Asociación Massada BneiAnusim

Sólo vuelve a la Eternidad quien en la Tierra busca la Eternidad.

Archive for Noviembre, 2007

Murmullos tras la puerta.

 

MURMULLOS TRAS LA PUERTA

 

Al final del pasillo una ventana abierta de par en par dejaba entrar un viento cálido que movía las cortinas con suavidad, haciéndole tomar formas caprichosas, inflándose como burbujas y dejándolo ir con un leve latigazo. Al otro lado, a la izquierda y enfrente de donde Marco permanecía expectante, recién terminado el primer tramo de escalera, una puerta oscura, de pintura agrietada y picaporte dorado,  dominaba el corredor. Más allá y en la penumbra se iniciaba un nuevo tramo de la escalera. De las paredes colgaban algunos cuadros acristalados con paisajes en blanco y negro. 

Hacía rato que Marco jugaba con su primo, escondiéndose y buscándolo  por toda la casa, incluido el patio y el lavadero, yendo de sorpresa en sorpresa, puesto que era la primera vez que lo  visitaba. En realidad, era la primera vez que los veía a todos, porque su padre nunca tuvo los suficientes cuartos para llevarle tan lejos de su ciudad, tan al sur. Sí había visto algunas fotografías, muchas deterioradas, de sus tíos, él hermano de su padre, pero no así del primo. Nunca les habló de ellos detenidamente, más que en escasas ocasiones, de forma sesgada y sin mucho entusiasmo. Su padre era de pocas palabras, pocos amigos y poco dinero. Vivían en pleno centro urbano de su ciudad, en un lateral del taller de carpintería de su padre, entre virutas y tableros.  

Su padre conservaba algunos libros de pastas de piel bruñida que leía a menudo a la luz triste y pálida de una lámpara sin adornos, mientras él, Marco, dormía o simulaba dormir. Luego guardaba los libros en el fondo de un cajón de madera gruesa, junto a serruchos, tenazas y otras herramientas. Vivían solos desde que su madre, joven y guapa, falleció de tisis. Apenas la recordaba. Desde entonces su padre era padre y madre. 

Ahora era verano, había terminado el colegio y su padre lo había acompañado hasta la casa de sus tíos, viajando durante horas en un autobús viejo y chato, que aún tenía los agujeros en la chapa que le habían hecho en la guerra. A partir de ahora vivirás con los tíos y con tu primo, le dijo poco antes de que el vehículo se detuviera. Yo me quedaré unos días, añadió. 

La tarde iba cayendo. El primo hacía rato que no se oía. Sin embargo le parecía escuchar ruido de sillas y carraspeos tras la puerta del pasillo. Cautelosamente se acercó y puso la oreja para oír. Era la voz de su tío, tan grave: 

“Baruj Atá Adonai  Eloheinu Melej Aholam  Asher kideshanu bemitzvoyav  Vetzivanu leadlik ner shel Shabat…” 

Cayendo, empujó la puerta. En la habitación, muy iluminada por unas velas, estaba su tío con un libro en la mano, mirándolo por encima de las gafas; su padre, también con un libro, meneaba la cabeza con reprobación; la tía Sara, junto a la puerta y su primo, al fondo de la estancia, que rompió a reír a carcajadas. La tía Sara, sonriendo, le preguntó: 

        -¿Dónde te habías metido? Anda, entra…     

                               Más tarde, mientras se preparaban para ir a la cama, su padre le informó que estaban en Shabat. 

Haim.

Resurrección.

 

Resurrección

 

Por Pedro Lew

 

Posadas (Misiones, Argentina) Diciembre 19 de 1947

 

Los pueblos del mundo han reconocido al viejo y antiguo pueblo de Israel, sus derechos históricos y jurídicos sobre parte del patrimonio de sus antepasados. Se cumple así el anhelo de 60 generaciones. Cerca de 2.000 años han pasado desde que el pueblo judío fue expulsado de su tierra natal. 1812 años han transcurrido desde el último grito de rebelión, lanzado por Bar-Kojba, contra la tiranía de Roma.

