimos con Rafael L. Bardají, abece 21/09,  en que desde la posición defensiva de Israel sufriendo constantes ataques desde la franja, favorecer las posibilidades de fabricación-o compra- de armas por parte de  los agresores no sería lógico. Por eso Israel ha puesto punto final. No obstante, no lo ha hecho con un frenazo brusco, sino emulando a la D.G. de Tráfico en su espot publicitario, diciendo “No podemos conducir por ti”. 

Empezando por la definición del territorio dominado por Hamás, desde donde llegan las agresiones: hostiles, sin llegar a enemigo; es decir, desde donde se me ataca. Da igual el marchamo industrial del cohete; mismo es que sea made in Corea o fabricado con chatarra siria: llevan mala leche dentro, van cargados de muerte, dejan una estela de terror.  Los juristas no se ponen de acuerdo en considerar la denominación de “territorio hostil”, ni importa. Tanto políticamente como a nivel de calle está claro: “Ya no me junto contigo”, “No podemos dialogar en estas condiciones”. Nada ilegal. Hasta aquí llego, dice Israel; os limito determinados bienes  lo humanamente posible, pero vosotros tenéis que administraros. Energía, la justa para hospitales, escuelas, viviendas…, o para criminales instalaciones asesinas. Decidan. Restricción no significa eliminación.

Está claro que si la población de Gaza llega a padecer agravamiento de sus condiciones de vida será única y exclusivamente culpa de sus mandatarios: Hamás, que lo tiene muy fácil para salir de la crisis.

 Haim.

 

Soldados.

 

El espíritu que ya vio el espectro de la muerte no puede asustarse frente a ladrones, el soldado que ya vio espadas brillar sobre su cabeza y la sangre correr a sus pies, no se incomoda por las piedras que los niños le tiran por las calles.

Iaacov

 

Ceguera Impenitente o Ceguera Impertinente!.

 

CEGUERA IMPENITENTE O CEGUERA IMPERTINENTE 

Existe en Egipto y Jordania más interés por frenar y acorralar a los terroristas de Hamás que en Europa. Resulta preocupante y sospechosa la vaselina con que los “seudoprogres” europeos untan todas y cada una de las ocurrencias que emanan de esa banda de terroristas, ignorando el aislamiento político propugnado por las principales cancillerías. La situación provoca, al parecer, que el residente en la franja de Gaza espere firmemente convencido que su Alá, por la mano de Hamás les provea abundantemente. Consideran que si la ayuda de Israel, Cruz Roja o ACNUR les llena el estómago es, sencillamente, porque Hamás está jugando bien sus bazas: unos les llenan las despensas y las juntas islámicas y otros les llenan los arsenales. Esta sensación se desprende de cuantas noticias nos llegan a través de los medios.  

Con este ambiente allá no ha de extrañarnos, pues, leer que expresiones como “Memoria histórica”, “Alianza de Civilizaciones” o ¡” Igualdad de sexos”! han sido pronunciadas acá en el congreso de WIPL celebrado últimamente en Córdoba; no en Trípoli, ni en Rabat, ni en Teherán, ni en Damasco, ni en Bagdad, sino en Córdoba, España. Es de cajón considerar que el encuentro se convocó para tratar sobre la ya famosa por insustancial Alianza y otros temas menores, como la confección de un decálogo de exigencias a presentar por la llamada Junta Islámica al Presidente del Gobierno español. 

Al parecer, los asistentes –de Nigeria, Canadá, Rusia o Indonesia, así como la Directora general de Asuntos religiosos, el Secretario general de acción exterior de la Junta de Andalucía, y miembros de la parroquia católica de Entrevías- confeccionaron documentos en los que reclaman al Gobierno español “la recuperación de la memoria histórica andalusí”, una “Teología de la liberación islam cristiana” y un Islam adaptado a las necesidades europeas, es decir, un “euro islam”, Asimismo, la WIPL, que tiene su sede en Libia, pidió coherencia al Gobierno de España con los principios de la Alianza de Civilizaciones en lo relativo, fundamentalmente, ¡¡a la igualdad de género!!. No se tiene constancia de que en el transcurso de sus reuniones se tratase del proyecto de la mencionada organización islámica mundial para poner en marcha el primer banco islámico en el Estado español, con un mercado potencial de dos millones de clientes. 