La pequeña Judea se lanzó, con fervor patriótico y afán de libertad, contra las huestes romanas. El Imperio más grande de antaño, tuvo que luchar fieramente para quebrar el espíritu de emancipación y de los hombres libres que abarcaba desde los montes del Hermón hasta el desierto del Sinaí, desde el Mar Mediterráneo hasta el Mar Muerto. Dura era la lucha, sangrientas las batallas; un pueblo pequeño quiso romper las cadenas de esclavitud, pero esta lucha era la última; quemados sus pueblos, muertos sus guerreros, arrasados sus templos, llevados al cautiverio sus mejores hijos e hijas, vendidos en los mercados de esclavos.

Lloraba el chacal en las desiertas praderas, el buitre ha hecho su nido en los jardines, el lagarto y la víbora se acomodaron en las ruinas, y el beduino del desierto ha hecho suya las casas y palacios destruidos.

Israel había caído, Judea quedó destrozada, el gran Templo en ruinas: “Jehová” se ocultaba llorando y Raquel se levantó de su tumba de Beit-Lejem, alzó sus manos de madre al cielo y preguntó: “Por qué! ¿Por qué esta mala suerte contra mis hijos valerosos?” y se oyó una voz que contestó: “Llegará el día, cuando los pueblos del mundo harán retornar a tus hijos a Eretz Israel: a la patria de Israel”.

Y este día ha llegado; ha llegado por fin el día de “Tjiat-Ametim”, ha llegado el día de la legendaria resurrección de los muertos.

1812 años el pueblo judío vagaba por el mundo, le era negado el derecho de ser hombres, el derecho de vivir fue encerrado en “Guettos”, fue tratado como paria, era el hazmerreír de los poderosos, era la presa de los turbios, fue expulsado de los países, masacrados en masa, toda la maldad y tiranía del mundo la sentía en su propia carne; era el barómetro de la política de cada potentado o gobierno. Pero esta nación nunca jamás ha olvidado a su tierra natal; generación a generación mantenía latente la esperanza y el anhelo de retornar al antiguo patrimonio, a la ciudad que el Rey David había construido.

Y tampoco perdieron la esperanza de que no siempre reinara la noche oscura sobre la tierra, que no sea eterna su vida de parias y extraños en el mundo, que recuperarán su dignidad y orgullo, que llegará la aurora para el mundo y para ellos. Toda esa esperanza invencible les ha mantenido unidos y fuertes para soportar las tempestades de tan largo destierro.

Israel se prepara para ocupar su puesto como nación libre e independiente dentro del concierto de los pueblos libres y democráticos del mundo.

En la cuna de la civilización del mundo, en la cuna del monoteísmo, en la patria de las tres religiones, se alzará la flamante bandera blanca y azul, con la estrella de David en el centro, para anunciar al mundo íntegro que el pueblo de la Biblia, que el pueblo de los diez mandamientos, que el pueblo del espíritu moral y del libro, ha resucitado; ha llegado el día del Mesías prometido.

Y se cumple la profecía de aquél profeta formidable, de aquél visionario revolucionario, del gran Ezequiel quien dice en el capítulo 37: “He visto huesos humanos, resecados sin carne y sin sangre, llenando el valle; y una voz me manda: Háblales, dales esperanza. Y con palabras humanas les infundí confianza y anhelos y, Oh milagro, se mueve el valle, se juntan los huesos, se cubren los músculos, se llenan sus esqueletos con carne y sus venas con sangre; y una masa formidable se levanta llena de espíritu”. Esta profecía de aquél profeta está cumpliéndose en nuestros días: de la ceniza de Maidanek, de los campos de concentración de Buchenwald, Osmienchim, y millares de otros campamentos, los esqueletos humanos, sobrevivientes de la masacre hitleriana (donde fueron asesinados 6 millones de seres judíos) se levantan con un nuevo vigor y empuje, para ayudar a reconstruir la tierra prometida.

El deber aquí, el deber de los judíos en los países de la diáspora es convertirse en la retaguardia de las avanzadas hebreas en Palestina, para fortalecer sus brazos y sus espíritus, en la magna obra que se avecina, ofrecerles la ayuda material y moral, para que no se queden solos en la gran reconstrucción de un pueblo que ha resucitado.