Por eso y por otras cosas, se dice: Cuando el río suena, agua o piedras lleva. 

Haim. 

 

 

¿CUÁL ES LA SOLUCIÓN? 

Estoy de acuerdo con la afirmación de que la Democracia no es la panacea para los males del mundo. Se dice además  que Occidente ha mitificado la palabra “elecciones”, porque éstas resultan ser en definitiva la victoria de las promesas de los convocantes sobre las necesidades de los convocados.  Lo que obliga a preguntarse si las elecciones y, por ende, la Democracia, responden al verdadero sentir de la población.  

Se podrán poner todos los medios para garantizar la limpieza, tanto en campañas como en escrutinios, pero, el desarrollo de las libertades entre campaña y campaña ¿quién las garantiza? En Occidente existen mecanismos para proteger al ciudadano en su perfeccionamiento, aunque estos mecanismos no hayan sido prometidos en programas partidarios: están porque son. En otras zonas del planeta donde pululan regímenes totalitarios (léase teocracias islamistas), no están porque no son. 

En naciones con pueblos sin información o, peor, mal informados, incultos, alienados, sometidos durante siglos al poder de reyezuelos escatológicamente depositados en sus tronos por privativas deidades, por dictadores iluminados o clérigos que emanan fobia y exclusión, las elecciones verdaderamente son actuaciones carnavalescas, tragicómicas.   

Se trata de renovarle la pintura al muñeco, de aparecer en la prensa mundial, al menos una vez, en las páginas menos sangrientas. Se trata en definitiva de aparecer ante sus valedores en la ONU (los ya famosos seudoprogres) como merecedores de ser uno más en su “quórum”. 

En Turquía venció el Islam; ni laicos, ni canónigos: el Islam. En los territorios de la ANP venció el Islam; no terroristas de uno u otro bando: el Islam puro y duro. ¿Y en Marruecos?  ¿Tendrá importancia que los resultados de los últimos comicios hayan tardado dos días en conocerse y que los mismos hayan podido ser manipulados? No a mi juicio; ¿qué más da? El resultado era sabido: cambio de muñecos por el amo del guiñol y más presión e influencia islamista. Todo a tres cuartos de hora de camino.  

Haim.

 

Shabat Teshuva.

 

SHABAT (TE)SHUVA


Siete días conectan Rosh HaShaná con Iom Kipur. Esto significa que, sin importar con qué días de la semana coinciden los “Días Temibles”, siempre habrá allí un domingo, un lunes, un martes, etc en esta más que singular secuencia del tiempo…


 

         El maestro cabalista Rabí Itzjak Luna (el “Santo Arí”, 1534-1572) explica que ésta no es en absoluto una coincidencia: cada uno de estos siete días corresponde, e incluye, a sus días hermanos del año entero el domingo entre Rosh HaShaná y Iom Kipur encapsula a todos los domingos del año, el lunes entre Rosh HaShaná y Iom Kipur personifica a todos los lunes del año, y así sucesivamente.
Este Shabat, entonces, además de su rol como “Shabat de Teshuvá (arrepentimiento)”, es también el Shabat en esencia - el Shabat del cual todos los Shabatot del año derivan su “shabatidad”.
“La geometría del Tiempo”, es un ensayo basado en un fascinante esbozo del Rebe en sus Reshimot (anotaciones) recientemente descubiertas y explora la esencia del Shabat.
Shabat y teshuvá comparten más que sus letras hebreas en común (shin, bet, y taj): ambos son puntos atemporales en el tiempo, corporizando el potencial de ahondar más allá de la tumultuosa superficie de la vida para redefinir el pasado y dar forma al futuro.