No es obra de un partido solo, es deber y obra de todos los judíos sin distinción de colores o partidos, todos son judíos y como tales tendrán que contestar, como un solo hombre, al llamado de los hermanos en esta hora histórica y trascendental de su pueblo. Benditos sean aquellos que sabrán ponerse a la altura de los acontecimientos, benditos aquellos que pondrán el interés y bienestar colectivo por encima de las mezquinas vanidades personales y benditos sean los dirigentes judíos que sabrán interpretar el mandamiento de la hora, de fortalecer el espíritu de unidad judía, mancomunados para un solo fin: la reconstrucción de Eretz Israel para el pueblo de Israel.

Parashat Vaieshev.

 

El hijo favorito de Iaacov era Iosef. Le hizo confeccionar una túnica de lana de muchos colores como signo de distinción y señorío. Esto despertó los celos de los hermanos de Iosef al punto que llegaron a odiarlo y a no poder siquiera hablarle en tono amable.


 

         Iosef tuvo dos sueños con el mismo mensaje obvio. El odio de sus hermanos se intensificó cuando conocieron el contenido de esos sueños. En el primero, los manojos de espigas de sus hermanos se inclinaban ante el suyo, que estaba en medio de ellos. En el segundo, el sol, la luna y once estrellas (representando el resto de la familia de Iosef) se inclinaban ante él. La deducción era que todos los miembros de la familia se subordinarían a él. Iaacov le reprochó haber despertado la enemistad de sus hermanos aunque él personalmente confiaba en que los sueños se harían realidad.
Cuando los hermanos de Iosef estaban vigilando los rebaños de su padre en Shejem, Iaacov lo envió a observar cómo iban las cosas.
Al verlo acercarse, los hermanos decidieron que ésa era su oportunidad de complotar para matarlo, arrojar su cuerpo a un pozo y luego encubrir su acto diciendo que había sido devorado por una bestia salvaje.
Reuven sabía que eso era un crimen. Quería salvar a Iosef pero comprendió que los demás hermanos no entenderían sus palabras. No obstante, logró convencerlos de que no lo mataran sino que lo arrojaran vivo en un pozo cercano. “Que no sean vuestras manos las que lo hieran directamente” arguyó Reuven. El se proponía regresar secretamente, más tarde, después de que sus hermanos se hubieran ido, para salvar a Iosef. Cuando éste llegó, sus hermanos lo despojaron de su túnica y lo arrojaron vivo al foso, como había sugerido Reuven.
En ese momento advirtieron que se acercaba una caravana de ishmaelitas que transportaban especias a Egipto, y a Iehudá se le ocurrió la idea de vender a Iosef como esclavo en lugar de causar directamente su muerte. Los demás hermanos aceptaron este nuevo plan y vendieron al joven a los viajeros ishmaelitas por veinte (piezas) de plata.
Reuven, que estaba lejos cuando esto ocurría, regresó al lugar y para su gran pesar no halló rastro alguno de Iosef. Los hermanos empaparon su prenda en sangre de cabra (que es parecida a la del ser humano) y la llevaron a Iaacov, quien se convenció de que Iosef había sido devorado por una bestia salvaje y lloró su pérdida por mucho tiempo.
Entretanto, Iosef había sido vendido y vuelto a vender muchas veces. Los ishmaelitas lo vendieron a comerciantes midianitas, y éstos a Potifar, un funcionario del Faraón, en Egipto.
Iehudá se había casado con la hija de Shúa un comerciante, y tuvieron tres hijos. El primero se casó con una mujer llamada Tamar, pero murió poco después del casamiento. El segundo hijo se casó entonces con ella, pues era costumbre que el hermano sobreviviente del esposo fallecido se casara con la viuda sin hijos (ibúm). Pero este segundo esposo también murió poco después. Iehudá temía que su tercer hijo muriera también si desposaba a Tamar, de modo que le pidió a ésta que aguardara en la casa de su padre hasta que su hijo menor tuviera edad para casarse con ella. Iehudá estaba sólo postergando el asunto, pues no tenía la intención de hacer que el matrimonio tuviera lugar alguna vez. Enterada a través de una profecía de que los reyes de Israel descenderían de Iehudá, Tamar se disfrazó y lo engañó para poder concebir un hijo suyo. Cuando su gravidez fue descubierta, UIehudá sin saber que era su propio hijo el que Tamar llevaba en su vientre la condenó a ser quemada. Pero su nuera pudo probar que el padre del niño que iba a nacer era el propio Iehudá. Cuando ella era llevada a la hoguera, le envió bienes personales, diciendo: “Estoy encinta por el poseedor de estos objetos”. Iehudá comprendió enseguida y reconoció que era su hijo. Admitió que ella tenía razón, pues él no le había permitido que se casara con su hijo menor, y le perdonó la vida.

Hashem protegía a Iosef y éste tuvo éxito en todo lo que emprendió. Al darse cuenta de esto, Potifar lo designó intendente de su casa. La esposa de Potifar trató de seducir a Iosef, pero él rechazaba sus diarios asedios. Finalmente, ella se sintió ofendida y reaccionó maliciosamente, acusándolo de molestarla, y logró que Iosef fuera enviado a prisión.
Incluso en la cárcel Hashem estuvo con Iosef, y éste encontró gracia en los ojos del guardián, quien lo puso a cargo de todos los prisioneros. Todo lo que ocurría en la prisión era controlado por Iosef.
Mientras permaneció allí se puso en contacto con dos funcionarios reales, el copero y el panadero. Ambos habían ofendido al Faraón y estaban en prisión aguardando la sentencia. Una noche, cada uno de ellos tuvo un sueño, que reveló a Iosef, y la interpretación que hizo éste fue que el copero sería perdonado, pero que el panadero sería ejecutado.
Todo ocurrió tal como Iosef había predicho. Pidió, entonces, al copero que intercediera ante el Faraón en su favor, pero el funcionario olvidó el pedido tan pronto como fue liberado de la prisión.

La hipocresia no tiene enmienda.

 

 

LA HIPOCRESÍA NO TIENE ENMIENDA 

He sabido que en el mundo musulmán el machismo no tiene paciencia. Al macho musulmán le han hecho creer que allá arriba le esperan setenta huríes, y algunos, que aquí abajo no deben encontrar satisfacción a las inquietudes propias de la bragueta y alentados por imanes y otros clérigos,  aceleran el proceso haciéndose reventar por un cinturón de explosivos junto a un colegio, en un autobús o en algún restaurante. Otros, más listos, hacen lo que en occidente se dice ir de putas. Vamos, que cogen el monedero y se quitan la chilaba. 

Entre estos últimos se encuentran multitud de mandos y altos jerifaltes del futuro Estado Palestino, que aparecen en los videos hallados por los elementos de Hamás cuando, a raíz de los últimos enfrentamientos, invadieron  los edificios de Gaza propiedad o administrados por la gente de Al Fatath. Al parecer, estos videos de alto contenido sexual y grabados con cámara oculta, muestran escabrosas escenas de relaciones carnales protagonizadas por esta elite islamista y unos partenaires, ignorándose si varones o hembras. Este tesoro fílmico se encontraba guardado en cajas fuertes junto a diverso material no especificado e iba a ser utilizado sin demora por las huestes de Hamás para mundial conocimiento, cuando, ¡sorpresa!, entre los lascivos actores descalzonados del Gobierno, alguien creyó reconocer a varios mandamás de Hamás y algún que otro imán en actitud beatífica. Marcha atrás, guarden eso, dijo el jefe de la patrulla, pensando seguramente en darle futuras utilidades domésticas al material. Los escenarios eran diversos, pero el hecho unívoco: infidelidad a la “nikah”, tanto divina como humana. 