La geometría del tiempo
La sustancia del tiempo es movimiento y cambio: un mundo estático también sería un mundo sin tiempo. No obstante, el tiempo, según fue forjado por su Creador, sigue un ciclo de siete días, consistiendo de seis días laborales (o sea, de desarrollo, transformación, cambio), y un séptimo día de descanso. Pero, ¿cómo puede definirse una unidad de tiempo como un día de descanso, la antítesis misma de tiempo?

El Circulo
Tiempo y espacio están estrechamente relacionados uno con el otro; de hecho, la física moderna está habituada a combinar a ambos como “espacio-tiempo”, una cuadrilla cuatridimensional contra la que todos los sucesos y objetos físicos son medidos.
Mientras que tiempo es el más abstracto de los dos, muchas de las características del espacio son atribuidas igualmente al tiempo: hablamos de un “punto” en el tiempo, una “dilatación” del tiempo, “ciclos” de tiempo, e incluso de la “condensación” o “despliegue” del tiempo.
De hecho, muchas dc sus complejidades pueden entenderse mejor cuando aplicamos a nuestra concepción del tiempo los modelos cuantificados con que la geometría mide el espacio.
Un modelo semejante es el círculo, durante mucho tiempo considerado la más perfecta de las formas espaciales.
Los aspectos primarios del círculo son:
1) el centro, el punto a partir del cual se extiende uniformemente el área del círculo a los cuatro vientos;
2) el radio, que es la distancia desde el centro del círculo hasta su límite exterior; y 3) la circunferencia, el borde exterior del círculo, el que contiene el área del círculo en su interior.
La circunferencia es de (aproximadamente2) 6 veces la longitud del radio. Esto es cierto de todos los círculos, sin considerar su tamaño: cuanto mayor su radio, tanto mayor el área del círculo, y así será tanto mayor la circunferencia que encierra este área; pero la proporción seguirá siendo siempre la misma cada centímetro adicional (o metro, o kilómetro) de radio se traducirá en (ligeramente más de) 6 centímetros (o metros, o kilómetros) adicionales de circunferencia.

El punto geométrico no posee área; como tal, parecería a duras penas satisfacer los requerimientos necesarios para considerarlo un componente del espacio.

En verdad, sin embargo, lo cierto es todo lo contrario el punto es el componente más básico de todas las formas geométricas; cada línea es definida por los puntos que marcan su inicio, su fin, su centro, su confluencia con otras líneas, etc.; y cada área es definida por las líneas que lo enmarcan.
De hecho, es precisamente porque el punto no posee área propia que puede definir y cuantificar las áreas que se relacionan con él.
Esto es ejemplificado por el centro del círculo.
Un “mero” punto, el centro no ocupa nada del área del círculo; pero es él el que hace que el círculo sea un círculo. El radio se extiende de éste, el diámetro rota a su alrededor, la circunferencia es dibujada en relación con él; virtualmente cada aspecto y característica del círculo se deriva del punto en el que se centra.
Para comprender la semana - el ciclo que el Creador selló en la fibra misma del tiempo - debemos percibirla como un círculo.

La superficie exterior de este círculo (su “circunferencia”) son los seis días laborales, días que son lapsos de tiempo, extensiones de progresión y cambio. El centro del círculo es el Shabat.

El Shabat es un punto atemporal en el tiempo, una isla de quietud en un mar de flujo. Con todo, a pesar -de hecho, en razón-de su “atemporalidad”, el Shabat es el eje sobre el que gira el más básico de los ciclos del tiempo, la semana.

Pues Shabat es el día que corporiza el propósito y la meta final del tiempo, el objetivo de todo trabajo, desarrollo y cambio en nuestra inquieta existencia.

En Shabat, nuestros esfuerzos de los pasados seis días de trabajo se traducen en Un mundo más santo y Divino, un mundo llevado mucho más cerca de la armoniosa perfección con que Di-s imbuyó a la Creación y nos encomendó desarrollar.

Un día a la semana nos sumergimos más allá de la arremolinada superficie del tiempo para experimentar su sereno núcleo. Un día a la semana disfrutamos de un “saboreo del Mundo Venidero”, el paladeo de una era que es “totalmente Shabat y descanso, para vida eterna”, el perpetuo Shabat del Mashíaj hacia el que nos afanamos.

Y es este saboreo semanal de serena perfección lo que nos abastece de la visión y fortaleza necesarios para asir y transformar el mundo todavía imperfecto al que regresamos durante los seis días de trabajo de la semana venidera.
El Shabat, entonces, es tanto el foco como la fuente de los seis días del tiempo “convencional” que forma la superficie del ciclo semanal.

Es, así, la esencia misma del tiempo, precisamente porque está desprovisto del movimiento y flujo que caracteriza al tiempo, del mismo modo en que el área del círculo se deriva de, y es definido por, su punto central, precisamente a causa de la propia característica no-espacial del centro.

La proporción
En el círculo del tiempo, la distancia desde el centro hasta su contorno se multiplica séxtuplemente, resultando en una “circunferencia” que es seis veces su “radio”: seis días de trabajo resultan de la travesía desde el tranquilo centro de la semana a su arremolinada superficie.
Pues la vida es un asunto sexidimensional, reflejando los seis atributos Divinos (sefirot) que Di-s invistió en Su creación. Así, tenemos seis días de creación, con Shabat como su núcleo “atemporal”. Tenemos seis direcciones de espacio, y el centro sin área desde el que se extienden. Y tenemos los seis afectos básicos del corazón (atracción, rechazo, síntesis, competitividad, devoción y comunicatividad3), y el séptimo atributo, maljut (”receptividad”), el que, mientras “no posee cualidades propias”, es el impulsor y punto focal de todos ellos.
La totalidad de la existencia está comprendida por estos seis elementos básicos, coloreando cada empeño y experiencia con los seis matices básicos de la realidad.

Otra ley de la geometría del círculo es que cuanto mayor el radio, tanto mayor la circunferencia.

Lo mismo es cierto del círculo del tiempo. Cuanto más nos alejamos de su atemporal centro, tanto más “cuerpo” tiene el tiempo: cuanto más turbulento es, tanto más se las ve de figurillas con el “Shabat” de su núcleo.

Pero por más grande que sea el flujo de superficie de nuestra vida, está inexorablemente vinculado al sereno eje, derivándose de éste y tendiendo a él.
En última instancia, los períodos más tumultuosos de nuestra vida son generados por su propósito quintaesencial, y sirven a su armonioso fin.

Jt.Arg.

El Retorno, ¿de Judíos?.

 

¡12.000 judíos en 15 años! 

Ya emigran más judíos a Alemania que a Israel, dice un corresponsal de abece en Berlín. Son 250.000 los que tienen pasaporte alemán, previéndose que para la próxima década se llegue a los límites demográficos de los años 30. Esto, que en sí es una magnífica noticia, conlleva un mensaje paralelo: que todavía hay muchos judíos errantes y que la política para el retorno en Israel no funciona, está mal diseñada y está mal desarrollada. También es cierto que el nivel de vida en Europa está muy por encima del resto del mundo, incluyendo EEUU, y que los judíos europeos no se plantean ni por asomo correr una aventura en Israel. 

El retorno -¿de judíos?- apresurado y sin tino, ha corrido a cargo de rusos, indios y americanos. Me han comentado que hay hasta japoneses, pero no he podido leer en ningún sitio que haya producido el retorno de algún colectivo “bnei anusim”.  Sí se producen felices conversiones  entre los descendientes de conversos. Las aplaudo, me conmueven  y enorgullecen las de mis javerim: los envidio, pero no dejo de considerar que no veo por ninguna parte el retorno, salvo en su fuero interno; el reconocimiento de retornados, salvo el propio convencimiento en y para su íntima satisfacción. Imagino que el gentil convertido al judaísmo ha de sentir también una gozosa plenitud. 