Las Brigadas de Azzdin al Kassm, cuyos miembros son los encargados de revisar las cintas, están seguros de que fueron tomadas con inequívoca intención de chantajear, pero, se preguntan, si entre los adúlteros hay tanto de un bando como de otro, enemigos al fin,  ¿quién es el autor o quiénes los autores? La pregunta queda de momento sin respuesta, pero se están produciendo  las primeras reacciones, ya que ha surgido una verdadera fiebre entre la tropa terrorista por convertirse en “papparazzi”. No está mal, si cambian los kalashnicov por las nikon, los cohetes por cámaras sony. 

Haim.

 

El Miope.

 

La persona de corazón y pensamiento limitados, tiende a amar aquello que es limitado en la vida. El miope nada puede ver a su frente excepto un palmo del camino que transita, ni más de un palmo de la pared en que descansa su hombro.

Iaacov

Parashat Vaishlaj.

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En el viaje de regreso a su hogar, temiendo por la seguridad de su familia, Iaacov envió mensajeros a su hermano con una propuesta conciliatoria, pero ellos volvieron con la noticia de que Esav se estaba aproximando con cuatrocientos hombres armados.


 

Iaacov temía ahora que Esav tratara de llevar a cabo su intención de matarlo. Preparándose para lo peor, dividió a la gente y sus bienes en dos campamentos. De esta forma, si un campamento era atacado, la gente del otro tendía oportunidad de escapar. laacov eligió ese momento de gran temor para rogarle a Hashem que lo salvara de las manos de su hermano.
También envió a Esav una cantidad de valiosos regalos, confiando en apaciguarlo.
Iaacov llevó a sus esposas e hijos y los ayudó a cruzar el vado de Iabok. Luego supervisó el paso de todas sus pertenencias.
Cuando se disponía a cruzar apareció un individuo que comenzó a luchar con él, y ambos estuvieron forcejeando basta la madrugada. Este individuo, que según explican nuestros sabios era, efectivamente, el ángel que representa a Esav y sus descendientes en el cielo, no pudo vencer a Iaacov, pero consiguió herirlo en un muslo. Iaacov logró sujetarlo y rehusó liberarlo hasta que no recibiera de él una bendición. Su deseo le fue concedido: el ángel lo bendijo y le aseguró que de allí en adelante sería conocido por el nombre de Israel.
Iaacov cojeaba al alejarse del lugar en que había tenido lugar la lucha. Es por esta razón que hasta hoy en día no comemos el guidh anashé (tendón del muslo) de ningún animal.
Cuando Iaacov vio a Esav aproximarse junto con sus seguidores, ubicó a cada hijo cerca de su respectiva madre.
Primero fueron Bilba, Zilpa y sus hijos.
Luego, Lea y sus niños, y finalmente, Rajel y Iosef. El propio Iaacov se acercó a Esav al frente de su familia, inclinándose siete veces durante el camino. Fue entonces cuando ocurrió un milagro.
Esav, al contemplar toda la escena y ver a Iaacov inclinándose, se sintió muy conmovido, corrió hacia su hermano y lo besó. Los dos comenzaron a llorar. La promesa de Di-s sobre la seguridad durante el viaje de regreso se había cumplido.
Iaacov se separó del hermano y llegó a Shejem. Alli compró tierras, alzó su tienda y construyó un altar en agradecimiento a Di-s.
El príncipe de Shejem secuestró a Dina y la obligó a vivir con él. Ninguno en Shejem protestó por esta conducta inhumana. Shimón y Leví fueron a la ciudad. Rescataron a su hermana y luego castigaron al culpable, a todos los cómplices y a los que habiendo podido ayudar a Dina, no lo hicieron.
Por mandato de Di-s, Iaacov regresó a Bet-EI, donde construyó un nuevo altar como expresión de gratitud al Señor, Quien se le apareció y le renovó Su promesa de darle la tierra a él y a sus descendientes.
Iaacov vertió luego vino y aceite sobre el altar que había erigido en su viaje a la casa de Lavan (ver parshat Vaieitze).
Cuando la familia hubo abandonado Bet-EI y estuvo cerca de Bet Lejem, murió Rajel al dar a luz a Biniamin. Fue sepultada allí y Iaacov erigió un monumento sobre su tumba. Finalmente, Iaacov llegó a Jevrón, donde se reunió con su padre.
Itzjak murió a la edad de ciento ochenta años y fue sepultado por sus hijos Esav y Iaacov.
Esav se había convertido en un hombre muy rico y no había suficiente tierra en Canaán para sus rebaños y los de Iaacov. En consecuencia, Esav se reasentó con su familia en el monte Seir, en Edom, una tierra que sus descendientes habitaron por muchos años.

Me pido ser Guer.

 

ME PIDO SER GUER 

He oído que la duda, la discusión, la reflexión o cuestionarse las verdades son actitudes que el judaísmo valora muy positivamente. Me agrada que sea cierto, porque dudas las tengo todas, la discusión sobre temas trascendentes es mi ejercicio diario, reflexionando me dan las claras del día y desnudo cuantos axiomas me presentan; por lo tanto, me apunto un diez. También me han dicho que Abraham tuvo ese mismo talante a lo largo de su larga vida y decidió hacer caso a D¨s a los noventa y nueve años. ¡Ya dudó, ya discutió y reflexionó! Pero dejó de cuestionarse las verdades en un segundo, en una milésima de segundo; cuando D¨s, que no mide el tiempo, quiso.  Yo, que quisiera imitar al padre Abraham, siempre dejo el hueco de un segundo libre de cada minuto de mi vida, por si acaso D¨S considera rozar uno de mis ralos y canosos cabellos. Por si acaso también, procuro tener siempre mi alma puesta de limpio, como si todos los días fuesen vísperas de Shabat. Me consta que los conversos, retornados o no, son muy estimados. Así lo creo desde que supe que Abraham les abrió las puertas. D¨s le dio larga al bendito para que en sus noventa y nueve años cupiésemos todos los rezagados, todos los huérfanos, todos los náufragos, todos los retornantes. 

Cuando llegue su momento me han de preguntar, dicen, el motivo por el que querría convertirme al judaísmo. Esa pregunta sería la de más difícil respuesta, la más comprometida de mi vida, ya que de alguna manera no me considero fuera del judaísmo. Entiendo que, más que a la conversión, tendría que ir un retorno condicionado a un periodo de estudio y conocimiento. De todas maneras, tengo claro por qué querría retornar o convertirme al judaísmo. Lo tengo claro porque sé de mi indignidad, de mi escasez de méritos para aspirar pertenecer al Pueblo de D¨s. No he hecho nada para merecer tal privilegio, porque aunque dice un midrash que las almas de todos los judíos estaban en el monte Sinaí cuando Moisés recibió la Torá, yo no he estado en los momentos de aflicción, de opresión y sufrimientos.  Por ese motivo quiero estar en la mejor disposición para cuando el D¨s de Abraham estime oportuno y abra mi entendimiento. Al igual que los pajarillos, busco un nido donde cobijarme, donde beber de la Fuente, donde adecuar mi interior, porque estoy seguro que sin comunidad no se puede ser judío. Haim.

 

Retruécanos sobre la Shoá.

 

RETRUÉCANOS SOBRE LA SHOÁ 

Desde hace unos años existe una palpable y generalizada intención de disolver como un azucarillo el anti judaísmo,  practicado por la amorfa izquierda española, en la sopa de la xenofobia y el racismo, difundida y practicada por la derecha hispana. En la confusión vuelven a conectar la parte más casposa de sus idearios. El anti judaísmo, como bien sabemos, es un mal rancio que se inoculó en la sociedad española y practicaron asidua y activamente los clérigos cristianos durante siglos y que ya en épocas contemporáneas tomaron para sí regímenes totalitarios como el nazismo y el comunismo estalinista; hoy lo manejan en su praxis estos aprendices de aquellos brujos, estos ambidextros que aprenden de oída. La xenofobia o el racismo, tal como se practican hoy, son más el miedo al competidor, al merodeador al acecho o posible ladrón o secuestrador, que rechazo a la diferencia cultural o étnica.  