Naturalmente que estas son disquisiciones que uno se hace mirándose el ombligo, pero son inevitables considerando las noticias que se reciben, tal como la comentada. Las hay peores, infinitamente peores, protagonizadas por “judíos”  que han retornado a Israel entre aplausos y alharacas, entre abrazos y lágrimas de cocodrilo, con sus hijos de la mano y un ejemplar del “Mein Kampf” en la maleta. Han sido acogidos y ungidos, coronados con ramas tiernas de laurel. No han necesitado conversión previa ni ellos ni sus hijos porque las autoridades civiles y religiosas de Israel los consideraban judíos plenos, aptos para un digno retorno,  henchidos de espiritualidad. 

Los cinco kilos de  explosivos, la pistola, el rifle de asalto M-18 y el uniforme  militar no los traían en las maletas, al parecer. 

Haim. 

 

Feliz 5768!

 

                   Shaná Tová Umetuká

La Vida.

La Vida 

El hombre es como la espuma del mar que flota sobre la superficie de las aguas. Desaparece cuando el viento sopla, cual si nunca hubiese existido. Así son sopladas nuestras vidas por la muerte.

 La realidad de la Vida es la propia Vida, cuyo comienzo no es el útero y cuyo fin no es la tumba. Porque los años que pasan no son más que un momento en la vida eterna y el mundo de materia y todo lo que hay en él, no pasan de ser un sueño en comparación con el despertar que nosotros llamamos miedo a la muerte .

Iaacov 

Parashat Nitzavím.

Parasta Nitzavím  

El día en que debía morir, Moshé reunió a todos los hombres, mujeres y niños de Israel para comprometerlos en un pacto con Di-s, según el cual no sólo los hijos de Israel presentes eran confirmados como el Pueblo Elegido, sino también todas sus generaciones futuras. 

Después que los judíos hubieran experimentado la bendición y la maldición de Di-s, y retornado a Su congregació n, el Todopoderoso los reuniría de la dispersión y los regresaría a

la Tierra Prometida. 

 

El Monje en el Minián.

DE MONJE BENEDICTINO A JUDIO ORTODOXO

 

El monje en el minián 

Justo Jorge Calderon, pasó de ser un monje benedictino a ser un judío ortodoxo. 

 

La insólita historia del monje benedictino que, tras una serie de descubrimientos personales, eligió convertirse al judaísmo y vivir en Israel. 

Si tan sólo el abad pudiera verlo hoy… Con enrulados peyot balanceándose por debajo de su mentón, y el largo tapado negro de su pequeña secta jasídica colgando de sus anchos hombros, Calderón, obviamente, ya no parece un monje Benedictino. Además, ahora se llama Aarón, y es padre orgulloso de tres niños pequeños.

 

La historia de Calderón es uno de esos cuentos más extraños que la ficción, que se vuelven intrigantes para quienes los escuchan. Afortunadamente, es una historia que a él le gusta contar. Empieza en una pequeña ciudad en las afueras de Buenos Aires, Argentina, donde Justo Jorge nació en una familia católica.

 

“Hoy soy un judío muy kosher”, dice el hombre de 36 años, sonriendo, “pero una vez fui un ‘goy’ muy kosher”.

Cuando tenía 12 años, cuenta, sus padres lo enviaron a una escuela privada religiosa, en busca de una educación que preferían a la pública. Al poco tiempo, estaba pasando horas extra estudiando con los monjes. A los 14, se unió al seminario pre-misionero.

 

“Yo era joven e idealista”, explica encogiéndose de hombros.

 

Después de la secundaria, con un fervor religioso cada vez mayor, Calderón fue en busca de las “ancestrales, originales enseñanzas” del Catolicismo. El monasterio Benedictino local le ofrecía la forma más antigua, “más pura” de vida cristiana en la zona. Basada en una orden de 1400 años de historia, y centrada en una gran “villa sagrada”, que se autoabastecía, la estancia en el monasterio implicaba pasar la mayor parte del día en silencio, reflexionando sobre lo Divino.

 

“La palabra ‘monasterio’ deriva del griego ‘monos’, que quiere decir uno, o solo. Los monjes buscábamos al Único cada uno por su lado”, explica Calderón.