El Tribunal Constitucional, por flagrante torpeza de la Audiencia de Barcelona al elevar una cuestión previa de constitucionalidad referida a la apología de los delitos de genocidio dentro del recurso interpuesto por un editor y librero nazi español,  acusado de difundir panfletos y libros de su ideología negadores de la Shoá y condenado por apología del genocidio, provocación a la discriminación, al odio y a la violencia racistas, orilla referirse concretamente al Holocausto, sacando de contexto la parte del ordenamiento que sanciona explícitamente el delito de su negación. 

Todo este rifirrafe ha tenido escaso eco en los medios del país; todo lo más algunos y proclamando el resbaladizo derecho de los negacionistas a negar la Shoá en base a la libertad de expresión. Todo ello, tanto los gritos como los cómplices silencios, no son más que un capítulo del grueso libro del anti judaísmo. De unos y otros empezamos a estar hartos los judíos, porque el negacionismo no es un exabrupto, ni una moda, ni tampoco es, como decía un articulista, una corriente de riberas imprecisas: es el epílogo de una obra que empezó a escribirse hace muchos años. 

Haim.

 

Parashat Vaietze.

 

En su viaje desde Beer Sheva hasta Jarán, Iaacov llegó hasta el monte de Moriá y durmió allí toda la noche. En una visión en el sueño observó ángeles que ascendían y descendían por una escalera apoyada sobre la tierra, cuya parte superior llegaba hasta el cielo…


 

         Hashem apareció entonces ante Iaacov y le prometió que la tierra sobre la que estaba descansando le sería entregada a él y a sus descendientes, y que él retornaría a su hogar bajo Su protección. Al despertar, Iaacov ungió con aceite y consagró la piedra que había colocado bajo su cabeza como un altar a Di-s Prometió que cuando regresara al hogar de su padre ofrecería al Señor un décimo de todas las posesiones que Él le otorgara y que regresaría a rezarle en el altar recientemente consagrado.
Iaacov llegó a un pozo de agua en un campo situado en los umbrales de Jarán. Observó que tres rebaños de ovejas y sus pastores se habían concentrado alrededor del pozo y estaban sentados, ociosos. Iaacov se acercó a ellos y les preguntó. “¿De dónde son ustedes?”
“Somos de Jarán” fue la respuesta.
“¿Conocen a Lavan, el hijo de Najor?”, continuó Iaacov.
“Lo conocemos. Y allí está Rajel, su hija, viniendo con las ovejas” señaló uno de los pastores.
“El día es largo aún; no es momento de reunir a las ovejas. ¿Por qué no les dan ustedes agua y las llevan a pastorear al campo?”, preguntó Taacov.
“No podemos, hasta que no se reúnan los rebaños y todos los pastores juntos hagamos rodar la piedra de encima del pozo. Recién entonces podremos darles agua a las ovejas” explicaron los pastores.
Mientras estaban conversando, Rajel se acercó con las ovejas de su padre. Cuando Iaacov la vio se acercó al pozo, hizo rodar la pesada piedra con una sola mano y dio de beber a las ovejas de Lavan.
Entonces dio a conocer a Rajel su relación familiar. Ella fue presurosa a avisarle al padre la llegada del visitante. Laván dio la bienvenida a Iaacov, quien estuvo de acuerdo en trabajar para él como pastor durante siete años, para poder casarse con Rajel, de quien se había enamorado. Laván consintió, pero después que los siete años hubieron transcurrido, engañó a Iaacov sustituyendo a Rajel por Lea bajo el palio nupcial. Su excusa por esta engañosa maniobra fue que Lea era mayor y, en consecuencia, debía casarse primero. Iaacov no tuvo alternativa y aceptó la situación. Poco después se casó también con Rajel, pero bajo la condición de que trabajara otros siete años para Laván.
Hashem vio que Lea no era tan bien querida como Rajel. Por lo tanto hizo que aquella tuviera hijos, en tanto que Rajel permanecía estéril. Dio a luz a los primeros cuatro hijos de Iaacov: Reuven, Shimón, Levi y Iehuda’.. Rajel, al no tener hijos, siguió el ejemplo de la abuela de Iaacov, Sará, y le ofreció a su esposo a su sirvienta Bilha como esposa. Bilha le dio a Iaacov dos hijos; Dan y Naftalí.
Lea observó que había dejado de tener hijos y también le dio a Iaacov su sirvienta Zilpa como esposa. Zilpa concibió a Gad y Asher. La propia Lea dio a luz a dos hijos más, Isajar y Zevulún. También fue madre de una hija llamada Dina. Luego Hashem recordó a Rajel, escuchó sus plegarias y dispuso que engendrara un hijo, al que llamó Iosef
Con la ayuda de Hashem, Iaacov se convirtió en un hombre muy rico. Al advertir los celos de los hijos de Laván y la actitud fría de éste, decidió que era tiempo de abandonar el lugar.
En ausencia de Lavan, Iaacov tomó a sus esposas, sus hijos y sus rebaños y emprendió viaje rumbo a su hogar.
Antes de salir, Rajel sin que Iaacov lo supiera robó los ídolos del padre. Ella suponía que dé esta forma evitaría que practicara la idolatría. Tres días más tarde Laván fue informado de la partida de Iaacov, salió a perseguirlo y lo alcanzó en las montañas de Guilad.
Di-s se apareció ante Laván en la noche, durante un sueño, y le advirtió que no hablara con Iaacov ni bien ni mal Laván echó en cara a su yerno el haber partido tan precipitadamente y lo acusó de robar los ídolos. laacov negó el robo pues ignoraba que Rajel era culpable, y declaró que cualquiera que hubiera robado los ídolos moriría. Laván comenzó una búsqueda metódica entre todas las pertenencias de Iaacov, pero Rajel los había escondido bien y la búsqueda de Laván resultó infructuosa. Entonces, Iaacov y Laván se separaron después de cerrar un acuerdo de paz, y Iaacov y su comitiva continuaron su camino.
En su viaje el patriarca encontró ángeles de Hashem en un lugar al que denominó Majanaim (grupos).
En esta Parsha se menciona el nacimiento de las doce tribus. Ellos son:
Reuven, Shimón, Leví, Iehudá, Isajar, Zevulún, Dan, Naftalí, Gad, Asher y Iosef. El nacimiento de Biniamin es mencionado en la Parshat Vaishlaj