 

Aunque los padres de Calderón no estaban demasiado contentos con el compromiso de su hijo con la vida monástica (es hijo único, y ellos esperaban ser abuelos), el joven se sentía en casa en el monasterio Benedictino. En casa, así fue, hasta que experimentó lo que el llama “mis dos sorpresas”. La primera le llegó en la biblioteca del monasterio. Era una de las mayores bibliotecas de la zona, por la que el monasterio era famoso, cuenta Calderón. De los miles de volúmenes que guardaba, un libro en particular le iba a cambiar la vida.

 

“Un día”, dice, “Me topé con una Hagadá, en español y en hebreo. El libro me atrajo, y lo leí de principio a fin, con asombro”. Al final del Seder, Calderón leyó la plegaria en la que se anhela celebrar Pesaj “el próximo año en Jerusalem- con Jerusalem reconstruída” y se quedó contemplando un dibujo del Tercer Templo.

 

Calderón se sentó en silencio- no su silencio contemplativo habitual, sino un silencio de estupefacción.

“El Cristianismo”, explica, “ve al Judaísmo como algo de un concepto arqueológico, no como algo que aún sigue vivo, relevante y floreciente… Al ver ese rezo al final de

la Hagadá, quedé shockeado pensando en que los judíos modernos alimentan esperanzas en el futuro de la religión.”

 

El descubrimiento sacudió a Calderón, pero todavía no estaba muy seguro de qué hacer con él. Poco tiempo después, experimentó su segunda “sorpresa”, que disparó su búsqueda espiritual en una dirección imprevista.

Le llegó en una de sus visitas semanales al abad del monasterio. Al entrar al estudio del abad, Calderón lo encontró absorto en una Torá en hebreo. (El abad, después supo Calderón, había estudiado en Jerusalem, y comparaba textos ancestrales). “Me fascinó el idioma”, recuerda. “Quería saber, ¿qué secretos encierran esas letras?”.

 

Para ese entonces, Calderón había pasado varios años en el monasterio y, aunque estaba bien allí, volvió a su casa para tomarse un descanso de uno o dos años. Una vez en su casa, comenzó a tomar clases en una universidad católica y a trabajar como enfermero para

la Cruz Roja. Pero sus “sorpresas”, lo siguieron alentando, y Calderón comenzó a buscar a algún judío que estuviera dispuesto a enseñarle hebreo.

 

En ese momento, la conversión no estaba en sus planes. “Solamente quería saber cómo rezaba Jesús”, dice.

Los viernes por la noche, Calderón comenzó a ir a los servicios de la sinagoga local (“la impresión que tuve fue que era como una iglesia protestante”) donde el rabino lo aceptó en las clases de hebreo. Además descubrió una congregación de judíos mesiánicos, y rezaba ahí también.

 

Así hubo un tiempo en que, recuerda Calderón, solía rezarle a Jesús durante un kabalat Shabat en el templo, o usaba kipá en la iglesia un domingo a la mañana. Para él, estos rezos interreligiosos no eran una contradicción.

“Parece extraño”, admite, “pero en ese momento, para mí tenía sentido”. Y explica su concepción de aquél momento “El Judaísmo no era algo externo al Cristianismo, sino parte de él, como un ancestro”.

 

Pronto, sin embargo, algo en los rezos de Shabat lo impactó, e hizo tambalear las bases de su fe. Era una parte del kidush del sábado a la mañana, específicamente, el pasaje del Éxodo que dice: “Y respetarán los hijos de Israel el Shabat durante todas sus generaciones, perpetuamente. Entre Mí y los hijos de Israel será señal eterna del pacto”

 

“Esa expresión me partió la mente”, dice Calderón, repitiendo las palabras “Señal eterna del pacto..”

 

“Eso significa”, dice, “que hay un lazo eterno, establecido por Di’s. Y, ya que Di’s no cambia, entonces ese lazo”- la señal observada por los judíos, marcando el sábado como Shabat- “todavía tiene efecto!” ¿Por qué- se preguntó a sí mismo-

la Iglesia movió el Shabat al domingo, si no era un día santificado por Di’s?

 

La pregunta fue más que un pequeño dilema para Calderón. Después de todo, si el domingo no era realmente el santo Shabat, y el pacto de Di’s con el pueblo judío no fue anulado por el Cristianismo, entonces quizás otros fundamentos de la religión católica tampoco eran cierto. Quizás, se permitió pensar, “¿No será que Jesús no era, en verdad, el hijo de Di’s?”

 

Calderón dejó de ir a la iglesia. “Todo en lo que creía se desvaneció”, dice.

 

Comenzó con las clases para la conversión en una sinagoga reformista. Cuando ese templo tuvo que cerrar por dificultades económicas, Calderón buscó a otros judíos y descubrió al rabino local de Jabad.

 

En vez de darle una calurosa bienvenida a un posible nuevo converso, el rabino, primero, intentó disuadirlo. “Me solía decir ‘¿Por qué querés ser judío’ Tenemos tantos preceptos, cuando los no-judíos sólo tienen que observar las leyes de Nóaj. Además, ya sos una buena persona para los ojos de Di’s’”.

 

Esto, sin embargo, sólo ayudó a incrementar el deseo de Calderón de convertirse. “Hasta ese momento, yo pensaba que el judaísmo era una religión basada en la ley y lo estricto, mientras que el cristianismo era una religión de amor. Pero, de golpe, me di cuenta de que era al revés”.

 

“Mirá”- comienza a explicar-“en el cristianismo, si no creés en Jesús, no podés ir al vielo. Pero en el judaísmo, hay un lugar en el cielo para todos, no tenés que ser judío.”

 

Después de un período de “ver cómo era”, Calderón supo que quería convertirse, y también que quería emigrar a Israel. Había un solo problema: el económico”.

“Un pasaje a Israel cuesta 1.200 dólares. Como enfermero, yo ganaba 200 dólares por mes. ¿Cómo iba a poder pagarlo?” dice. La situación no era muy alentadora.

 

Pero luego, algo pasó que entonaría en un cuento jasídico, del tipo de cuentos que circulan en el pequeño templo de Stropkover, en Jerusalem, donde hoy Calderón es gabai. Hubo una rifa en la ciudad de Calderón, donde el gran premio era una ambulancia. Decidió comprar un número. Justo antes de Rosh HaShaná, a Calderón le informaron que había ganado esa rifa. Vendió la ambulancia y, ya con el dinero para pagar el pasaje, voló a Israel.”

 

Al principio, Calderón, que comenzaba a llamarse Aarón, estudió en una yeshivá para potenciales conversos. Pero pocos meses después, esa yeshivá cerró. A comienzos de 1999, Calderón conoció al Rabbi Eliahu Birnbaum, y se unió a un ulpan para hispanoparlantes. Cerca del Rosh HaShaná de ese año, Calderón efectuó su brit milá. Antes de Sucot, entró a una mikve y finalizó su conversión.

 

De vuelta en su casa en Argentina, no había un clima muy festivo. Aunque la madre de Calderón estaba feliz de que, al haber abandonado el monasterio, su hijo le daría nietos, muchos miembros de la familia le cerraron las puertas de sus casas por ser judío.

 

“Pocos años antes, me haía dado cuenta de que el amor, el odio y los celos están separados por una línea muy delgada”, dice Calderón. “Yo elegí amar al pueblo judío. Más tarde, comencé a notar el odio que mucha gente de mi ciudad tenía hacia los judíos”.

 

 

De vuelta en Israel, Calderón conoció a una mujer judía que había emigrado desde Rusia con su familia, con la que se casó. En otra vuelta de la vida, la suegra de Calderón conoció a misioneros de

la Iglesia Ortodoxa Católica Rusa que estaban en Jerusalem, y se convirtió al Cristianismo.

“Las reuniones familiares”, dice Calderón riendo, “pueden resultar muy extrañas”.

 

Traducido y adaptado de The Jerusalem Post