Otro polvorín.

 

 

OTRO POLVORÍN 

Para dentro de unos días, a finales de este mes de noviembre o a principios de diciembre, de cualquier modo para antes de final de año,  está prevista la conferencia que definirá el estatus de Kosovo. Esta conferencia pondrá fin al periodo de negociaciones que mantienen Belgrado y Pristina, Serbia y Kosovo. Dadas las posiciones que se mantienen, tanto por las dos partes directamente implicadas, como por los miembros del llamado Grupo de Contacto (Italia, Alemania, EEUU, Gran Bretaña, Rusia y Francia), todo parece indicar que el fracaso está servido, porque si el informe que deberá rendirse a la ONU es favorable a la independencia de Kosovo, Rusia se opondrá en el Consejo de Seguridad. Los mismos pasos, las mismas escaramuzas políticas previas al ataque aéreo del siglo pasado. 

Tanto si la solución es de un signo como si es de otro, la realidad es que se está desarrollando una pugna entre EE UU y Rusia para colocar o no en pleno corazón de Europa un Estado musulmán; Rusia, a la par que apoya las razones religiosas de su aliada Serbia insiste en su afán de cortar cuantos hilos de contacto mantenga el gigante yanqui con sus apoyos europeos, y EEUU deshilachando lo que queda de la malla de influencia rusa en el antiguo imperio soviético. Cada contendiente con sus propios intereses, ajenos a la opinión de los 733.000.000 de europeos, creando las condiciones necesarias para convertir Europa en un campo de batalla. Porque no podemos dejar de entrever que, sin el apoyo de Rusia, el Kosovo independiente no será miembro de la ONU, pero sí reconocido por los americanos y, muy importante, por todos o la mayoría de estados musulmanes, ninguno democrático. Se convertirá “ipso facto” en un campo de maniobras ideológicas del Islam en Europa, fuera del control de la ONU. Poco faltará para que Chipre salte a la palestra gritando: ¡Fuego! ¡Fuego! 

Haim.

 

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